Homenaje al cardenal Rubén Salazar

"Palabras del padre Hermann Rodríguez, S.J., decano académico de la Facultad de Teología de la Universidad Javeriana, en el homenaje que le brindaron la sociedad huilense y la iglesia del sur país al cardenal Rubén Salazar Gómez, arzobispo de Bogotá y presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, el pasado 14 de junio en Neiva."


"+++Anotaciones mansas sobre la cultura huilense

“Periculosae plenum opus aleae,
Tractas et incendis per ignes
Suppositos cineri doloso”

“Emprendes una obra llena de azares y peligros;
porque caminas sobres ascuas cubiertas
de una ceniza engañosa”.

Horacio, Odas, Libro II Oda 1

Introducción

Debo comenzar esta conferencia a la que he sido invitado muy amablemente, reconociendo que se trata de un acto de atrevimiento académico y de osadía de principiante, el haber aceptado semejante reto que sobrepasa con mucho mis estrechos conocimientos sobre el departamento del Huila y sobre su cultura. Por eso afirmo con el poeta Horacio que se trata de una obra llena de azares y peligros… soy consciente de que camino sobre ascuas cubiertas de cenizas que aunque parezcan a veces apagadas, todavía pueden causar graves daños…

La tierra que vio nacer a mis padres, permite divisar a lo lejos el legendario y representativo cerro del Pacandé, donde el viajero recibe las primeras brisas de esta tierra opita, en la que los cerros se miran azules en las lejanías, y en la que los paisajes de ardientes llanuras, se combinan con los arrozales de verde color, para seguir la letra de una de las canciones más hermosas compuesta por el médico javeriano, Jorge Villamil, que retrata con poética finura, la belleza del Huila y de sus gentes.

Desde que me conozco, celebro en familia las fiestas de San Pedro y bailo sanjuaneros; como en todos los año nuevos lechona y desayuno muchas veces con tamal. Me fascinan los bizcochos de achiras y el bizcochuelo con su sabor a limón y aguardiente… No cambio por nada del mundo un sancocho hecho junto a un río, ni un buen masato recubierto con canela. Fui criado en una familia que comparte con el Huila un mismo valle, un mismo río, las mismas dos cordilleras que nos cercan y la misma cultura que nos llena de orgullo.

Por eso, aunque reconozco que no es tarea fácil, me alegro mucho por estar aquí, donde me siento en mi casa y pudiendo unir mi reflexión a la alegría de todo el departamento del Huila en este homenaje al Cardenal Rubén Salazar Gómez, cuya jerarquía humana y espiritual es la que, en el fondo, me ha cautivado para embarcarme en esta aventura académica que espero no los vaya a defraudar.

Las dos cordilleras: La escisión primordial del río

Los estudios sobre la cultura ofrecen hata 164 definiciones del término, aunque generalmente, se habla de cultura en dos sentidos fundamentales: 1) Como el cultivo de las artes y las humanidades. 2) Como los conjuntos de saberes, creencias y pautas de conducta que caracterizan a un pueblo. En este segundo sentido voy a referirme en este texto a la cultura huilense.

La cultura huilense, se ha construido sobre un territorio que está enmarcado por dos cordilleras, cada una de ellas con sus características y peculiaridades, pero que tienen su origen en mismo nudo montañoso. Se separan, para darle vía a un río que corre de sur a norte, atravesando y llenando de vida, el territorio de nuestro país.

Esta configuración geográfica, se me antoja como una metáfora de lo que constituye lo más propio y característico de la cultura huilense, que voy a tratar de esbozar con unas sencillas pinceladas que ustedes deberán completar.

El origen de ambas cordilleras, es común, sin embargo, se separan y toman distancia la una de la otra, para mirarse mutuamente y reconocerse en su diferencia. Aunque hay momentos en los que esta confrontación ha adquirido visos violentos y ha llegado a buscar la desaparición y eliminación del contrario, soñando con un mundo indiviso, que no acepta la diferencia de los contrarios.

Estoy hablando de que nuestra cultura se ha construido por contrarios que se necesitan, pero se repelen, para darle paso al río, que es el único lugar que los convoca.

Díganme si no fue eso la cultura megalítica del Alto Magdalena, conservada en torno a la organización de la cultura agustiniana (1), que ha sido declarada patrimonio cultural de la humanidad. Los antiguos pobladores de estas tierras, giraban en su comprensión del mundo y de la realidad entre el mundo de los vivos y sus dioses, y el mundo de los muertos y sus dioses (2). Dicha configuración cultural, permite vislumbrar la comprensión cósmica dual, como elemento religioso mágico y, además, la visión que se tenía sobre la estrecha vinculación que existía entre lo terrenal y la vida más allá de la muerte (3).

Una de las figuras más conocidas de esta cultura, representa un águila que lleva en el pico y en sus garras, una serpiente. El águila es un animal que une el cielo y la tierra. Por un lado, expresa lo que vivimos en este mundo y domina con su fuerza la naturaleza, pero por otro, se abre a lo que está más allá desplegando sus alas al infinito. Y este animal, que representa los dos mundos, lleva en su pico y en sus garras la serpiente, que sin la menor duda, representa la gravedad del río que danza entre las dos orillas inalcanzables de lo finito y lo eterno.

A partir de esta figura primordial, podríamos decir que la cultura huilense ha estado siempre cabalgando entre las dos cordilleras, unidas y separadas, solamente por el río: Cielo y Tierra, Sur y Norte, Interior y Exterior, Valle y Montaña, Nevado y Desierto, Frío y Caliente, Conquistadores y Conquistados, Cruz y Espada, Conservadores y Liberales, Clericalistas y Anticlericales, achiras y melcocha, Ciudad de Dios y Ciudad terrena, lo Divino y lo Humano, Campo y Ciudad, Alma y Cuerpo, Iglesia y Estado…

Y podríamos continuar así, de manera infinita, diciendo que en esta diferencia, que tiene siempre la tentación de verse amenazada por su contrario, se estructura la cultura huilense desde sus orígenes. Seguramente entre los asistentes a este homenaje, podríamos encontrar representantes de cada uno de estos polos, que siendo muchas veces opuestos, comparten vínculos familiares o disfrutan juntos de encuentros festivos alrededor de la música y el baile. Estas diferencias nos constituyen y nos dan identidad, pero ellas mismas tienen que reconocerse como nacidas de una misma fuente original, que hace que se mantengan unidas y se reconozcan mutuamente.

El río: El lugar de encuentro entre las dos cordilleras

El río, que para desgajarse del macizo colombiano, tiene que romper la unión de los Andes, abriendo una enorme zanja que divide las dos cordilleras es, sin embargo, el único lugar en el que ambas orillas se tocan y mantienen una relación fecunda. El origen del mundo, como lo señalan muchas culturas, está bañado por el agua que representa y hace posible la vida. Es como la imagen de un bautismo primordial. El Huila, en palabras del padre jesuita Luis Carlos Herrera Molina, originario de El Agrado, es “una mano generosa que desde la parcela mínima, entrega a Colombia su río, el Guacacayo, el Yuma, el río de la patria, por donde ha navegado la historia desde el nacimiento a la desembocadura. Lo recorrieron por milenios, en sentido contrario los primeros pobladores, nuestros indígenas primigenios, de norte a sur y de sur a norte y después los conquistadores y los colonizadores españoles, en busca de el dorado, lo recorrió el libertador soñando la independencia de estos pueblos y hasta los peces de muchas especies repiten cada año el recorrido: el bagre, el pataló, el bocachico… para desovar en sus fuentes maternales, en las cabeceras de las quebradas y los ríos de nuestra tierra, para devolver a la patria el ciclo vital. Porque somos la fuente más copiosa de agua pura, al menos hasta el momento” (4).

El río es el espejo donde el huilense se pude contemplar, encontrar su identidad y reconocer lo mejor que le regala a Colombia. El río es el Huila. El huilense, es el río. Incluso, más allá del río grande de la Magdalena, el Huila reparte sus aguas en todas direcciones:

“Nuestro departamento reparte generosamente las aguas incontaminadas desde sus orígenes, centenares de ríos y lagunas, desde el macizo colombiano: el Cauca, el Patía, el Caquetá y el Magdalena, corren precipitadamente hacia todos los puntos cardinales” (5) .

El río hace posible el paso de la tierra al cielo, porque en sus remansos se pueden contemplar las estrellas y la luna en las noches y en sus espumas pasajeras, se aquilata el oro brillante del sol canicular del mediodía… Pero también es en el río, donde habitan reflejadas, las dos cordilleras que cercan el valle majestuoso… y es el río el que las mantiene unidas en su diferencia.

Aquí es donde aparece el carácter poético del huilense, que no encuentra otro recurso más apropiado para expresar la confluencia y la diferencia de su propia alma, sino en el verso. El huilense es capaz de atrapar, como los habitantes de San Agustín, el cielo en la roca, de hacer del tiempo, una estatua. Ser huilense es navegar como el río por los caminos de la historia, defendiendo la vida, como la Cacica Gaitana o Piguanza, como José Eustasio Rivera o Rodrigo Lara Bonilla, por poner solo unos pocos ejemplos.

Ser huilense es identificarse con las cordilleras que nos cercan y nos separan por caminos que parecen a veces irreconciliables, pero que se descubren como herederos de una sola tradición y gestados en un mismo vientre. Ser huilense es sentirse hermano del que piensa distinto, del que cree distinto, del que siente distinto, del que obra distinto. Porque ser huilense es saberse distinto, tener un identidad clara, y sin embargo, compartiendo con toda la humanidad las riquezas de su rio, que es nuestro mayor tesoro, lo mejor de nosotros mismos, y lo mejor que regalamos al mundo. Ser huilense es defender los ríos, las aguas, la creación, porque en ella habita nuestra identidad y sin ella nos extraviamos irremediablemente por los caminos de la historia.

El huilense, como José Eustasio Rivera, debe apropiarse de su río, e identificarse con él, como lo hace en el prólogo de su obra, Tierra de promisión:

Soy un grávido río, y a la luz meridiana
ruedo bajo los ámbitos reflejando el paisaje;
y en el hondo murmullo de mi audaz oleaje
se oye la voz solemne de la selva lejana.

Flota el sol entre el nimbo de mi espuma liviana;
y peinando en los vientos el sonoro plumaje,
en las tardes un águila triunfadora y salvaje
vuela sobre mis tumbos encendidos en grana.

Turbio de pesadumbres y anchuroso y profundo,
al pasar ante el monte que en las nubes descuella
con mi trueno espumante sus contornos inundo;

y después, remansado bajo plácidas frondas,
purifico mis aguas esperando una estrella
que vendrá de los cielos a bogar en mis ondas.

Quiero terminar contando una breve historia que relata la conversación que tenía un abuelo indígena con sus nietos: “Dentro de nosotros luchan dos lobos que nos habitan; uno está lleno de caridad y de ternura, siempre está invitándonos a hacer el bien al prójimo y a cuidar la creación… es el lobo amable y alegre. El otro está lleno de odio y rencor y nos empuja a hacerle daño al prójimo y a la creación… es el lobo feroz que está lleno de una angustiosa tristeza. Uno de los nietos, lleno de sorpresa al escuchar esta dramática historia que retrata el interior de todo ser humano, preguntó: Abuelo, ¿Cuál de los dos lobos ganará? A lo que el abuelo respondió: Depende a cuál alimentes”.

En esta conferencia he hablado de las dos cordilleras, unidas y separadas por el majestuoso río grande de la Magdalena, como la constitución cultural de nuestro pueblo huilense. ¿Cuál de los dos lobos ganará?, podríamos preguntar: Depende la cultura que alimentes.

Muchas gracias.

(1) SALAS VARGAS, Reynel. “Historiografía del Huila. La historia general del Huila. Un texto para estudiar en los cien años del Departamento”. (75-86) Revista Huila. Órgano de la Academia Huilense de historia. Vol. XIII, No. 52, Neiva (Julio-diciembre) 2002.

(2) CHAVES, Alvaro y PUERTA, Mauricio. Tierradentro. Bogotá, Áncora, 1984, 21-22.

(3) Ibíd, 26.

(4) HERRERA MOLINA, Luis Carlos, Profetas de nuestro tiempo, Javegraf, Bogotá, 2004, p. 19.

(5) Ibíd."