El buen pastor: un desafío

El buen pastor: un desafío

Por: Enrique A. Gutiérrez T., SJ

Conocer a las ovejas, dar la vida por ellas. Dos acciones que el texto evangélico de este domingo señala como distintivo de aquel que puede ser llamado el Buen Pastor. Es una verdadera vocación y es una misión para toda la vida. Hoy, cuando celebramos el domingo del Buen Pastor, jornada mundial de oraciones por las vocaciones sacerdotales y religiosas, adquiere una fuerza mayor.

Todas las personas necesitamos guías y acompañantes en el camino de la vida. Guías que nos muestren el sendero por el cual debemos caminar, guías que nos muestren cuál es la meta que debemos alcanzar, guías que nos sirvan de ejemplo en ese recorrido y que nos sirvan de estímulo en el camino de cada uno. Al mismo tiempo, necesitamos acompañantes, personas que caminen junto a nosotros para ser nuestro apoyo, que nos den ánimo cuando sintamos que las fuerzas nos fallen, que conociendo a cada una de sus ovejas, puedan pronunciar la palabra oportuna, realizar el gesto adecuado, conforme a las circunstancias de la vida de cada uno.

Eso es lo que identifica al Buen Pastor, a ese que nos describe el evangelio cuando nos habla de “el buen pastor da la vida por sus ovejas; conoce a sus ovejas”. Dar la vida en el sentido del evangelio es cuidar, amar, servir, buscar todo lo que sea posible para que las ovejas se mantengan unidas, estén sanas y sigan al buen pastor. Conocer las ovejas es llegar hasta el corazón de cada uno, reconocer sus fortalezas y debilidades, sus triunfos y fracasos y encontrar la manera de aconsejar y orientar para lograr lo mejor de cada uno. Es todo un programa de vida.

Para todo lo anterior se necesita tener vocación, sentirse llamado, no se puede “ser asalariado, que no es pastor ni dueño de las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye; y el lobo hace estragos y las dispersa”. Afortunadamente, no es común encontrar ese tipo de asalariados. Encontramos, por el contrario, a esos sacerdotes que son verdaderos pastores, que gastan su vida en el servicio a la comunidad, que comparten con las ovejas que le han sido confiadas sus alegrías y esperanzas, sus gozos y tristezas. Esos pastores son los que conocen sus ovejas y dan la vida por ellas. Por ellos estamos llamados a elevar nuestra oración.

Al mismo tiempo, oramos por aquellos jóvenes que pueden sentir el llamado a ser pastores, ya sea en la vida sacerdotal o en la vida religiosa, para que respondan generosamente a ese llamado, para que descubran que es una posible opción de vida, para que reconozcan lo valioso de gastar la vida en el servicio y la entrega a los demás. Que esto forma parte del sentido de la vida, que es algo por lo cual vale la pena jugarse el todo por el todo. Ejemplos tenemos a lo largo de la historia, en los cuales se nos muestra a dónde puede llegar una vida vivida a la luz del seguimiento de Jesús, teniendo como camino y modelo a ese Buen Pastor que fue el mismo Jesús. Podríamos citar muchos nombres de ese tipo de pastores; sin embargo, lo dejamos al análisis a las personas que leen esta columna: ¿qué es ser buen pastor?