Palabra y gesto en el tango: una gramática sensorial

Más que un discurso sin palabras, desde la apuesta formativa del Taller de Tango de la Pontificia Universidad Javeriana Cali, la danza se define como un lenguaje compuesto por códigos corporales dinámicos que, encadenados, forman manifiestos reconocibles.


Estos, a través de la interacción entre los sujetos, producen a su vez un estado coloquial del diálogo, un estado poético del ser. Para quienes asentimos dicha afirmación, esos códigos que se transforman en gesto son en la danza lo que la palabra es en el habla o la escritura. A su vez, el cuerpo es mucho más que el soporte que lo reproduce. Provocación intelectual, experiencia emocional y contemplación estética... La danza habla al practicarla y al observarla.

Desde el mismo enfoque, Carozzi sostiene que es posible ver el movimiento como un recurso para producir significados que a la vez puede ser imaginativo y metafórico, si se aborda al ser humano en tanto agente corporizado que tiene la capacidad de realizar actos significantes a través de actos de habla y por medio de la acción.

Ahora, si abordamos la danza en general como comunicación estética, se necesitarían al menos dos sujetos, así partan de un mismo individuo, para que la comunicación ocurra, tal como señala Mandoki. Aludiendo a su raíz etimológica, la autora define el término ‘comunicación’ como “poner en común”.

Es por eso que desde esta perspectiva formativa, dirigida por Camilo Díaz Santa, en uso del Sistema Dinzel, el tango como danza popular de abrazo e improvisación, nos brinda un ejemplo y punto de partida de cómo dos hablantes, danzantes, experimentan la común unión, unicidad y fluidez. Esto al crear diálogos en uso consciente de códigos corporales dinámicos, con los que sostienen conversaciones espontáneas que conviven con las que las otras parejas desarrollan en el mismo espacio y en el mismo tiempo. Esos códigos no verbales son vocablos gestuales reconocibles.

“A mi generalmente me cuesta la interacción, el contacto… Y el tango me ha ayudado a superarlo. Solamente en el tango puedo tener contacto con el otro sin ningún problema. Muchas de las técnicas que practicamos nos llevan a entender al otro, tratar de seguirlo y todo eso me ayuda en mi relación con los pacientes”, narra Paula Andrea Vesga, estudiante de Medicina y del Taller Tango de Javeriana Cali, quien además participa de la articulación que el taller viene desarrollando con Alianza Parkinson Cali, en la que se reconoce gran mejoría, a través de la práctica del tango, en pacientes con esta patología.

Estudiantes, colaboradores y pacientes se forman en un juego basado en abrazarse y dar continuidad a ese abrazo a través de tiempo y espacio en el compartir de un caminar que encuentra posibilidades infinitas de desarrollo dinámico y temático dentro de sus límites estéticos. Ser capaz de abrazar y ser abrazado desarrolla, para sus participantes, madurez como individuos. Ser capaz de caminar en abrazo desarrolla coordinación, sincronismo y alternancia armónica. Capacidad de dosificar con justicia presencia, acción, energía, habla y escucha. El tango desarrolla equilibrio entre ser y hacer. Construye comunidad.

“Bailar tango beneficia a los pacientes y en especial a los de Parkinson en los siguientes aspectos: mejora la postura general, otorga equilibrio y sincronización que se traduce en mayor seguridad al andar. Los giros y movimientos de cintura aumentan la movilidad, ejercitan las piernas, rodillas, tobillos y pies. Mejora la circulación sanguínea, pone a prueba, a nuestro favor, la socialización. Por ser un baile con tanto protocolo exige una buena concentración y coordinación. Por nuestra parte siempre agregamos que nos coloca la autoestima por lo alto”, afirma Carlos Alberto Zapata González, quien hace parte de la alianza entre el Taller de Tango de la Javeriana, “Vos y yo Espacio Tango” y Alianza Parkinson Cali. Él es uno de los casi cien pacientes que han vivido la experiencia junto a otros cien familiares que participan del proceso.

De acuerdo con esto, el programa formativo aporta tanto en el desarrollo de las competencias físicas como en las comunicativas, cognitivas y emocionales de quienes pasan por su experiencia. Las mismas que Ruiz y Chaux señalan a su vez como vitales para el ejercicio de una ciudadanía democrática.

Dinzel nos dice que cuando se dialoga oralmente se improvisa con los elementos fonéticos aprendidos. “No puedo tener frases estructuradas porque si preparo la frase ‘el pan está duro’ y la tengo lista para decir, cuando la otra persona me propone ‘lindo día, eh’ y le contesto ‘el pan está duro’ ya no puedo seguir hablando porque mi diálogo se transforma en una incoherencia(…) En la danza del tango, los que bailan improvisan con la capacidad de cada uno de transmitir y de recibir, acorde a las circunstancias espaciales que están dadas, acorde a los impulsos, acorde a la traslación o acorde al pasaje del peso del cuerpo. Improvisar es ponerse frente a frente con la libertad”.

Haciendo un eco desde su experiencia, Guillermo Toro, estudiante de Economía y del Taller de Tango, afirma que “el tango, abordado de esta manera, brinda otros métodos de comunicación. Logramos darnos cuenta de que no siempre en los debates debe ganar uno”.

Entonces, más que una búsqueda por destronar el lugar central de la palabra en nuestra cultura occidental, este tipo de exploraciones centran sus esfuerzos en integrarla a un sistema que incluya por igual a las distintas formas de comunicación que nos brinda lo sensorial. Para Mandoki toda cultura y toda comunidad no solo se basan en la comunicación... Son la comunicación. Por tanto, abordarla de manera integrada, como en el caso anteriormente expuesto, contribuye, según los testimonios, no solo a la comprensión de nosotros mismos como individuos sino en general a la común unión en la gran sociedad humana. No importa si lo bailas o lo hablas, lo importante es qué, cómo, por qué y para qué lo dices.