[...] reconozco que Jesús me ama desde mi humanidad frágil.

 

 

 

Homilía en la Emisión de los Últimos Votos

Homilía pronunciada por Virgilio Arias Salazar, S.J., en la Eucaristía de Emisión de sus Útimos Votos en la Compañía de Jesús y posesión como Maestro de Novicios, el 11 de enero de 2019 en la Capilla del Noviciado San Estanislao de Kostka.


Queridos familiares, hermanos jesuitas y amigos y amigas de camino. Para mí es un motivo de gran alegría contar con su presencia en este día en el que la Compañía de Jesús me recibe definitivamente como uno de sus hijos, después de un largo camino de fe que he recorrido y que hoy me trae a donde lo inicié: a este Noviciado que hoy me abre sus puertas para seguir entregándome.

En estos años de formación he experimentado la presencia misericordiosa de Dios en medio de muchos lugares, responsabilidades y personas, motivo por el cual agradezco de todo corazón. Traigo a mi memoria los primeros años en este noviciado, el tiempo de estudio de Filosofía en la Javeriana, los dos años y medio de magisterio en el Colegio San José de Barranquilla, el tiempo de formación en teología en París, mi primer destino como presbítero en el plan de candidatos y la Casa Manresa para culminar con la Tercera Probación en México. Después de este recorrido, llegar a este momento en mi vida de jesuita es reconocer cómo el Señor me ha ido llevando por caminos insospechados e inclusive nunca planeados. En todos estos caminos el Señor ha estado conmigo, acompañándome y guiándome en medio de mis fragilidades.

Las lecturas que he escogido para esta celebración me invitan a ratificar una vez más la entrega que prometía hacer al finalizar el noviciado. Así, a la luz de las palabras de San Pablo, confirmo mi entrega con toda mi vida para continuar discerniendo la voluntad de Dios que, como Pablo afirma, es agradable y perfecta. El tema central de esta lectura es la respuesta de los creyentes en Cristo frente a los dones dados por Dios. Esta respuesta es la que Pablo llama: “el culto razonable”. Este culto que más que razonable es espiritual consiste en la ofrenda que el creyente hace de sí mismo a Cristo de manera deliberada y que responde al don que cada uno ha recibido de Dios.

Especialmente, ahora en esta misión que la Compañía me encomienda, la recibo con una alegría que se origina en la esperanza y que a su vez brota de la experiencia de este “culto espiritual” que he ofrecido a Dios deliberadamente durante todos estos años en la Compañía. Así mismo, en el Salmo repetíamos: “Tu, rostro buscaré Señor”. Ese rostro que, al buscarlo, me ha permitido encontrar la voluntad de Dios en todo lo que hago, sin olvidar que Él es mi luz, mi salvación, la defensa de mi vida en todo momento.

El bello y profundo diálogo que escuchamos en el Evangelio de Juan me ha permitido encontrar la clave para decirle sí de nuevo al Señor con los votos que voy a pronunciar en este día. La pregunta de Jesús: “Pedro, ¿me amas?” me recuerda que esta vida religiosa que he querido vivir está marcada por el amor que me ofrece el Señor y que me invita a responderle con lo que soy. Hoy siento que Jesús me pregunta que si lo amo y yo como Pedro en medio de mi realidad le respondo que le quiero. Jesús hace tres preguntas, de las cuales en las dos primeras, utiliza el verbo agapao, es decir “el acto de amar mutuo, intenso”, pero en la tercera pregunta, Jesús ya no usa este verbo, sino “fileo”, es decir “un amor más personal” y con menor intensidad porque reconoce la humanidad de Pedro, quien en ninguna de sus tres respuestas usó el verbo “agapao” (amar), sino “fileo” (querer a alguien). Por lo tanto, no es Pedro quien se pone al nivel de Jesús, sino que es Jesús quien se posiciona desde la realidad humana de Pedro quien, lo había negado tres veces.

Con base en estas lecturas, reconozco que Jesús me ama desde mi humanidad frágil, y es desde esta realidad de amor que pronuncio el sí definitivo a través de los votos de pobreza, castidad, obediencia y obediencia al Papa. Gracias al amor de Jesús experimentado en mi vida que me invita a ser cada día más libre para amar, me entrego como Pedro se entregó para más amar y servir. Emitir estos últimos votos en la Compañía de Jesús significa para mí confirmar una vez más mi vocación, aquel llama-do que sentí por parte del Señor hace tantos años y que me invitaba a seguirle con toda mi vida. Hoy continúo con-fiando plenamente en su amor cordial que me acoge y me libera.

Jesús le encomienda a Pedro ser pastor y a apacentar corderos y ovejas. Esta exhortación de Jesús a Pedro la realiza después de confirmar un amor mutuo. En este día en el que recibo la misión de ser maestro de novicios, acojo la oferta de amor del Jesús que será sin duda el medio por excelencia para la formación de los novicios que acompañaré. El amor de Jesús como clave de discernimiento me permitirá ser pastor al estilo de Jesús en esta etapa del noviciado que me dispongo a acompañar con mucho ánimo y liberalidad.

Solo me basta el amor de Jesús para incorporarme definitivamente en su Compañía y responder con un sí alegre y generoso. Amor que permitió a tantos santos y beatos de esta mínima Compañía que, en cabeza de nuestro Padre Maestro Ignacio, no escatimaron esfuerzos para arriesgarlo todo por Jesús.

Finalmente, me pongo en las manos maternales de la Rosa Mística, esta ad-vocación mariana que ha acompañado la capilla de nuestro noviciado por tantas décadas y a quien desde el noviciado he mirado con especial afecto. Ella, que con su discreta y tierna mirada de madre ha escuchado las alegrías y tristezas de tantos novicios, me lleve siempre de su mano y me ponga con su Hijo.