Cinep: Cuestión de vida o muerte

"La elección del próximo presidente de la república de Colombia es la preocupación nacional. Alguien la ha llamado histórica por el sesgo peculiar que ha revestido esta campaña en la que ha predominado el juego sucio sobre la discusión y debate de los programas. Esa suciedad del juego deja entrever la polarización del país, circunstancia que convierte la elección en una cuestión de vida o muerte."


"También se ha descrito la votación como una opción entre paz y guerra. Y esta es otra razón por la que se puede caracterizar también como una opción entre vida o muerte. Al fin y al cabo, la opción pacificadora no es otra cosa que el anhelo de construir un país vivible, donde los conflictos normales entre los seres humanos se resuelvan de manera humana, o sea, mediante la palabra y la negociación. La opción guerrerista, en cambio, es el exacerbamiento de ese apetito carnicero que ha desfigurado las relaciones sociales en Colombia durante el último medio siglo y, al mismo tiempo, ha configurado la honda polarización promovida por algunos de nuestros propios dirigentes incapaces y por grupos desorientados de ciudadanos que creen o creyeron que las armas resuelven los problemas humanos.

Por eso no cabe la menor duda de que la verdadera opción es entre vida o muerte. En efecto, los guerreros colombianos, cada cual por sus buenos motivos, no han logrado nada distinto de apilar cadáveres, sin que esa sangre y esas vidas hayan sido nada distinto de semillas de odio. Un odio que se pasea por todos los rincones del campo y de la ciudad y que nos acostumbramos a llamar INSEGURIDAD. Es mucho más que la ausencia de protección porque no es una ausencia sino la presencia del miedo, justificado por las cifras de la que denominamos la criminalidad común. Porque tampoco es una criminalidad común. Por el contrario es una criminalidad refinada, cruel, vengativa que revela rencores ancestrales que a duras penas se explican cuando se mira la exclusión y el abandono al que se han sometido sectores muy amplios de la población del país. Esos rencores sociales, empollados durante decenios, han estallado en esa proliferación del homicidio cuya raíz no es otra cosa que el odio. Y el odio está orientado a la muerte, a la eliminación del odiado. Desde luego que el odio anida en los nidos de la injusticia. Pero una vez criado, tiene alas propias y se convierte en adicción. No hay tal cultura de la violencia, es la cultura de la injusticia cuyo fruto maduro es el odio que se consolida en homicidio. En MUERTE.

La opción por la paz, en cambio, es también opción por la vida, ya que la vida crece en el nido de la paz. Y el otro nombre de la paz es la justicia. La justicia es el respeto que nos lleva a dar a cada ser humano lo que le corresponde por su dignidad como persona. El respeto por el que han clamado en todo el territorio los campesinos, los transportadores, los estudiantes, los indígenas, con un clamor que no ha sido escuchado durante muchos años.

Optar por la vida supone tener la capacidad de escuchar ese clamor desoído de la población y hacer lo que esté de nuestra parte para satisfacerlo en la medida de lo posible. Y para escuchar ese clamor no solamente necesitamos abrir nuestros oídos sino abrir nuestros corazones por la compasión para lograr entender lo que ese clamor significa. Si no tenemos la capacidad de colocarnos en el lugar del otro, cuando este clama por sus derechos, rechazaremos esos derechos, negaremos esos títulos de la dignidad personal, sin caer en la cuenta de que esa negación es una actitud suicida, porque estamos provocando la reacción ajena en contra nuestra: esos excluidos y vulnerados nos tratarán, en cuanto puedan, como nosotros los hemos tratado a ellos. Por eso optar por la paz es recordar que la regla de oro de cualquier sociedad es tratar a los demás como yo quiero que me traten a mí. En ese respeto consiste la paz y en esa paz consiste la convivencia que favorece el crecimiento personal de todos los ciudadanos de cualquier país. Al consolidarse la justicia, se afirman de manera definitiva los derechos humanos. Se consolida así el país en paz. EN VIDA.

No es por tanto indiferente cómo votemos este 25 de mayo. Es cuestión de vida o muerte, entendida no como una cuestión banal, sino como la opción histórica de un país rico en recursos antrópicos y naturales que escoge entre la convivencia amable y el suicidio."