Estamos convencidos que sólo la fuerza de un espíritu que se aviva con la alegría del compartir, con la aventura de la gratuidad y con el brillo de la esperanza, fue capaz de sortearlo todo.

 

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Peregrinaje Ignaciano 2018: lo mío es tuyo y lo tuyo de todos

En el cuarto y último módulo de formación para las Obras Apostólicas de la Región Valle del Cauca - Pacífico, los participantes se dieron cita en el Colegio San Juan Berchmans. Nos compartieron sus experiencias, hallazgos y retos para seguir trabajando en red.

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Peregrinaje Ignaciano 2018: lo mío es tuyo y lo tuyo de todos

En el cuarto y último módulo de formación para las Obras Apostólicas de la Región Valle del Cauca - Pacífico, los participantes se dieron cita en el Colegio San Juan Berchmans. Nos compartieron sus experiencias, hallazgos y retos para seguir trabajando en red.


Nadie lo dijo con estas palabras, pero sí lo hicieron con gestos y abrazos cuando, al final de la Eucaristía, cada obra de nuestra Región Vallecaucana le entregó a otra obra hermana, con emocionado acento, los símbolos de su Institución… pero empecemos por el principio.

Era nuestro cuarto y último módulo, ya finalizando el año; las agendas llenas y los brazos cansados, en contra de toda expectativa, llegaron todos los que esperábamos y aún más. De los que empezamos el Peregrinaje este año, sólo se retiraron aquellos que por algún motivo dejaron de caminar con nosotros para emprender otros proyectos. Con una gran fidelidad, más del 80% de los graduados de esta cohorte 2018 del Peregrinaje participaron en todos los módulos y actividades. Nos anima pensar que no fueron nuestros discursos, ni las magníficas viandas, ni las finas atenciones en los sitios de reunión, ni nada material o inducido lo que mantuvo el entusiasmo. Estamos convencidos que sólo la fuerza de un espíritu que se aviva con la alegría del compartir, con la aventura de la gratuidad y con el brillo de la esperanza, fue capaz de sortearlo todo.

El Colegio Berchmans nos acogió en este último encuentro, con despliegue de todos sus encantos, incluido un maravilloso pendón que da cuenta del proceso vivido cada año en nuestro Peregrinaje Ignaciano. Como correspondía a este módulo, nos enfocamos en el tema de la misión institucional, buscando sentirnos cada vez más como una sola fuerza en la diversidad de haceres, viñas y compañeros. En un espacio de silencio y reflexión nos propusimos conectar la pasión y el proyecto personal con las aspiraciones de cada obra en la región; luego buscamos poner en diálogo esos nuevos impulsos del espíritu con las tres prioridades apostólicas de la Región: Espiritualidad Ignaciana, sostenibilidad y Trabajo con migrantes; y finalmente, con el fin de aterrizar los sueños, nos sentamos a diseñar propuestas apostólicas que con la suficiente modestia y proporción, nos pudieran vincular entre obras y nos permitieran sentir con la Región.

Al final de la jornada, en la capilla de Nuestra Señora, erigida en el corazón del Colegio, una eucaristía decorada con variedad de símbolos, intensidad en los afectos, grandes deseos apostólicos, y un inesperado reguetón de fondo, nos ayudó a cerrar con broche de lujo la experiencia. En la foto final, las sonrisas con sus respectivos diplomas de egresados dibujaron una escena más del gran regalo espiritual de este Peregrinaje 2018. Valieron la pena los madrugones y sus aparatosos viajes para los que venían de lejos, valió la pena el sufrimiento por dejar solos los angelitos del preescolar, valió la pena dejar a los auditores internos, a los jefes hiperactivos, y a los irrevocables compromisos de la agenda, valió la pena dejarlos en espera un ratico; porque parafraseando Ignacio: ¡De qué le sirve a uno recargarse de un mundo trabajo, si no es para recargar este mundo de sentido…!