Pienso que si en el camino encontramos esclarecimientos suficientemente fuertes y la oportunidad de decirlos de manera que permitan avanzar a pasos ulteriores, seguramente los vamos a presentar ante el público.

 

 

 

Comisión de la Verdad va a nueve regiones para esclarecer el conflicto

Entrevista el presidente de la Comisión, Francisco de Roux, S.J., sobre el inicio oficial de labores de esta entidad. Publicado en El Tiempo.


Después de seis meses de alistamiento, la tarea de la Comisión de Esclarecimiento de la Verdad (CEV) arranca oficialmente este miércoles, día a partir del cual se le cuentan los tres años que tiene para entregar el informe final sobre lo ocurrido en medio del conflicto.

Esa entidad, de carácter público y extrajudicial, forma parte del andamiaje de la justicia transicional pactado en el acuerdo de paz con las Farc. Por lo pronto funciona con 140 personas y un presupuesto de 81.481 millones de pesos, que representan un 60 por ciento de los recursos solicitados inicialmente.

Sus 11 comisionados se repartirán en nueve regiones y dos áreas temáticas (exilio y grupos étnicos) para cumplir con su mandato de explicar a los colombianos lo sucedido en 50 años de conflicto. Hará su tarea a partir de encuentros con todos los sectores y actores posibles, y todavía estudia cómo abordar casos puntuales, como el atentado al club El Nogal de Bogotá, en el 2003.

Así se repartieron los comisionados: Ángela Salazar, el Pacífico; Saúl Franco, el Nororiente; Alfredo Molano, la Orinoquia y la Amazonia; Marta Ruiz, el Caribe e Insular; Alejandra Miller, la región Surandina; Carlos Ospina, la región Centroandina; Lucía González, el Magdalena Medio, y Alejandro Valencia, Antioquia y el Eje Cafetero.

Los dos comisionados que tratarán dos temas extraterritoriales son Carlos Beristain, quien se encargará del asunto del exilio, y Patricia Tobón, quien abordará el tema de los territorios étnicos.

El padre jesuita Francisco de Roux, presidente de la Comisión de la Verdad, y quien se ocupará de Bogotá, habló con EL TIEMPO sobre lo que verán los colombianos de esa entidad en los próximos años. Quiere invitar a un diálogo franco que nos haga "compadecer de nosotros mismos" a través de la comprensión de lo sucedido del conflicto. "En el doble sentido. Compasión visceral ante el dolor de la tragedia de millones de víctimas ciudadanos de Colombia y parte de nosotros. Y pasión por construir este país de otra manera, para acogernos a todos y todas en nuestras diferencias", dice.

¿Cómo van a trabajar en las nueve regiones?

La Comisión de la Verdad ha puesto en marcha casas de la verdad en nueve macrorregiones del país con el propósito de llegar a la Colombia profunda.

Al mismo tiempo la Comisión ha establecido un trabajo directo con los pueblos étnicos, ya no en un espacio físico sino en distintos del país, y también con organizaciones de colombianos en el exilio, en Europa, en Suramérica, Estados Unidos y Canadá. De 600.000 a 700.000 colombianos se exiliaron o salieron del país por causa del conflicto.

Y se realizarán encuentros, no audiencias por la connotación jurídica que estas tienen. Nosotros somos un ente extrajudicial.

¿Por qué cada comisionado se va a apropiar de una región?

Los 11 comisionados son los orientadores del proceso y cada uno de nosotros tenemos responsabilidad sobre la totalidad del trabajo de la Comisión. Efectivamente nos hemos repartido las regiones, para facilitar las cosas nos hemos asignado coordinaciones, sin embargo, los operadores en cada una de las regiones no son los comisionados.

Ocurre lo mismo en los cuatro objetivos bien diseñados que tenemos: el esclarecimiento, el reconocimiento de las víctimas y las responsabilidades, la convivencia en los territorios y la no repetición.

Por otra parte, la Comisión tiene estrategias de comunicación, pedagogía y participación, que tiene sus jefes operativos. Lo mismo en el enfoque de género, étnico y psicosocial para cuidar a las víctimas y el enfoque cultural.

¿Y en qué consistirán los encuentros?

Nosotros nos centramos en la verdad histórica y la verdad humana. Estos encuentros serán encuentros en los que víctimas y victimarios dialoguen para establecer el reconocimiento de lo que pasó y de la dignidad de las víctimas, el reconocimiento de responsabilidades, y para encontrar reconciliación y reparación. Serán ampliamente distintos. Unos, públicos; otros, absolutamente privados. Habrá otros con sectores.

Es un trabajo de diálogo permanente…

Sí porque todos pueden aportar a la verdad. Para poner un ejemplo, que es único hasta el momento en todas las comisiones de la verdad que ha habido, hemos estado en proceso de consulta con los pueblos indígenas, afros y rom, para poder tener la garantía de que ellos entran en la profundidad de su historia, que viene mucho antes de la aparición del conflicto, para que nos ayuden a entender esos 50 años en los que se concentra nuestra historia de esclarecimiento.

¿Cómo llegaron a la conclusión de que esa metodología es la mejor forma para llegar a la verdad del conflicto?

No se hubiera podido hacer si previamente el Centro Nacional de Memoria Histórica, la Unidad de Víctimas, la Unidad de Tierras, las universidades, organizaciones de derechos humanos no hubieran estado también recopilando datos. La metodología es el resultado de todos estos meses de preparación y conversación con todo el mundo. Con el Ejército, universidades, líderes sindicales, afros, indígenas, trabajadores de la cultura, con las víctimas en los territorios.

La luz del mandato que tenemos nos llevó a lanzar unos pasos metodológicos a la opinión pública para recibir las críticas, las sugerencias, aportes, y estamos todavía en esa tarea, terminando de afinar nuestro trabajo gracias a las contribuciones.

¿Qué pueden esperar los colombianos de la Comisión de la Verdad?

Trabajaremos por pasar de la memoria, tan cuidadosamente trabajada por el Centro Nacional de Memoria Histórica, a la verdad que busca explicar por qué ocurrió el conflicto y por qué se prolongó y por qué, de otras maneras, continúa. Esa explicación no es posible sin escuchar las distintas versiones, y contrastar e invitar a un diálogo abierto y serio.

La verdad de la nación, y la verdad de la tragedia de una nación, es siempre una búsqueda. No esperen de la Comisión una verdad final. Mucho menos, una verdad institucional. Eso no existe. Queremos invitar a los colombianos a que, teniendo presente el dolor y la indignación de las víctimas de todos los lados, miremos sin miedo y con determinación lo que tenemos que aclararnos mutuamente para que la barbarie se detenga y no vuelva a ocurrir.

¿Qué debe tener y cómo se imagina el informe final?

Es cierto que tenemos que terminar a los tres años con un documento, pero lo que más nos importa es hacer surgir de la conciencia de Colombia que la verdad es un bien público y una responsabilidad de todos los ciudadanos, y que ha llegado el momento de que la afrontemos sin miedo.

Pienso que si en el camino encontramos esclarecimientos suficientemente fuertes y la oportunidad de decirlos de manera que permitan avanzar a pasos ulteriores, seguramente los vamos a presentar ante el público.

Pero, personalmente, me imagino un documento no muy largo que no sea una colección de libros, sino que vaya muy a fondo hacia las cosas básicas que necesitamos para la transformación del país. No sería solamente un documento. Esperaría hacer documentales, hacer mensajes en las distintas lenguas que tenemos en Colombia, para llegar a los pueblos indígenas.

¿Confía en sacar adelante ese objetivo, no solo por las críticas que han recibido, sino por el presupuesto reducido en 40 por ciento respecto a lo esperado?

Efectivamente el presupuesto que planteamos para hacer bien la tarea luego de semanas de discusión nos fue reducido en un 40 por ciento. Lo que hemos hecho es ajustarnos dentro de esa restricción para maximizar logros de verdad y respuesta a las víctimas, y también en confiar en que la cooperación internacional nos va a ayudar para ir más allá a los límites que tenemos en el presupuesto nacional.

La comunidad internacional ha sido muy seria con nosotros en estos meses de preparación. Hemos funcionado exclusivamente con apoyo internacional, con un fondo único de países donantes en la que está también la Unión Europea y Naciones Unidas. Pero también hemos tenido ayuda de USAID, el Reino Unido, Japón y solidaridad política de países latinoamericanos.

¿Qué no deben esperar los colombianos de esta comisión de la verdad, cuál es ese imaginario que se debe romper cuando se piensa en el resultado de esta Comisión derivada del acuerdo?

No deben esperar juicios de tipo penal, sentencias o condenas sobre personas porque nosotros somos una entidad extrajudicial, por eso tenemos al lado a la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) que nos asegura que no va a ver impunidad.

Deben esperar de nosotros el esfuerzo de búsqueda serio y de resultados en esa búsqueda que apunta hacia una verdad histórica y humana de lo que pasó en el conflicto.

¿Cómo resume esta etapa de alistamiento de seis meses?

La Conformación de un equipo y el entendimiento de las expectativas del país sobre nosotros y de la articulación de nosotros con ese país.

¿Qué siente al enfrentar el reto de encontrar un relato esclarecedor?

Siento una responsabilidad que me desborda.

Seguro del equipo que hemos construido. Solo es posible si avanzamos con total libertad, abiertos a recibir las críticas que ayudan a la clarificación, convencidos de que no es la verdad de la Comisión sino la verdad de los colombianos, deber y derecho de todos.