El Padre General anuncia el Año Ignaciano: Un llamado a la conversión

“Deseo que el centro de nuestro interés, durante este Año Ignaciano, sea una llamada a permitir al Señor obrar nuestra conversión inspirados en la experiencia personal de Ignacio”.


Esta es la invitación del P. Arturo Sosa, como Superior General, en una carta dirigida a toda la Compañía de Jesús el 27 de septiembre de 2019.

Este año ignaciano durará 14 meses, desde el 20 de mayo de 2021, fecha de la herida de Ignacio en la batalla de Pamplona, hasta el 31 de julio de 2022, fiesta de San Ignacio en el calendario litúrgico. El tema de la conversión está, por tanto, ligado a la experiencia del fundador de la Compañía. Es “gracias” a su herida que el Caballero Ignacio se vio obligado a una larga convalecencia durante la cual pudo reflexionar sobre su vida, sobre el sentido que su vida había tenido hasta entonces y sobre el sentido que podría tener después.

El año estará marcado por importantes eventos para toda la Compañía. El 12 de marzo de 2022 se celebrará el 400 aniversario de la canonización de San Ignacio. Recordemos que san Francisco Javier fue canonizado en la misma fecha que él, pero también santa Teresa de Jesús, san Isidro labrador y san Felipe Neri. La 71ª Congregación de Procuradores tendrá lugar en Loyola del 16 al 22 de mayo de 2022; será precedida, en 2021, por las Congregaciones Provinciales en todo el mundo.

En su carta del 27 de septiembre, el Padre General vinculó estas celebraciones de 2021-2022 con el espíritu de las Preferencias Apostólicas Universales. Escribe: “Las Preferencias Apostólicas Universales 2019-2029 han confirmado la llamada a nuestra conversión personal, comunitaria e institucional, necesaria para mejorar nuestra agilidad espiritual y apostólica. Aprovechemos esta ocasión para dejar actuar a Dios en la transformación de nuestra vida-misión según su voluntad.”

El lema elegido para el Año Ignaciano es: Ver nuevas todas las cosas en Cristo. Esto es a lo que conduce la conversión. El P. Sosa destaca una dimensión específica, la de la pobreza que, insiste, incluye la amistad personal con los pobres y la ayuda a los pobres. El Año Ignaciano debe convertirse en ocasión privilegiada para escuchar el grito de los pobres, de los excluidos, a quienes su dignidad ha sido irrespetada.

Fuente: Curia General de los jesuitas