Documento Inspirador del Encuentro del Apostolado Social de la CPAL

El 50 aniversario del Secretariado para la Justicia Social y la Ecología nos regala un momento especial para agradecer y discernir la presencia cercana de Dios en este continente de tanta desigualdad y violencia.


Tras cinco décadas de políticas neoliberales en América Latina y el Caribe, el crecimiento de la desigualdad y la pobreza son escandalosas. Mientras aumentan los capitales financieros se violan los derechos humanos y se niega la vida digna para millones de seres humanos. Las políticas económicas generan violencias y crisis de las democracias, obligando a millones de personas a dejar sus países para buscar salvar la vida. Los pueblos indígenas, afrodescendientes y campesinos, se ven amenazados por la voracidad del modelo extractivista que no respeta sus territorios ancestrales ante la mirada pasiva y cómplice de los Estados. Los niños, adolescentes, jóvenes, ancianos y las mujeres sufren el dominio de un modelo patriarcal que les excluye y mata. La vida de todos los seres está amenazada.

San Pablo nos recuerda en la carta a los Romanos que donde abundó el mal, la injusticia y pecado, sobreabundó la gracia, la esperanza y el amor. Es un tiempo de Kairos, el momento adecuado y oportuno, el tiempo de la gracias de Dios que como gran misterio inagotable y siempre mayor nos invita a mirar la vida en toda su diversidad como signo de su presencia trinitaria y desde esa fuente; desde ese envoltorio de la vida nos manifiesta caminos, senderos y ríos por donde navegar juntos y en esperanza.

El 50 aniversario del Secretariado para la Justicia Social y la Ecología nos regala un momento especial para agradecer y discernir la presencia cercana de Dios en este continente de tanta desigualdad y violencia, pero a la vez bañado de una enorme esperanza. Como parte del cuerpo apostólico de la Compañía de Jesús, jesuitas, laicas y laicos, nos sentimos agradecidos con Dios, padre y madre, porque a pesar de nuestras debilidades e indiferencias, nos sigue llamando a la conversión, hacia la fe que exige compromiso con la justicia, mayor diálogo con la rica diversidad de culturas, y reconciliación con toda la creación. Los compromisos asumidos durante estos 50 años y la entrega de nuestros mártires nos inspiran a iniciar e impulsar discernidamente nuevas iniciativas de amor y entrega.

Las Preferencias Apostólicas Universales de la Compañía nos invitan a la conversión, a la solidaridad y a caminar con las víctimas y sobrevivientes de modelos de desarrollo inequitativos que depredan la naturaleza: migrantes, indígenas, mujeres y jóvenes, todos y todas las cuales buscan entre las grietas de la vida amenazada un futuro esperanzador. Las Preferencias nos mueven a revitalizar la misión común, y nos invitan a construir, en el horizonte de la fe y la justicia, alternativas inclusivas y sustentables de vida para todos y todas.

La Ecología Integral nos propone un nuevo paradigma para la acción colectiva donde la vida es el centro. Afirmamos así nuestra opción por las políticas para la vida. El mensaje del papa Francisco en la Laudato Sí y el Sínodo Panamazónico representan una oportunidad de aprendizaje y transformación para la humanidad entera. Avanzando desde lo local y desde la base de la sociedad apostamos por la redención de Dios en la realidad aquí y ahora.

Es el tiempo de Dios, de la salvación, donde las fuerzas de la vida se van abriendo paso entre las grietas del modelo que aplasta y amenaza la existencia. Esta fuerza de vida la reconocemos en los sobrevivientes y excluidos, en las pequeñas y grandes resistencias e insurgencias de su vida cotidiana, en sus expresiones políticas, en sus modos de organizarse, en el empoderamiento de las mujeres y sus organizaciones, en el entusiasmo de los jóvenes y sus movilizaciones, en la sabiduría de los pueblos indígenas y la defensa de sus territorios, y en la búsqueda resiliente de la vida de las personas migrando contra su voluntad.

Experimentamos que nuestra vida se transforma al estar y caminar con ellas y ellos, son nuestra fuerza e inspiración. Nos sentimos llamados al acompañamiento cercano de sus luchas y procesos, afirmamos que son los actores del cambio en Latinoamérica y el Caribe. Desde la diversidad y con la ayuda de Dios, nos comprometemos a construir la justicia y la reconciliación en esta casa común.

La mayoría de nuestros países atraviesan un crisis política y social que nos exige una gran colaboración y trabajo en red. Experimentamos el llamado a vernos más unificados como continente y no como países dispersos, separados por fronteras que muchos aspiran convertir en muros para dividirnos, debilitarnos y seguir explotándonos. Queremos ser puente y caminar unidos como un solo pueblo, hijos e hijas de un mismo Dios que nos acoge en esta parte de nuestra Casa Común que es esta América latina y caribeña. En particular queremos lanzar un grito de solidaridad a la Amazonía, Haití, Cuba, Nicaragua, Honduras, Venezuela y a todos nuestros hermanos y hermanas que migran atravesando mares y territorios en busca de un vida digna. Sus desafíos son nuestros desafíos, sus luchas son nuestras luchas. Nos comprometemos a caminar junto a ustedes y trabajar en red por la democracia y la equidad.

Sentimos el llamado para “corazonarnos”; para caminar y construir con los despojados, para “preñarnos” de amor por la Vida. Aceptamos el reto de “enredarnos” como modo de proceder necesario para el cambio. Desde la esperanza que emerge de la Vida de las personas con quienes caminamos en los distintos rincones de esta América herida y resistente, llenos de humanidad, afirmamos con alegría que construir la historia de salvación es posible.

Jallalla (Qué viva la vida!!!)