Vivir la Navidad en serio

  •    Diciembre 19 de 2017
  •    José Leonardo Rincón, S.J.

El P. José Leonardo Rincón, S.J. con admiración ve cómo las fiestas de Navidad comienzan cada vez más temprano. Y explica que hay que recuperar el sentido genuino de la Navidad y hacer abstracción del vulgar negocio a la que ha sido sometida. “La Navidad es la celebración del Dios con nosotros que se encarna para hacerse uno de nosotros, no un carnaval de negocios lucrativos de unos pocos a costa de seguir excluyendo a los más pobres.”


Con admiración veo cómo las fiestas de Navidad comienzan cada vez más temprano. En los tiempos de mi infancia, y no estoy hablando propiamente del precámbrico, Navidad comenzaba el 16 de diciembre: para ese día había que tener listo el árbol y el pesebre porque comenzaba la novena de aguinaldos con sus adornos respectivos, luces de colores por todas partes, la expectativa de la respuesta a la carta y los regalos que traería el Niño Dios, comidas y dulces y, qué barbaridad!: hasta pólvora con totes, luces de bengala, volcanes y cohetes!

Poco tiempo después las festividades se adelantaron al 8 de diciembre, más exactamente, la víspera, con la noche de las velitas, faroles y globos y una quemazón de llantas por toda la ciudad que dejaba una humareda contaminante que hoy nadie sensato propiciaría.

Luego, se decidió adelantarla al día primero del mes con las típicas melodías populares: “llegó diciembre, mes de alegría, mes de parranda y animación” y la de la cadena radial que todavía suena: “de Año Nuevo y Navidad, Caracol por sus oyentes, formula votos fervientes de paz y prosperidad”

Se ve que la cosa gustó y fue funcionando para los comerciantes porque se dio el olímpico salto al 31 de octubre y como no pegaba con el día de las brujas, entonces se rebautizó con el día de los niños, y ahí sí podía unirse con la navidad. Sorprendía un poco la cosa pero uno mismo racionalizaba afirmando: bueno, mañana es noviembre y el tiempo se pasa volando, así que no hay que esperar a diciembre y hay que ir comprando con tiempo los regalos pues ahora es más barato y sin tantas congestiones.

La cosa no quedó ahí. Ya vamos en septiembre y la navidad se ha conectado con el día del amor y la amistad, un motivo que lo es también navideño. Basta echarse una pasadita por la calle 53 en Bogotá y por cuanto centro comercial y almacenes de cadena existan: en todos ya está dispuesta la sección de artículos navideños.

Al paso que vamos, tengo la teoría de que antes de morirme, todo el año será navidad. Próximamente se adelantará al 7 de agosto para celebrar la navidad con la independencia, luego al 20 de julio pues es justo celebrar la libertad, más adelante con la fiesta del padre en junio y San José será el pretexto, posteriormente en Mayo con el día de la madre y todos estaremos de acuerdo que la Santísima Virgen se lo merece. Podría después conectarse con la pascua de resurrección y así tendríamos una sola gran pascua. Después con Semana Santa y para entonces hablaremos del Año Santo y, por último, para cerrar el feliz ciclo, con la fiesta de Reyes. Todo el año será Navidad! ¿Cómo les parece?

Que todo el año sea navidad no suena mal si es verdad, como dicen los mensajes que circulan por este tiempo, que navidad son todos los días cuando sonríes, haces el bien, compartes con el que no tiene, eres solidario, perdonas de corazón, etc. El problema sería si dejamos banalizar las celebraciones, reduciéndolas a jornadas meramente consumistas. Navidad alborota en muchos el frenesí de las compras, los gastos y los lujos, los gusticos que no se dan todos los días, la buena comida y la necesidad de estrenar vestidos. No es que eso sea malo, lo preocupante es dejarse atrapar por esa frenética actitud que deja enormes deudas y nunca acaba de estar satisfecha.

Hay que recuperar el sentido genuino de la Navidad y hacer abstracción del vulgar negocio a la que ha sido sometida. La Navidad es la celebración del Dios con nosotros que se encarna para hacerse uno de nosotros, no un carnaval de negocios lucrativos de unos pocos a costa de seguir excluyendo a los más pobres. La Navidad es encuentro familiar para orar juntos y fortalecer los lazos de amor y de unidad, no son actos protocolarios y rutinarios donde se reza de manera insípida una novena y se tararean destempladamente gozos y villancicos sin ponerle mística y ganas. Navidad es celebrar la auténtica paz que nos trajo el Niño de Belén, no unas bacanales orgiásticas descomedidas que siempre terminan en tragedia.

Cuando hablo de celebrar la navidad en serio, no estoy invitando a fruncir ceños y a adoptar actitudes adustas y psicorígidas, sino a darle el verdadero sentido que tiene. Porque Navidad es paz y sin embargo añoramos el plomo que le echaban a los bandidos. La Navidad es amor y sin embargo los odios y los rencores nos carcomen, la envidia y los celos nos corroen. La Navidad es fraternidad, pero hay que ver la fragmentación tan grande por motivos religiosos. La Navidad es justicia, pero por doquier la inequidad es rampante. La Navidad es austeridad, pero estamos en la sociedad del derroche y del descarte. La Navidad es vida, sin embargo las muertes violentas se aumentan. La Navidad es alegría, pero millones lloran la desgracia de no poderla celebrar de esa manera.

A eso me refiero cuando hablo de celebrar la Navidad en serio.