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Celebremos con Alegría y Esperanza en esta Navidad que Jesús nació para salvar a su pueblo de sus pecados

Mensaje de Navidad del P. Carlos Eduardo Correa, S.J., Provincial de la Compañía de Jesús en Colombia. Invitemos a todos para que pongan sus ojos en Jesús, de tal manera que puedan reconocer en Él el modo humano de proceder de Dios y recorrer de su mano el camino de verdad y de vida en su amor. ¡Feliz Navidad!


Se acerca la Navidad y es necesario volver a dejar pasar por nuestros corazones lo que este hecho significa para todos los que somos creyentes en Jesucristo. Se trata de un tiempo en el que estamos invitados por la Iglesia para tener la experiencia de sentir y gustar la salvación que Dios nos ofrece en la humanidad de su Hijo Jesús. Es participar en la maravillosa realidad de que el Niño del pesebre nace para manifestarnos la plenitud del amor de Dios por la humanidad, buscando salvarla de toda codicia y orgullo que le impiden asumir la vida con los demás en relaciones reconciliadas, que generan respeto y cuidado de unos por otros.

Jesús salva porque con su estilo de vida y con su modo de proceder con los demás rompe la lógica del mal y abre el camino de la vida plena en el amor. Él destruye con su vida la lógica que implica estar centrados en nosotros mismos, buscando sólo el propio amor, querer e interés, como muy bien nos lo dice San Ignacio en los EE (N° 189), y nos ayuda a renacer a la lógica del amor de Dios en la que nos reconocemos y valoramos como personas, plenas de dignidad, llamados a construir vida en común y a caminar humilde, sencilla y solidariamente con los demás por este mundo.

Jesús nos salva porque nos impulsa a vivir “sin cansarnos jamás de optar por la fraternidad”, como muy bellamente nos lo dijo el Papa Francisco en Evangelii Gaudium (N° 91). Es la salvación que nos hace hombres y mujeres atentos a las necesidades de los demás, a trabajar incansablemente por acompañar a los otros desde sus propias miserias y grandezas, a reconciliar a los que han roto las relaciones con sus semejantes y han generado formas de actuar que dañan la vida de la comunidad. Navidad es reconocer que en Jesús y por Jesús podemos acercarnos tierna y cariñosamente a cualquier persona para sentir que es mi hermano o mi hermana y para brindarle lo mejor de nosotros mismos, alcanzando juntos la verdadera felicidad.

La Navidad es el anuncio que nos hace Jesús de que la plenitud de nuestra vida humana no depende de las riquezas, del prestigio o del poder, sino de una forma de vivir desapegado de las cosas, dedicados al servicio humilde a los otros y buscando lo que es bueno y conveniente para todos.

Llevemos esta Buena Noticia de la Navidad a muchas personas que necesitan escuchar y vivir esta palabra de aliento y que, en el fondo de su corazón, esperan que alguien los despierte y les ayude a ver con ojos nuevos una forma de vivir que les permita experimentar la verdadera alegría y la profunda esperanza de que Jesús es Dios con nosotros. Invitemos a todos los que en esta Navidad tengan contacto con nosotros para que pongan sus ojos en Jesús, de tal manera que puedan reconocer en Él el modo humano de proceder de Dios y recorrer de su mano el camino de verdad y de vida en su amor.

Pidámosle a Jesús que nazca de nuevo en cada uno de nosotros para que, reconociendo la salvación que Él nos trae, seamos portadores de una forma de vivir que sea luz en medio de las tinieblas; reconciliación y perdón en medio de la violencia; justicia y equidad en medio de la exclusión y empobrecimiento de tantos hombres y mujeres; acogida y hospitalidad en medio de un mundo que expulsa por la fuerza a tantas personas de los territorios que habitan.

De todo corazón les deseo que en esta Navidad Jesús nazca de nuevo en sus vidas y los conduzca, con la fuerza de su Espíritu, por el sendero del amor, la alegría, la esperanza y la fraternidad.