Más “EnRedDados” que nunca

  •    Octubre 08 de 2019
  •    Pablo G. Ivorra Peñafort - Delegado de Comunicaciones Jesuitas Colombia
  •    Curia Provincial

Del 8 al 14 de septiembre se celebró la segunda versión del Encuentro #EnRedDarnos de la CPAL en Fusagasugá. Las Oficinas de Desarrollo, las radios confiadas a la Compañía de Jesús y las Oficinas Provinciales de Comunicación se encontraron para pensar y trabajar en las comunicaciones como una apuesta estratégica en la misión. Aprendizajes y sueños de este particular Encuentro.


Nos encontramos setenta personas (23 laicas, 32 laicos y 15 jesuitas) provenientes de las doce provincias de la CPAL, de Europa y Estados Unidos. Tuvimos cinco días de trabajo intensivo en los que hubo hasta cuatro agendas en simultáneo, así como diversos encuentros en común con las redes presentes. Esta rica agenda incluyó, entre otras cosas: una charla sobre las Preferencias Apostólicas Universales (PAU); un panel sobre el contexto latinoamericano actual; una reflexión sobre lo recorrido desde el Encuentro anterior en Córdoba 2017; una mirada a nuestro estado actual de proyectos y grupos de trabajo; un taller sobre narrativas y el arte de contar historias; un panel sobre el rol estratégico de la comunicación en la misión; un taller de percepción y gestión de marca; una reflexión sobre los actuales proyectos de la CPAL que involucran a todas las redes; un panel y un taller sobre manejo y gestión de crisis comunicacionales; y una planeación individual y conjunta hacia un futuro cercano.

Como todo buen encuentro, quedó un halo de esperanza mezclado con ansiedad. Esperanza porque hay mucho por hacer, porque hay buenas noticias de sobra como para cubrir décadas de contenido en los canales de la nuestra Compañía e Iglesia. Ansiedad porque, de tanto que hay por hacer, a veces no sabemos seleccionar a qué le vamos a apostar nuestras energías y recursos, y cuando ya se hace la apuesta, a veces nos quedamos cortos en el cómo, en lo técnico. Gracias a Dios, el misterio de la resurrección hace que la esperanza nos pese más que la ansiedad. Justamente este Encuentro nos permitió conocernos, encontrar posibles sinergias y, como nos invitaba en la eucaristía de apertura Carlos Eduardo Correa, S.J., Provincial de Colombia, aprender a sentirnos vulnerables para necesitar del otro. Sentimos que nos “EnRedDamos?”, pero también que nos enredamos. Pasamos por momentos de tener en nuestras manos marañas de hilos que no parecían tener sentido ni propósito final. Fue la esperanza la que nos permitió iniciar un tejido conjunto que, aunque no le vemos todavía forma final, ya inició firme y bello.

“Vete donde mis hermanos y diles” (Jn. 20, 17), le pidió Jesús a María Magdalena luego de encontrarse los dos junto al sepulcro vencido por el Resucitado. Es la primera experiencia de comunicación de la Buena Noticia. Es María Magdalena la primera en comunicar la resurrección de Cristo. A continuación tres grandes aprendizajes de nuestro Encuentro que nos deja esta bella, vigente y simbólica escena.

Uno, lo que no se comunica no existe. Sin esa invitación de Jesús y sin el camino presuroso y jubiloso de María Magdalena para ir a contar la noticia a sus hermanos, hoy tal vez no conoceríamos esa Gran Historia como la conocemos. Un pilar fundamental de nuestra experiencia de fe, desde su origen, ha sido contar aquello de lo que hemos sido testigos. Sin esta experiencia de comunicación comunitaria y de tradición oral, tal vez nada de lo que conocemos de nuestra fe hubiera sobrevivido. Hoy tenemos muchas más posibilidades que solo la tradición oral. No tenemos excusa para no contar historias.

Dos, quien cuenta una historia hace parte de la historia misma. Qué buena imagen pensar que la primera voz de nuestra Iglesia haya sido una mujer y, además, una persona excluida por la sociedad que la rodeaba. Dos ideas potentes que nos llaman hoy a girar la mirada hacia nuevos interlocutores y voceros de las Buenas Noticias de nuestra Iglesia. Como siempre, Jesús nos sorprende en este relato, no solo asignando esta importante tarea a una mujer excluida, sino también en el hecho de delegar la comunicación, pudiendo él mismo haber sido quien lo hubiera hecho. Es el símbolo de la naturaleza de nuestra fe: una experiencia comunitaria que no es unidireccional sino que se construye con el otro.

Tres, la misión es muy clara: comunicar esta Buena Noticia. Jesús sólo le pide a María Magdalena que vaya y diga la noticia. No le pide que solucione problemas ni arregle el mundo, porque es la misma noticia la que ya hará eso naturalmente. Quien salva es Jesús y nuestra función como comunicadores es solamente anunciar esta noticia. Por fortuna, en la Compañía de Jesús y en nuestra Iglesia tenemos fuentes inagotables de excusas para contar esta noticia de salvación.

Todos los días hay buenas historias en las que Jesús nos sigue salvando a través de jesuitas y laicos que construyen Reino desde sus rincones. Estará en nuestra pericia profesional y en las plataformas comunicacionales que se nos confíen, la clave para saber contar estas historias de la mejor manera. Esto sin olvidar que, lo primero que necesitamos es sentir la alegría de estar con el Resucitado, esa que hizo correr de júbilo a María Magdalena.

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