María, ‘pedagoga del evangelio’, caminó y cantó nuestro continente y, así, la Guadalupana no es solamente recordada como indígena, española, hispana o afroamericana, simplemente es latinoamericana

 

 

 

Francisco ante la Virgen de Guadalupe: "Ella nos enseña a estar de pie ante tantas vidas que han perdido la esperanza"

  •    Diciembre 13 de 2018
  •    Vida Nueva Digital
  •    Santa Sede
  •    CIRE

Durante su homilía en la eucaristía de ayer, el Papa ha señalado que María enseña “a estar ahí donde tenemos que estar”. La Virgen “caminó al Tepeyac para acompañar a Juan Diego y sigue caminando el continente cuando por medio de una estampita, vela o de una medalla entra en una casa, en una celda o en un hospital”.


“A través del Magníficat, María se vuelve la primera ‘pedagoga del evangelio’, que nos recuerda las promesas hechas a nuestros padres y nos invita a cantar la misericordia del Señor”. Con estas palabras ha comenzado Francisco su homilía de la misa celebrada en el Vaticano durante la tarde de hoy, 12 de diciembre, con motivo de la festividad de la Virgen de Guadalupe. “María nos enseña que, en el arte de la misión y de la esperanza, no son necesarias tantas palabras ni programas, su método es muy simple: caminó y cantó”, ha dicho.

“Presurosa, pero no ansiosa, caminó hacia la casa de Isabel para acompañarla en la última etapa del embarazo; caminó hacia Jesús cuando faltó vino en la boda; y ya con los cabellos grises por el pasar de los años, caminó hasta el Gólgota para estar al pie de la cruz, en ese umbral de oscuridad y dolor, no se borró ni se fue, caminó para estar allí”, ha señalado Bergoglio. De la misma manera, María “caminó al Tepeyac para acompañar a Juan Diego y sigue caminando el Continente cuando, por medio de una imagen o estampita, de una vela o de una medalla, de un rosario o Ave María, entra en una casa, en la celda de una cárcel, en la sala de un hospital, en un asilo de ancianos, en una escuela, en una clínica de rehabilitación”.

“En la escuela de María aprendemos a estar en camino para llegar allí donde tenemos que estar”, que no es otro sitio que “al pie y de pie ante tantas vidas que han perdido o le han robado la esperanza”. Con ella “aprendemos a caminar el barrio y la ciudad no con zapatillas de soluciones mágicas, respuestas instantáneas y efectos inmediatos” y tampoco “a fuerza de promesas fantásticas de un seudo-progreso que, poco a poco, lo único que logra es usurpar identidades culturales y familiares, y vaciar de ese tejido vital que ha sostenido a nuestros pueblos” con la intención “de establecer un pensamiento único y uniforme”.

“María brinda coraje y anima a vivir con fe y esperanza”
“En su escuela”, ha apostillado, “nos nutrimos el corazón con la riqueza multicultural que habita el Continente”, lo que se manifiesta “cuando somos capaces de escuchar ese corazón recóndito que palpita en nuestros pueblos y que custodia el sentido de Dios y de su trascendencia, la sacralidad de la vida, el respeto por la creación, los lazos de la solidaridad, la alegría del arte del buen vivir y la capacidad de ser feliz y hacer fiesta sin condiciones”.

María, “a su paso”, suscita el canto “dando voz a tantos que de una u otra forma sentían que no podían cantar” y, de la misma forma que le da la palabra “a Juan, que salta en el seno de su madre” y a Isabel, “que comienza a bendecir”, enseñó “al Verbo a balbucear sus primeras palabras”. “Su vida” no está marcada “por el protagonismo sino por la capacidad de hacer que los otros sean protagonistas”. Por ello, María “brinda coraje, enseña a hablar y sobre todo anima a vivir la audacia de la fe y la esperanza”, volviéndose, de esta manera, “transparencia del rostro del Señor, que muestra su poder invitando a participar y convoca en la construcción de su templo vivo”.

De la misma manera “lo hizo con el indiecito Juan Diego y con tantos otros a quienes, sacando del anonimato, les dio voz, hizo conocer su rostro e historia y los hizo protagonistas de esta, nuestra historia de salvación”. Francisco ha señalado también que “el Señor no busca el aplauso egoísta o la admiración mundana”, sino que “su gloria está en hacer a sus hijos protagonistas de la creación”. Por este motivo, María, “con corazón de madre busca levantar y dignificar a todos aquellos que, por distintas razones y circunstancias, fueron inmersos en el abandono y el olvido”.

Madre de una tierra fecunda y generosa
“El protagonismo que no necesita humillar, maltratar, desprestigiar o burlarse de los otros para sentirse valioso o importante, no recurre a la violencia física o psicológica para sentirse seguro o protegido”, sino que, el protagonismo no “le tiene miedo a la ternura y la caricia, y sabe que su mejor rostro es el servicio”. Y así, “en su escuela aprendemos auténtico protagonismo, dignificar a todo el que está caído y hacerlo con la fuerza omnipotente del amor divino, que es la fuerza irresistible de su promesa de misericordia”.

El Papa ha finalizado la homilía señalando que “María, ‘pedagoga del evangelio’, caminó y cantó nuestro continente y, así, la Guadalupana no es solamente recordada como indígena, española, hispana o afroamericana, simplemente es latinoamericana”, es decir, “madre de una tierra fecunda y generosa en la que todos, de una u otra manera, nos podemos encontrar desempeñando un papel protagónico en la construcción del templo santo de la familia de Dios”. E hizo un llamamiento: “Hijo y hermano latinoamericano, sin miedo, canta y camina como lo hizo tu Madre”.