La tarea nuestra es ayudarle y cooperar en lo que podamos a dicha Comisión de la Verdad, y sobre todo, ayudarle a Colombia a construir esa verdad, “nuestra verdad” empezando por escucharnos mejor entre nosotros, en las obras, en la Provincia, en las comunidades. Y en ese “nosotros”, podríamos y deberíamos dar mayor presencia y cabida con su voz y su palabra a las víctimas, sin re-victimizarlas claro está.

 

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Colombia: a dar el paso por la Verdad, por nuestra Verdad

Artículo de Luis Javier Sarralde, S.J., en la edición de Jesuitas Colombia / noticia / noviembre - diciembre de 2017

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"Colombia: a dar el paso por la Verdad, por nuestra Verdad "

  •    Diciembre 15 de 2017
  •    Luis Javier Serralde, S.J.
  •    Curia Provincial

"Se ha integrado la Comisión de la Verdad que además, en hora buena, estará presidida por nuestro Pacho De Roux, S.J. En su columna del jueves 16 noviembre/2017 en el diario EL TIEMPO Pacho afirma que, junto con el desafío del documento final para ser presentado en tres años, otro gran desafío de dicha Comisión es «el encuentro en las regiones con las víctimas de todos los lados en un proceso de acogida, reconocimiento y esclarecimiento de lo ocurrido, con el propósito de generar una comprensión colectiva de lo que nos pasó y avanzar hacia la reconciliación»."


"En esa misma columna, afirma Pacho que la Comisión tiene por objetivo la verdad humana, no la jurídica. Esto coincide con lo dicho por Alfredo Molano, otro integrante de tal organismo, quien sostiene en una entrevista que «la verdad histórica no es una verdad judicial. Es una verdad elaborada con testimonios plurales e iluminada por principios éticos”, ya que “la gente siempre quiere contar su historia, lo importante es estar dispuestos a oírla. Sólo entonces se volverá una verdad tangible y sólida» (1).

De lo anterior se desprende sin lugar a dudas, que este servicio complejo que la Comisión hará para construir la verdad de lo que pasó en Colombia, de “lo que nos pasó a todos” en estas cinco o seis décadas mal contadas de conflicto armado, es una oportunidad que difícilmente se presenta en la historia de una sociedad, con el fin de asumir de frente y con valentía la “memoria” de nuestra tragedia violenta, memoria que se silenció o por miedo, o por bloqueo consciente o inconsciente para no recordar episodios dolorosos, o que intencionadamente en muchos casos se intentó borrar por los diversos actores de hechos violentos. Aunque duela asumir esa verdad, el ejercicio de la Comisión implica evitar enterrar dicha verdad entre las toneladas de mentiras acumuladas a la par de las décadas del conflicto violento. Y ese trabajo de la Comisión es un paso sanador como el de quien debe oxigenar y limpiar una herida para que cicatrice y sane.

De cuanto han declarado los integrantes de la recién nombrada Comisión ya citados, emerge que para ese trabajo la Comisión debe contar en primera línea con el concurso de las víctimas de nuestra tragedia violenta. La primera fuente de información de lo que nos pasó la aportan precisamente la víctimas; después, se tiene la información de otras fuentes como la academia, organismos estatales, ONGs, etc. Nosotros, como parte de la sociedad civil hemos de procurar, hasta donde sea posible, en las obras y en las Regiones de la Provincia acompañar a las víctimas para que con gran delicadeza sean visibilizadas y aporten a esa verdad. Nuestro trabajo en las Regiones ha de tener muy presentes a las víctimas. Esto no es poca cosa; es un signo claro de nuestra entrega y seguimiento a Jesús de Nazaret, el Justo, el Inocente y quien sin embargo, fue crucificado por los poderosos de su tiempo. En efecto, en Jesús y desde Jesús primero entre las víctimas, todas las víctimas recuperan dignidad, y fortalecen su humanidad; para quienes creemos en Jesús, desde Él se opera la transformación pascual que cambia el odio y la muerte, en amor y vida.

Por ello, escuchemos más a las víctimas, tengámoslas más en cuenta. Con todo respeto por los estudiosos de nuestro conflicto armado (politólogos, sociólogos, historiadores, juristas, doctores en derechos humanos, en paz y en resolución de conflictos, hasta “violentólogos”) que son necesarios tanto cuanto para entender e interpretar nuestra realidad colombiana, no podemos dejar de escuchar atentamente la autorizada palabra de las víctimas. Sus testimonios, su narrativa histórica de lo que pasó, hacen de las víctimas verdaderos maestros de vida, creíbles pedagogos de lo que es la resiliencia, y por qué no en algunos casos no pocos por fortuna, actores y constructores experimentados de puentes de reconciliación. Un preclaro ejemplo de víctimas de la violencia, cuya voz se vuelve la mejor cátedra de pedagogía de paz y de reconciliación y hasta de teología del perdón, es Pastora Mira García a quien vimos en Villavicencio ante el Papa Francisco en el Gran Encuentro de Oración por la Reconciliación Nacional (8 Septiembre 2017). A ella, nuestra violencia le arrebató a su papá, a su esposo, y a dos de sus cinco hijos; y sin embargo, Pastora cuidó en su casa del asesino de su padre, y del torturador de uno de sus hijos.

En una entrevista, Pastora señalaba con toda razón que «hace rato que en Colombia el tener y el poder se tragaron el ser. En mi caso, si bien es cierto que logré la verdad de mi hija, esa verdad ratificó su muerte. Pero la verdad no es absoluta; es tu verdad, mi verdad, nuestra verdad: la verdad de los que quedamos con ese vacío inmenso, la verdad del campesino que tuvo que dejar sus tierras y solo él sabía su significativo valor. Tenemos que hablar de verdades, la verdad es muy amplia. Debemos construir esa verdad grande de Colombia y empezar a darle realmente el valor a la esencia de la vida, y ponernos de acuerdo para construir entre todos escenarios de diálogo que nos permitan valorarla» (2).

En este orden de ideas y por lo que se vislumbra de su gigantesco trabajo, la tarea nuestra es ayudarle y cooperar en lo que podamos a dicha Comisión de la Verdad, y sobre todo, ayudarle a Colombia a construir esa verdad, “nuestra verdad” empezando por escucharnos mejor entre nosotros, en las obras, en la Provincia, en las comunidades. Y en ese “nosotros”, podríamos y deberíamos dar mayor presencia y cabida con su voz y su palabra a las víctimas, sin re-victimizarlas claro está. Concretando aún más esto, y aunque no estamos en ceros, vale la pena preguntarnos en las Regiones, en las obras, en las comunidades: ¿qué tanto hemos escuchado o invitado a las víctimas para que nos enseñen la verdad, su verdad en escenarios de formación para la reconciliación?, ¿o qué tanto les hemos consultado en las tomas de decisiones de proyectos que interesan a ellas?, ¿qué tanto las hemos sentado a la mesa para planear con ellas?


1. Entrevista a Alfredo Molano, diario EL ESPECTADOR, domingo 12 de Noviembre de 2017

2. Entrevista a Pastora Mira, La venganza no nos devuelve a nuestros seres queridos, Revista VIDA NUEVA, N° 178, Octubre 15 a 28 de 2017"