Sacramento de unidad y vínculo de caridad

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Por: Enrique A. Gutiérrez T., S.J.

11 de junio de 2020

Ha llegado la otra solemnidad que anteriormente se celebraba el jueves y que, por esas cosas de los cambios, ha pasado al domingo. Se trata de la celebración de la fiesta del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, íntimamente conectada con lo que celebramos el Jueves Santo. Es la fiesta en la cual la Eucaristía es el centro, porque hacemos referencia a lo que significa para el cristiano en su diario caminar. Podemos verla como el sacramento de unidad y el vínculo de caridad.

Recordemos por unos momentos lo que eran las celebraciones del Corpus Christi en nuestros poblados y ciudades. Los altares por las calles, la procesión con el Santísimo, el homenaje de flores y frutos. Todo para homenajear a Jesús Eucaristía. Los signos nos hablan del sentido de unidad. Es un mismo pan y un mismo cáliz que expresan lo que queremos ser: comunidad de creyentes que se reúnen a compartir el pan de la palabra y el pan de la mesa eucarística. Es una sola fe la que nos invita a reunirnos en torno a la mesa del Señor. Dice un autor sagrado de los primeros siglos que “así como de muchos granos de trigo se ha hecho el pan que compartimos y de muchas uvas se ha elaborado el vino que tomamos, de la misma manera los creyentes estamos llamados a formar un solo cuerpo”. Es la mejor manera de expresar la unidad a la que estamos llamados los que profesamos una misma fe.

También encontramos que la eucaristía en palabras de San Agustín es “vínculo de caridad” porque el hecho de compartir el mismo pan nos lleva a sentir como nuestras las necesidades de nuestro prójimo, a hacer realidad lo que nos dice el libro de los Hechos de los Apóstoles al hablar de los primeros cristianos: “tenían un solo corazón y una sola alma”. Más aún, nos enfatiza el hecho de que “entre ellos no había pobres, porque todo lo ponían en común y a cada uno se le daba según sus necesidades”. Amor es sentirse hermano del otro para hacer menos sensible su dolor y necesidad, para hacer más grande su alegría y felicidad.

Me pregunto, ¿en qué momento perdimos esa profunda dimensión de solidaridad, forma privilegiada de vivir la caridad, el amor fraterno? ¿Por qué el mundo en el cual vivimos nos ha hecho tan insensibles a esa realidad del compartir fraterno? ¿Por qué la realidad se ha tornado tan diferente a lo que debería ser la comunidad de creyentes a la luz de la primitiva experiencia del Señor resucitado? ¿Por qué hemos permitido que nuestro sentido de comunidad se haya reducido a los espacios y tiempos que tenemos en la iglesia, como templo físico, impidiendo que afecte los diferentes ámbitos en los cuales nos desempeñamos? Todos estos interrogantes se resuelven si nos esforzamos por recuperar el verdadero sentido de nuestra participación en la eucaristía dominical: sacramento (signo) de unidad y vínculo de caridad, experiencia de fortaleza interior para hacer frente a los desafíos de un mundo complejo y convulsionado en el cual vivimos.

Invito a todas las personas que leen mi columna a que se pregunten cuál es el sentido que tiene para cada una la eucaristía en su vida como creyentes, qué sentido le encuentra a su participación en la eucaristía dominical, con qué frecuencia participa en la misma y si las palabras unidad y caridad le significan algo en relación con su compromiso cristiano.