Muchas gracias a Dios y a todos ustedes

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Por: Carlos E. Correa, S.J.

Noviembre de 2020

Al finalizar este tiempo de servicio como Provincial de la Compañía de Jesús en Colombia, experimento una gran necesidad de agradecer a Dios y a todos ustedes por tanto bien recibido.

Infinitas gracias a Dios porque en estos seis años me ha animado, me ha fortalecido, me ha dado la sabiduría de su Espíritu para el discernimiento, me ha acompañado en los momentos de consolación y de desolación, me ha conducido con suavidad, me ha manifestado su voluntad y me ha permitido estar profundamente unido a Él. Al igual que san Ignacio, siento que el Señor me ha enseñado como un maestro de escuela lo hace con un niño y me ha ayudado a vivir sabiamente ignorante cada uno de los acontecimientos de mi servicio apostólico.

Muchas gracias, Señor, porque he sentido y gustado tu amor y tu gracia; porque cada mañana, en el encuentro personal contigo, me fuiste dando muchas luces para tomar decisiones, para acompañar a otros, para buscar hacer en todo tu voluntad y para sentir el aliento permanente de tu Espíritu. Muchas gracias, Señor, porque siempre me manifestaste tu presencia y tu acción en las miles de situaciones que debía discernir y decidir, y porque en todo momento me dejaste sentir tu compasión, tu misericordia y tu perdón.

Gracias, buen Dios, por tantas personas que fueron tu presencia, tu luz y tu amor en mi vida. Gracias por los Asistentes, el Socio, los Consultores, el Administrador de Provincia, los Superiores de Comunidad, los Coordinadores de la Misión en cada Región, los Directores de las Obras Apostólicas y todas las personas de las oficinas de la Curia y de la Administración Provincial, quienes fueron mis más inmediatos colaboradores, porque, a través de ellos, recibí tu sabio consejo; porque cada uno de ellos me ayudó, con su arduo trabajo, para poder acompañar a personas e instituciones de este maravilloso cuerpo apostólico que es la Provincia Colombiana de la Compañía de Jesús.

Muchísimas gracias a todos los jesuitas y a todos los compañeros apostólicos por su cercanía, cariño, acogida, apoyo, entrega y bondad. Siempre me sentí muy bien recibido, atendido con muchos detalles, valorado desde muchas perspectivas y acompañado a través de un profundo respeto. Todos ustedes, jesuitas y compañeros apostólicos, han sido la manifestación de Jesucristo resucitado en mi vida. Sus palabras y gestos me han ayudado a mantenerme firme y decidido en mi servicio, a tratar de generar un trabajo cada vez más colaborativo y a mantener viva la esperanza. 

Gracias a todos y cada uno de ustedes porque, con su entrega en el servicio cotidiano de su Misión, han manifestado que el Amor de Dios se hace real en sus vidas y en nuestras instituciones; porque su compromiso ha servido para ir construyendo el reinado de Dios en medio de tantos conflictos, dificultades, violencias, exclusiones, polarizaciones y mentiras de nuestra sociedad colombiana. 

Muchas gracias por haber seguido apostándole a la construcción de una sociedad reconciliada, en paz, que promueve el perdón como la mejor forma de restaurar la vida plena y abundante entre los colombianos. 

Inmensas gracias a todos ustedes porque en medio de las dificultades de la vida han seguido creyendo que a través del discernimiento, la mutua colaboración, la formación del cuerpo apostólico y el trabajo en red en las Regiones y en las Obras Transversales y Locales, podemos seguir apostando por el anuncio del Evangelio; podemos vivir la cercanía y el caminar con los pobres, los descartados y los vulnerados de nuestra sociedad; podemos seguir acompañando a nuestros jóvenes en la creación de un mundo mejor para todos; y podemos comprometernos en el cuidado de nuestra Casa Común. 

Muchas gracias por comprender y vivir nuestra Misión de Reconciliación y Justicia, siendo comunidades de discernimiento con horizontes abiertos y viviendo con ardiente pasión por el Evangelio.

Pido perdón de corazón a todos los que no supe acompañar con sabiduría y amor; a todos los que no supe comprender y ayudar en sus momentos de dificultad; a todos los que hice sentir mal con mis palabras, gestos y actitudes. Pido perdón por las veces en que no acerté en alguna decisión y por las veces en que no fui capaz de liderar de la mejor forma el Proyecto Apostólico Regional de la Provincia. 

Les pido perdón si en algo los hice sufrir, o los escandalicé, o no fui testimonio de la presencia de Jesús para ustedes. Sé que cuento con la misericordia del buen Dios y la misericordia de todos ustedes, y que ahora lo importante es mirar para adelante, aprovechando todos los aprendizajes que este servicio apostólico me ha permitido descubrir.

Pido al Señor que a todos y a cada uno de ustedes los siga fortaleciendo en el amor, les siga regalando el deseo de servir sin condiciones en su Misión y los bendiga con la salud, la alegría y el crecimiento permanente en la fe, la esperanza y el amor.