La comunidad es nuestro apoyo y en muchas ocasiones nos guía.

Esta es [...] la mejor oportunidad para agradecer por tanto bien recibido.

Cómo dejar de lado tantos rostros de jesuitas que nos han acompañado.

 

 

 

Siempre en búsqueda: una experiencia de amor

Hay un autor jesuita que me ha ayudado mucho en mi vocación y de manera especial en el Noviciado. Ese autor es José María Rodríguez Olaizola, S.J., español que ha dedicado parte de su misión a escribir su experiencia espiritual y a compartirla con todos nosotros.


En uno de sus libros, La pasión en Contemplaciones de Papel, tiene un texto llamado Siempre en búsqueda y quiero hacer referencia a él porque siento que el tiempo de Noviciado y nuestra vida ha sido esto: una búsqueda de Dios.

El 28 de enero de 2017 iniciamos el Noviciado con muchas preguntas, seguridades, fragilidades y, en fin, con todos los sentimientos que una persona puede experimentar al empezar una nueva etapa en su vida. La novedad de los sitios, personas y experiencias fueron ayudándonos a entrar en esta búsqueda en donde sentíamos que Dios nos llamaba para ir aclarando y discerniendo nuestro Principio y Fundamento, como lo llama Ignacio, ese sentido de nuestra vida que poco a poco fue encontrando su plenitud en escuchar y sentir al Dios cercano y humano.

Para esta búsqueda fue necesario dejar atrás mapas de sueños y algunos proyectos que habíamos diseñado, dejamos atrás las brújulas que nos guiaban por otros caminos, quizá llenos de alegría y gozo pero no de la plenitud a la que nos sentíamos llamados. Fue necesario empacar con nosotros lo más preciado: el amor de nuestras familias y amigos y los recuerdos y lugares que servirían para nosotros de fuente de agua viva. Así, dejándonos conducir solo por la voz de Dios en ese “Ven conmigo, confía en mi”, salimos a caminar.

En el camino nos encontramos con compañeros de comunidad que nos fueron formando desde la cotidianidad, sencillez y, a veces, el rutinario ritmo del Noviciado. Cada uno de nosotros con nuestra forma de ser, fuimos nutriendo nuestra vocación y la de los otros y fuimos descubriendo a Dios, en medio de los momentos en donde las discusiones y tensiones se hicieron presentes, al igual que la alegría y el compartir. La comunidad es nuestro apoyo y en muchas ocasiones nos guía, en varias oportunidades las palabras de alguno de mis compañeros me permitieron volver a sentir a Dios y su invitación a seguirle.

También nos encontramos con realidades propias de nuestro pueblo doliente. Cuántas madres, abuelas, señores lloraron frente a nosotros contándonos sus historias: sus pérdidas, sus triunfos y alegrías. Cuántas casas abrieron sus puertas de par en par para brindarnos lo mejor que tenían. Cuántas sonrisas de agradecimiento recibimos. Cuántos viajes en Metro o a pie nos permitieron seguir encontrando a Dios en la realidad de tanta gente que va confiando en nosotros.

Hemos aprendido que la búsqueda de Dios es larga y necesita de momentos de silencio y reflexión, en donde Dios pueda ir hablando más tranquila y espontáneamente. La oración y la Eucaristía han sido esos espacios de intimidad con Dios en donde muchas veces peleamos o no lo entendimos. Sin embargo, siempre al final dejamos que Él hiciera su obra en nosotros, y esperemos dejarlo seguir haciéndola. Cada uno de nosotros fuimos encontrando su melodía en nuestras vidas: Santiago a través de los salmos, Jhon Jairo en diálogo con Oriente, Juan David con la música y yo a través de un poco de todo. Dios se fue comunicando y mostrando y, al final de esta experiencia, seguimos unidos a Él pidiéndole la gracia de más conocerlo para más amarlo y seguirlo.

En esta búsqueda, las desolaciones, frustraciones y tristezas también se han hecho presentes: a veces hasta hemos querido dejar de lado el camino y seguir otro sendero. Pero Dios, que nos ama, nos ha permito siempre volver a Él, que es nuestra mayor fuente de agua para retomar las fuerzas, y muchas veces, sin sentirlo, confiando lo hemos seguido.

Para mi, es motivo de consolación y alegría poder ver a cada uno de mis compañeros hoy y sentir cómo hemos crecido de la mano de Dios. Ignacio, en la autobiografía, narraba cómo Dios lo llevaba como a un niño de escuela, y siento que Dios ha hecho eso también con nosotros. Jhon Jairo, gracias por estar dispuesto a compartir con la gente sencilla, gracias por preferir a los necesitados, por estar al cuidado de cada uno de nosotros en nuestra salud y por el sentido del humor que tienes. Santiago, gracias por colocar al servicio de la comunidad tu amor por la academia y por la liturgia, gracias por compartir con nosotros tu experiencia de vida y por afrontar esas heridas que cuando van sanando van dejando crecer tu vocación. Juan Da, gracias por siempre expresar cómo te sientes, gracias por la creatividad y el buen gusto, gracias por cultivar en la comunidad un ambiente agradable con tus plantas y la música. Finalmente, yo, le agradezco a Dios por ayudarme a descubrirme y por llevar guardado, en mi memoria, cada momento vivido aquí. Le doy gracias por permitirme sentirme hijo suyo y sobre todo porque siento que esta vocación es de Él.

Hoy, con la emisión de los Votos del Bienio, la Compañía de Jesús, que ha dispuesto todo para nuestro discernimiento, nos acoge y confirma en el camino que Dios, que se nos ha hecho cercano y luz de nuestra vida, nos invita a caminar. Esta es, entonces, la mejor oportunidad para agradecer por tanto bien recibido a lo largo de estos dos años:

Cómo no agradecer a las personas de tantos lugares y obras que nos permitieron trabajar y seguir descubriendo a Dios en nuestros apostolados, a nuestras profesoras de Inglés Giselle y Lina a la Hna. Virginia Gómez, ODN, que nos acompañó al final de nuestro Mes de Ejercicios, a Marcos Gutiérrez S.J., que acompaño nuestra semana de Ejercicios en nuestro mes de síntesis. y a cada uno de los jesuitas que nos acompañaron en los Cursos Especiales:

Enrique Gutiérrez, S.J., Alberto Gutiérrez, S.J., Luis Jiménez, S.J., Memo Sarasa, S.J., Víctor Martínez, S.J., Darío Restrepo, S.J., Mauricio García, S.J. y el H. Jesús Díaz, S.J. Agradecemos, también, a Bertha y a Alicia por alimentarnos en el día a día, no solo con las comidas preparadas con tanto amor, sino con el testimonio y dedicación que nos edificaban en nuestro proceso de ir haciéndonos jesuitas. A Don Mario le agradecemos por cuidar del Noviciado con tanta dedicación.

Cómo dejar de lado tantos rostros de jesuitas que nos han acompañado. Pachito Zuluaga, S.J., gracias por compartir con nosotros al inicio de nuestro Noviciado y por seguir recibiéndonos con una sonrisa cada vez que veníamos a esta Comunidad. Álvaro Restrepo, S.J. gracias por acompañarnos con tu experiencia de Compañía, por estar al tanto de nuestro proceso, especialmente del mío. Arturo Guerra, S.J. (Pitu), gracias por participar en nuestra formación, muchas gracias por el cariño y la amistad, aún en la distancia. Gracias por compartir con nosotros tu experiencia espiritual. Diego Giraldo, S.J., gracias por aguantarnos muchas veces, gracias por acompañarnos y por demostrarnos la sencillez en cada momento que compartes en los apostolados. Nunca olvidaremos cuando nos visitaste en nuestro Mes de Hospital y te colocaste el delantal para lavar la ropa sucia de los ancianos del Amparo San José en Pasto.

Así como iniciamos nuestro Noviciado con la compañía de un santo: Pachito, lo hemos terminado con la presencia de otro: Honorio Betancur, S.J. Honito, gracias por tu vitalidad, por tu experiencia, por tu alegría, por inspirarnos, especialmente a mi en mi vocación como jesuita hermano, y por escucharnos cada día. A Virgilio Arias, S.J., que nos acompañó durante nuestro tiempo en la Casa Vocacional Manresa, le agradecemos por la cercanía y la amistad y te encomendamos para que Dios te guíe y sea tu motor en esta nueva misión como Maestro de Novicios.

Durante los últimos meses de esta camino nos han acompañado Abner, Sebastián, Jorge Augusto, Nicolás, Andrés, Óscar y Juan Felipe. Gracias por preparar cada uno de los detalles para este momento y gracias por unirse a esta búsqueda. Sé que el Noviciado les será propicio como lo fue para nosotros, los seguimos encomendando en nuestra oración y sigan con la alegría de saber que Dios los ama y los llama. Cómo no agradecer a quien ha sido testigo de nuestro proceso a lo largo de esta búsqueda: Gerardo Villota, S.J. Maestro, gracias por acompañarnos, sé que no ha sido fácil. Gracias por escucharnos en nuestras más hondas desolaciones y brindarnos un poco de esperanza. Gracias por compartirnos tu amor por Cristo, manifestado en el cariño especial que tienes hacia la gente. Gracias por ser el medio para que Dios fuera más claro para nosotros. Gracias por compartir con nosotros tus dolores y alegrías. Gracias por abrirnos las puertas de tu familia, que ahora también es nuestra familia. Gracias por acompañar a tantos grupos de novicios a lo largo de estos años. Yo, en nombre de muchos, encomiendo a Dios el nuevo camino que empezarás a recorrer para que el amor y la alegría que te vienen de Él sigan contigo.

Queridas familias Lara Avella, Ocampo Hernández, Sánchez Prieto y Torres Flórez, gracias por permitir que el Evangelio se haga realidad en nosotros. A lo largo de estos años hemos ganado familias y hogares por montones que, también son sus familias y hogares. Queremos darles la bienvenida a esta familia de la Compañía de Jesús como mamás, papás y hermanos/as de todos los jesuitas.

Que Nuestra Señora, San Ignacio de Loyola, San Alonso Rodríguez y todos los Santos y Beatos de la Compañía acompañen nuestra vida, siempre en búsqueda. Amén.