Tenemos que decir que la mayoría de los casos fueron hombres que se aprovechan de niños y jóvenes varones. Pero esto no significa que todos los sacerdotes gays, o incluso la mayoría, sean abusadores. Es un argumento falso.

 

 

 

James Martin, S.J.: "Hay cientos, miles de sacerdotes homosexuales que llevan vidas santas"

  •    Diciembre 11 de 2018
  •    Religión Digital

"Tenemos que ser claros: es falso decir que los sacerdotes homosexuales no pueden vivir el celibato". Entrevista al jesuita a propósito de su libro "Tender un puente" sobre una nueva relación entre la Iglesia Católica y la comunidad LGBTI.


El jesuita James Martin acaba de publicar en España su libro "Tender un puente" (GC Loyola). Una invitación a la Iglesia a tratar a las personas LGBT "no como leprosos", como ha venido haciendo, "sino como hijos amados de Dios". En esta entrevista, el religioso también tacha de "falso" el relato de que los curas gays no puedan vivir vidas célibes o que sean la raíz de la crisis de los abusos de menores en la Iglesia.

¿Qué pretende con su libro?

Espero que "Tender un puente" ayude a iniciar una conversación en la Iglesia sobre cómo podemos tratar a nuestros hermanos y hermanas LGBT no como leprosos, tal y como la Iglesia ha hecho en el pasado, sino como hijos amados de Dios. El Catecismo es el que mejor lo expresa: estamos invitados a aceptarlos con "respeto, compasión y sensibilidad".

¿Le agrada o le molesta haberse convertido en icono de la lucha de los derechos LGTBI en el seno de la Iglesia?

Bueno, no me considero así. Más bien, me veo a mí mismo como un jesuita que está haciendo lo que los jesuitas siempre han hecho, y que todos los Papas recientes les han pedido que hagan: acompañar a las personas que están en los márgenes, o en las "periferias", como dijo el Papa Francisco. Y no hay nadie en la Iglesia católica más marginado que las personas LGBT.

¿Le duele que los rigoristas le ataquen tan duramente?

Sólo unos pocos me han atacado abiertamente. Muchos más han estado abiertos a la discusión, después de haber leído el libro o haber escuchado una de mis conferencias. De hecho, muchos de los ataques provienen de personas que no han leído el libro.

Pero la mayor parte de estos ataques provienen de sitios web supuestamente católicos que provocan odio y homofobia, cuando deberían promover el amor y el respeto. También es importante decir que "Tender un puente" cuenta con la aprobación oficial de mis superiores jesuitas, que ha sido respaldado por muchos cardenales, arzobispos y obispos, que se basa en los Evangelios y que no contradice en absoluto la doctrina de la Iglesia.

Así que los ataques a veces son desconcertantes. En general, el vilipendio personal y los ataques injustos solían molestarme, pero ahora ya no lo consiguen. Porque, ¿qué tipo de jesuita sería, si permitiera que algunas personas odiosas y homofóbicas online me impidieran amar a los marginados?

¿Hay homofobia en la Iglesia? ¿Más o menos que en las demás instituciones?

Lamentablemente, hay mucha. La mayor parte proviene del miedo: el miedo a las personas que son diferentes, el miedo a escuchar algo nuevo y, a menudo, el miedo a la propia sexualidad complicada.

Probablemente hay más homofobia en la Iglesia católica que otras instituciones porque algunos católicos sienten, erróneamente, que su religión lo justifica. Pero el odio nunca es justificado por el cristianismo. De hecho, Jesús amaba sobre todo a los más marginados.

Pero ese odio está disminuyendo a medida que cada vez más personas se sinceran respeto a su sexualidad. Y a medida que cada vez más personas se abren o "salen" del armario, la gente empieza a reconocerlos como sus hermanos y hermanas, tías y tíos, sobrinas y sobrinos, y amigos y compañeros de trabajo. El encuentro disminuye el miedo.

¿Le parece justa la ley vaticana que prohibe la entrada en los seminarios de jóvenes con "arraigadas tendencias homosexuales"?

El Vaticano dice que los hombres con "tendencias homosexuales profundamente arraigadas" no deben ingresar en el seminario. Pero los obispos han interpretado esto de tres maneras. Primero, ningún hombre gay debería entrar. Segundo, ningún hombre para quien su sexualidad sea la parte más importante de su personalidad debe ingresar. En tercer lugar, ningún hombre gay que no pueda vivir el celibato debe entrar. Todo lo que puedo decir es que conozco a muchos sacerdotes homosexuales que llevan vidas santas en la Iglesia.

¿Los sacerdotes y obispos homosexuales que hay en la Iglesia (al parecer, muchos) son capaces de cumplir con sus obligaciones de mantener el celibato?

Sí, ¿por qué no lo serían? Ser gay no significa que tengas que ser sexualmente activo. Tenemos que ser claros: es simplemente falso decir que los sacerdotes homosexuales no pueden vivir el celibato. La mejor prueba de ello es el hecho de que hay cientos, si no miles, de sacerdotes gays célibes y miembros castos de órdenes religiosas que llevan vidas entregadas y de servicio a Dios y a la Iglesia.

¿Qué le parece la aseveración de que la homosexualidad es la causa principal del abuso sexual de menores en la Iglesia?

Tenemos que decir que la mayoría de los casos son hombres que se aprovechan de niños y jóvenes varones. Pero esto no significa que todos los sacerdotes gays, o incluso la mayoría, sean abusadores. Es un argumento falso. Solo porque lo sean algunos no significa que todos o la mayoría lo sean. Además, la mayoría de los abusos sexuales ocurre en las familias, y nadie dice que todos los hombres heterosexuales, todos los padres o todos los hombres casados son abusadores. Una vez más, es un estereotipo peligroso que hay que cuestionar.

¿Es verdad que una parte importante de la jerarquía de la Iglesia estadounidense no comulga con el Papa Francisco y está esperando que su pontificado pase como una tormenta de verano?

Es cierto que cierta parte de la jerarquía de los Estados Unidos no favorece las políticas del Papa Francisco. Y a veces me sorprende lo estridente que son algunos de estos obispos. La ironía es que algunos de estos mismos obispos que, durante los pontificados de Juan Pablo y Benedicto, dijeron que nunca se podría estar en desacuerdo con un Papa, ahora estén en desacuerdo constantemente. Es una triste ironía.