El Señor llama nuevos compañeros para su misión en el mundo

Una vez más ha llegado a término el trabajo que el Equipo de Vocaciones ha realizado durante todo el período, que comenzó el 10 de junio de 2018.


Un trabajo que, sin duda alguna, no sería posible sin la colaboración de todos los compañeros que, desde distintos lugares de Colombia, promueven la identidad de la Compañía de Jesús y acompañan a los jóvenes que se animan a preguntarse por la vida religiosa como jesuitas.

El Señor, que no se cansa de llamar, nos ha bendecido este año con un grupo de ocho jóvenes que un día percibieron en su corazón el llamado a una vida nueva, ciertamente distinta. Movidos por ese Espíritu que sabe estremecer las fibras más profundas del ser humano, para llevarlo por un camino que se va consolidando con el deseo de ofrecer toda la vida, a cambio del gozo y la alegría en una existencia plena.

Como la persona que ha sido encomendada para coordinar y dirigir la Misión Vocacional en esta Provincia y como testigo ocular del llamado que Dios ha puesto en la vida entera de estos jóvenes, quiero participarles la inmensa alegría que produce acompañar paso a paso esas preguntas que se van haciendo convicción en el regalo de la fe. No hablo solamente de quienes iniciarán el noviciado en Medellín el próximo 7 de julio, sino de todos aquellos que se han dejado tocar y moldear por el Señor de la vida buena.

Sin más preámbulo, agradecer por la respuesta generosa de Álvaro Andrés Pantoja Cassiani, barranquillero, exalumno de Fe y Alegría... un joven de profunda sensibilidad musical que nos ha regalado gratos momentos de encuentro con el Señor a través de sus cantos; Francisco Galvis Martínez, de Sopó... un hombre sensible con la realidad humana, quien nos ha mostrado que el periodismo es una profesión que, llevada con sentido, ofrece al mundo caminos de salvación; Daniel Alonso Mora Vanegas, de Bogotá... un muchacho enamorado del mundo y con una especial sensibilidad por las distintas culturas; Cristian Andrés García Morcote, boyacense, quien ha sabido integrar la medicina tradicional con la vida llevada en el Espíritu.

También configuran este grupo: Sergio Andrés Castillo Herrera, de Tuluá (Valle del Cauca)... un hombre de letras amables que ha sabido descubrir en la química de la levadura aquel misterio que nos habla del Reino de Dios y su justicia; Jonathan Andrés Fonque Cortés, de Zipaquirá... enamorado del color rojo e incansable profesor de filosofía en el colegio; Byron Felipe Ibarra Erazo, de Nariño, el menor entre los ocho (aún no cumple los 18)... nos ha sabido mostrar que a esa edad se pueden tomar grandes decisiones; y, finalmente, José Carlos Mantilla Ribero, con “b” larga de los Ribero de Mogotes (Santander), bumangués y exalumno del Colegio San Pedro Claver... un joven que sueña con enseñarle al mundo así como Jesús solía hacerlo.

Este es el gran pequeño grupo que, durante los últimos días de junio y los primeros de julio, se dedica por completo a compartir la vida con sus familias y amigos, a preparar sus maletas y a dejarlo todo para seguir a Jesús, al modo en que el peregrino de Loyola, un día, vio claramente después de su conversión en la cova de Manresa. Y la Casa Manresa, la de Bogotá, extraña las risas, los pasos, las voces y todo aquello que este puñado de jóvenes le entregó durante su discernimiento.