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Reinado de Dios como siega

  •   Domingo Junio 17 de 2018
  •   Apuntes del Evangelio
  •    Luis Javier Palacio Palacio, S.J.
  •    Ordinario

Las parábolas son lo suficientemente amplias para que el oyente las limite con sus intuiciones. No son propiamente para ser explicadas pues no son acertijos. Tampoco imágenes camufladas de la realidad de manera que tengamos que buscar una equivalencia punto a punto en ellas.


"Ordinariamente tienen un solo punto de contacto adornado con detalles. La parábola inicial de hoy podría tener varios puntos: quien arroja la semilla, la semilla misma que tiene su misterio al germinar, la cosecha, la siega. Quizás cada lector u oyente de la parábola se identifique con alguno de tales puntos y se mueva a arrojar semillas de evangelio, a hacerlas germinar, a contemplar la cosecha o a segarla.

Difícil determinar un punto único de contacto como está narrada en Marcos. Me fijo en la siega porque a veces parece la más olvidada en la evangelización a pesar de que Jesús pide a sus discípulos orar para que muchos obreros sean enviados a la mies abundante. Históricamente la evangelización se ha entendido más como siembra, con el inconveniente de que no se ha valorado la mies ya presente en los pueblos y las culturas.

Como en la agroindustria es más fácil suponer que todo lo que hay en el terreno es maleza, que debe arrasarse para la nueva semilla uniforme, de monocultivo, dominadora. Así, se desconocieron muchas culturas y pueblos, especialmente en Latinoamérica, para implantar junto con el cristianismo la cultura europea. Lo existente en pueblos y religiones indígenas se juzgó idolatría, atraso, salvajismo, ignorancia, brujería, incultura y lo que llegaba se tenía por cultura, avance, civilización, fe verdadera, progreso, salvación. En realidad el cristianismo no procedió así con otras culturas cuando era menos fuerte o poderoso frente a ellas. Así integró elementos griegos, latinos, celtas, góticos .

Algunos Padres de la Iglesia, como Justino e Ireneo, hablaban de las semillas del Verbo, sembradas mucho antes de que llegara el mensaje cristiano. El Verbo que se encarna en Jesús ya pre-existía y operaba en la humanidad. El mártir Justino afirmaba que muchos antes de Cristo, como Sócrates, Heráclito, Abrahán vivieron según el Verbo (logos) encarnado.

En nuestra mentalidad lineal de la historia resulta inaceptable hablar de cristianos antes de Cristo. El teólogo Karl Rahner habla de “cristianos anónimos” después de Cristo. Tertuliano llegó a decir que toda alma humana era esencialmente cristiana. Las “semillas del Verbo” de Justino son similares a los “signos de los tiempos” del Vaticano II; algo que está latente en la historia y que la Iglesia debe leer como palabra de Dios, especialmente en boca de los pobres y los marginados. El Espíritu ha sido derramado “sobre toda carne” y actúa también fuera de la Iglesia.

En Pablo es Cristo cabeza (fuente y fin) de todo el universo. Por esto no es de extrañar que la primitiva Iglesia se presentó ante el mundo griego no como su contradicción sino con quien podía realizar su integración (meter la hoz para segar). De alguna manera el cristianismo fue platónico con los platónicos, estoico con los estoicos y, más tarde, aristotélico con los aristotélicos y luego le fue difícil abrirse a nuevos retos; no logró hacerse indio con los indios, chino con los chinos, japonés con los japoneses, indígena con los indígenas, judío con los judíos, moderno con la modernidad.

Los tres grandes intentos de los ritos chinos, malabares y las reducciones del Paraguay se vieron frustrados. Hoy, la conciencia de la necesidad de la inculturación, indigenización o hermenéutica del evangelio es universal; la comunión de iglesias locales es la iglesia que expresa universalidad . En las guerras de religión el fanatismo parecía la mayor virtud y la tolerancia el crimen más abominable . La noción de reinado de Dios es la que nos permite pensar en grande y no en los estrechos márgenes de un credo. Donde hay bien crece el reinado de Dios. Jesús es optimista frente a predicaciones como la del Bautista. En éste, la conversión era necesaria para evitar el juicio; en Jesús la conversión es necesaria para que llegue o porque ya llegó el reinado de Dios. El Padre, que hace salir el sol para justos y pecadores, llover para buenos y malos, trabaja y sigue trabajando, por lo cual el campo ya está listo para la siega del reinado, no del fuego. En las imágenes de las parábolas Jesús manda a sembrar pero también a cosechar, allí donde las cosecha ya verdea.

La parábola de hoy es exclusiva de de Marcos; Lucas se centra en la parábola del sembrador y las sentencias vinculadas; Mateo trae en este lugar la parábola de la cizaña entre el trigo. En las tres parábolas que trae Marcos en este capítulo 4, el acento va desplazándose de la sementera (parábola del sembrador), al período intermedio (la semilla que crece) y al tiempo final (el grano de mostaza). Los tres aspectos están presentes en cada una de ellas, pues siembra, maduración y cosecha son partes del mismo proceso. Para los conocimientos de la época, la tierra lleva fruto por sí sola y el mismo campesino ignora lo que sucede. Los oyentes deben saber que las fuerzas de Dios siguen operando, aunque ocultas y desarrollándose de una forma callada. No es por mucho inquietarse que se consigue la cosecha. Lógicamente hoy los conocimientos botánicos nos impiden pensar así. El reinado de Dios cuenta con todos pero no confiados a sus propias fuerzas. Los zelotes, esperando implementarlo por la fuerza, por el contrario lo retrasaron.

El grano de mostaza destaca el valor de lo pequeño y como el reino es para los pequeños, construido con base en los pequeños y permanece en lo pequeño. El éxito mundano de lo grande, en todos los campos pero hoy especialmente económico, parece una defensa del poder de la ciencia y la técnica pero ha arruinado el planeta y ha creado una sociedad que mutila el ser humano en función de la producción. Supone que mientras más riqueza haya mejor se ajusta la sociedad y el fracaso ha sido rotundo como lo denuncia la encíclica Laudato si´ (sobre la casa común). Lo pequeño no solamente es hermoso sino más adecuado para el reinado de Dios. Por otro lado la parábola de la levadura refuerza el sentido de la acción silenciosa. Es quizás en único lugar en donde la levadura tiene un sentido positivo de crecimiento del reinado de Dios. Para el judaísmo la levadura tiene en general un sentido negativo, igual al que tiene cuando Jesús les pide a sus discípulos cuidarse de la levadura de los fariseos y de Herodes. El reinado de Dios crece de manera silenciosa, sin aspavientos, de manera que muchas veces no lo identificamos o hasta lo creemos inexistente. Los pueblos recolectores quizás tenían un ojo más limpio para ver siega donde nosotros, más ambiciosos, no vemos sino abrojos y maleza. Una mera expansión triunfal de la Iglesia puede ocultar el reinado de Dios."