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¡Qué vida más dura debieron vivir estos seres humanos!

  •   Domingo Febrero 11 de 2018
  •   Aporte ecológico a la Homilía del Domingo
  •    Alejandro Londoño Posada, S.J.
  •    Ordinario

Tanto el evangelio como la primera lectura nos hablan de los leprosos. Eran personas excluidas de la comunidad y rechazadas por ella. Qué vida más dura debieron vivir estos seres humanos!


Hoy el número de los leprosos ha disminuido y existen hospitales donde se les atiende con cariño, como sería el caso de en Colombia. En cambio, el número de excluidos de la comunidad ha ido avanzando de un manera escandalosa. Basta pasearse por las calles del sur de Bogotá y de otras ciudades. La cantidad de personas que duermen en las calles es aterrador.

La encíclica LAUDATO SI, nos hace pensar no sólo en los futuros niños, sino en todas las personas pobres. Lo hace retomando las predicciones catastróficas que “ya no pueden ser miradas con desprecio e ironía. A las próximas generaciones podríamos dejarle demasiados escombros, desiertos y suciedad (L.S., nr. 161).

En el siguiente número de la encíclica el Papa Francisco da la causa de lo anterior: La dificultad para tomar en serio este desafío tiene que ver con el deterioro ético y cultural que acompaña el deterioro ecológico” (nr. 162).

Y continúa el Papa mostrando cómo el egoísmo individualista actual es la razón de muchos problemas sociales y ecológicos, que recaen de un modo triste sobre los pobres y marginados.

Por fortuna hay reacciones valiosas. Para poner un ejemplo. Al llamamiento del Papa a un Sínodo sobre el Amazonas, el mismo presidente del REPAM (Red Eclesial Panamazónica), ha tomado parte activa, invitando a los obispos de la región a buscar soluciones y defender este pulmón del mundo para bien de toda la humanidad, de toda la Casa Común.

Para esto propone trabajar en compañía y buscar “el reconocimiento de nuestros pueblos interlocutores que, con sus sabiduría ancestral, su diversidad cultural, hacen posible el cuidado de la casa común”. Se refiere a las comunidades indígenas que sí se preocupan por cuidar los ecosistemas del Amazonas.

También está el caso, que apareció en El Tiempo y El Espectador de un grupo de 25 jóvenes de 17 regiones del país que pusieron una tutela al gobierno exigiendo que frenaran la tala de bosques y deforestación del Amazonas.