Una maleta repleta de sueños y expectativas

Compartimos el texto de Wilmar Fabian Gómez Alonso sobre su experiencia de discernimiento en la Casa Vocacional Manresa 2019 - 2020.


Cuando me invitaron a compartir acerca de la experiencia en Casa Vocacional Manresa, me acogió un sentimiento de felicidad, porque vi de inmediato, que este es un espacio para expresar el propio sentir de los momentos que el Señor me ha concedido vivir en este espacio de discernimiento.

Comencé a pensar sobre qué y cómo compartir lo vivido, entonces, llegó a mi mente la imagen del día en que alisté mi maleta para salir de casa. La primera impresión fue la de sentir que me disponía para un viaje, y que deseaba estar preparado para cualquier eventualidad. Recuerdo que la llené con todo tipo de ropas e implementos para cualquier necesidad.

Llegué a la casa Manresa, y me descubrí ante los demás con una maleta enorme, era una locura, ¡llevaba conmigo media casa!. Me pareció estar en el aeropuerto haciendo la fila para registrar un vuelo. Me preguntaba en silencio, una y otra vez, si llevaba conmigo exceso de equipaje. Pase la fila y me encontré con quien daba la bienvenida para hacer el checking.

Lo primero fue presentar mis documentos, para corroborar mi identidad, porque siempre es importante examinar, que el pasaporte es de la misma persona que viajará. En Casa Manresa sucede algo análogo, te piden revisar a profundidad quién eres. Cada uno es llamado por su nombre, es valorado por lo que es, y no por lo que hace o tiene, cada uno importa como persona.

Ya en el mostrador me ayudaron a corroborar el exceso de equipaje, entonces, comencé a revisar las maletas detenidamente. En cada cosa en esta me iba encontrando con mi propia historia. A medida que veía todo, y en conjunto, descubría el significado de cada cosa. Era como estar en reverencia frente Aquel que me dio la vida, me conoce y me ama tal como soy desde siempre y para siempre. Cada cosa en mi maleta llevaba impresa el sentido y valor de grandes momentos en mi vida.

Entre lo mucho que llevaba conmigo, descubrí que llevaba elementos inflamables, que podían poner en riesgo el viaje. Los más sensato fue entregarlos a quienes velan por la seguridad del vuelo. Con esto estoy compartiendo, que uno llega a Manresa con situaciones que hacen daño, y que es una buena oportunidad para ponderar cada cosa, para purificar el equipaje. Muchas de estas cosas ya han cumplido su papel y puedo no cargarlas. Siento que he emprendido este viaje con un equipaje más liviano, también más seguro.

Antes de tomar el vuelo, en la sala de abordaje, comencé a reconocer a los que hoy son mis compañeros de viaje, unos abogados, otros psicólogos, un filósofo, un matemático, músicos. Me di cuenta que Manresa es como un aeropuerto que acoge a personas muy distintas. Así que empecé el viaje tejiendo lasos de amistad, de aquella amistad que nos habla el padre Pedro Arrupe, en una frase pintada en la pared del comedor de la Casa Manresa:

Yo os diría que todo se puede resumir en ser amigos de Cristo, pero amigos verdaderos. Él ya nos ha elegido por amigos: “Vosotros sois mis amigos”. Ahora es necesario que nosotros le elijamos a Él como amigo nuestro, pero amigo de verdad, como nuestro mejor amigo.

Estoy feliz en este viaje, voy descubriendo gente maravillosa, todos ellos dispuestos a avanzar, a vivir esta experiencia con toda la disposición, con el sueño de llegar felices y llenos de sentido al destino final, donde cada uno habrá compartido con personas muy distintas, pero todos con la confianza que estaremos en el mejor lugar.