Mi historia como joven ignaciano

Hola, mucho gusto. Mi nombre es Juan Diego, soy huellista dorado de Bucaramanga, Santander, y esta ha sido mi experiencia como joven ignaciano.


Como por providencia de Dios

Decidí colocar por nombre a este escrito “Como por providencia de Dios”, porque así siento que fue mi llegada a la vida de joven ignaciano. Hace ya casi dos años, recién graduado del colegio San Pedro Claver (colegio de la Compañía en Bucaramanga); estaba ante la compleja decisión de qué hacer con mi vida, la carrera que iba a escoger y dónde iba a estudiar. En mí, estaba el profundo deseo de irme, de explorar nuevos horizontes. Quería estudiar en otra ciudad, quería más libertad, quería conocer personas de culturas diferentes y de otras regiones. Por mi mente no estaba la idea de quedarme en Bucaramanga y hasta veía con ojos un poco despreciativos, he de decir, las opciones de estudio que tenía en mi ciudad. Yo quería irme a Bogotá.

Afortunadamente para mí, Dios tenía otros planes, y fue que después de probar de varias maneras, de analizar los escenarios, de frustrarme y resignarme un poco a mi destino, me quedé, y entré a estudiar (un semestre más tarde) a la Universidad Industrial de Santander, a la UIS, que para ese momento yo veía como mi última opción. Haberme quedado me permitió acoger, algo reacio al principio, la invitación de Daniel Vargas S.J., a pertenecer al grupo juvenil de la parroquia del Sagrado Corazón de Jesús, la parroquia que queda al lado del colegio, mi parroquia de toda la vida. De los cinco o seis Claverianos que fuimos ese primer día, el único que permaneció en el grupo fui yo, algo que hoy en día agradezco enormemente.

Desde ahí solo tengo recuerdos gratificantes. No puedo decir que todo ha sido color de rosa y que no hemos tenido nuestros encontrones, pero hoy afirmo con toda seguridad, que amo a mi comunidad. En Huellas (propuesta de la Red Juvenil Ignaciana en la que estoy más vinculado), y concretamente en mi comunidad, he encontrado a personas maravillosas, cada una tan distinta de la otra, que hasta parece un milagro que todos podamos congeniar y tener el vínculo que nos tenemos. Siento que admiro a cada miembro de mi comunidad, que tiene algo para enseñarme, que puedo aprender de él y que también puedo enseñarle.

Agradezco la gran oportunidad que se me dio, de compartir un espacio donde puedo crecer en la espiritualidad, en el liderazgo, en mis relaciones con el otro, en el servicio, en superar mis miedos y sanar heridas, en donde puedo expresarme y ser yo con libertad, donde puedo sentir todo ese cariño fraterno de mis compañeros y puedo brindarles el mío a ellos. Ahora, cuando veo en retrospectiva, no quisiera estar en otro lugar. Me siento justo donde debo estar porque Dios condujo mi camino para encontrar esta propuesta maravillosa, que me inspira, que me motiva y que complementa mi vida.

Por eso, a Dios por guiarme a vivir esto, a la Compañía por inventarse esta propuesta, a Daniel Vargas S.J. por invitarme y por tantos aprendizajes como acompañante, y a mis compañeros por todo lo que hemos vivido y por su incondicionalidad, de nuevo, muchas gracias. Invito a todos los jóvenes que lean esto, a que se vinculen porque vale la pena.