Los Hermanos Jesuitas: Compañeros de Jesús al servicio de la Misión de Dios

En los primeros días de marzo realizamos el VIII Encuentro de Hermanos Jesuitas de la Provincia. Nos acompañaron tres Hermanos Jesuitas de Chile, Perú y México, quienes se están formando en Colombia.


Fue un tiempo de gracia en el Señor porque pudimos compartir en forma profunda la Vida y la Misión de cada uno y el importante sentido de la vocación del Hermano Jesuita en la Compañía de Jesús.

Uno de los aspectos que más apareció en la conversación de este encuentro fue la necesidad de que todos valoremos más explícitamente la vocación del Hermano Jesuita en el cuerpo apostólico de la Compañía de Jesús. Al reconocer que, durante muchos años, los Hermanos fueron tratados como “jesuitas de segunda”, hoy vemos con claridad que esta vocación es un hermoso regalo de Dios para hacer realidad su Reinado entre nosotros; que los Hermanos Jesuitas son un valioso aporte del Espíritu Santo al enriquecimiento de la vocación como Compañeros de Jesús; que Hermanos y Presbíteros nos consagramos al servicio de la Misión de Dios con todo lo que somos y tenemos.

A través de los votos, el Hermano Jesuita se consagra para ser, con sus palabras y ejemplo de vida, testigo del amor de Dios en este mundo y para vivir la misión al servicio de la fe, la promoción de la justicia, la búsqueda de la reconciliación (con Dios, con los demás y con la naturaleza), el diálogo con culturas y religiones, y la colaboración con otros a través del trabajo en red y en perspectiva del discernimiento en común.

El Hermano Jesuita, desde la profunda experiencia de Dios vivida en los Ejercicios Espirituales, es un hombre que ha sido llamado por Dios para seguir a Jesús pobre y humilde; ha escuchado la invitación a servirle en su Iglesia; y ha sido enviado a una misma misión (C.G. 34, D.7, N° 4). De esta manera participa de la unidad en la diversidad de un mismo Cuerpo y vive con los demás como “un solo corazón y una sola alma” (Hech. 4, 32).

Como muy bellamente lo destaca la C.G. 34, D. 7, N° 6, “los hermanos, al igual que los presbíteros, se integran en la Compañía en razón de la única y común llamada del Señor a seguirlo en la radicalidad evangélica de la vida religiosa. Una común llamada que comporta, sin embargo, una diversidad de dones(...) Podríamos decir, por tanto, que el Hermano encarna la vida religiosa en su esencia y puede por lo mismo ilustrarla con claridad particular” (P. Kolvenbach, S.J., en el Simposio de Loyola de 1994).

Desde esta perspectiva los Hermanos Jesuitas, como Compañeros de Jesús al servicio de la Misión de Dios, participan plenamente del compromiso apostólico de todo jesuita “en toda clase de trabajos materiales y profesionales al servicio del apostolado y del Cuerpo de la Compañía, como en el anuncio explícito de Jesús, la ayuda y conversación espiritual, los Ejercicios Espirituales, la catequesis y la enseñanza. Se dispondrán para ser enviados tanto a quienes sufren discriminación, a quienes ven negada su dignidad, a los sin voz y sin poder, a quienes buscan el sentido de su existencia, a aquellos cuya fe se tambalea, a quienes desean recibir el anuncio de la Buena Noticia de Jesús, como a las Comunidades y Obras que tienen necesidad de su ayuda para el cumplimiento de la misión de la Compañía” (C.G. 34, D. 7, N° 7.).

Los invito para que todos valoremos enormemente la vocación del Hermano Jesuita, reconociendo la gran importancia de su presencia y acción en nuestro Cuerpo Apostólico. Promovamos con amor entre los jóvenes de hoy esta preciosa vocación y fomentemos, desde nuestra experiencia común de ser “hombres de ardiente pasión por el Evangelio” (C.G. 36), que estamos llamados por Dios para vivir como verdaderos hermanos y amigos en el Señor.