¿Qué es lo necesario en la vida?

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Por: Enrique A. Gutiérrez T., S.J.

Con frecuencia, cada uno de nosotros se hace la misma pregunta sobre aquello que considera es necesario en su vida. Al mismo tiempo, podemos analizar si lo que consideramos necesario es también algo importante. Porque de la respuesta que demos a estos interrogantes, podemos encontrar cuáles son nuestros valores y cuáles las prioridades. Hay personas que tienen como valores absolutos e innegociables las cosas materiales, la comodidad y el confort. Otros, el poder y el prestigio, y hacen lo que sea para ser tenidos en cuenta y para ser reconocidos. Hay también otras personas que colocan dentro de sus prioridades el servicio desinteresado, la entrega generosa, la solidaridad hecha vida.

Leyendo los textos de las lecturas de este domingo me encuentro con el profeta Isaías quien dice: “todos ustedes, los que tienen sed, vengan por agua; y los que no tienen dinero, vengan, tomen trigo y coman; tomen vino y leche sin pagar”. Más adelante, el apóstol Pablo, en la segunda lectura, nos dice: “¿qué cosa podrá apartarnos del amor con que nos ama Cristo? ¿Las tribulaciones? ¿Las angustias? ¿La persecución? ¿El hambre? ¿La desnudez? ¿El peligro? ¿La espada?” El mismo apóstol se responde: “ciertamente de todo esto salimos victoriosos, gracias a aquel que nos ha amado”.

El evangelio del domingo nos dice que cuando Jesús vio la muchedumbre que lo seguía “se compadeció de ella y curó a los enfermos”. Luego narra el milagro de la multiplicación de los panes. Puede uno pensar que Jesús se quedó en calmar el hambre de aquella gente. Pero no, era tan solo el signo de lo que se debe buscar en la vida, el alimento que fortalece desde lo más profundo. Es cierto que había una necesidad de alimento físico en aquella multitud, pero era más fuerte la necesidad y el hambre del alimento espiritual, de escuchar la palabra de alguien que les mostraba un verdadero sentido de la vida, una razón para ser mejores, para cambiar las actitudes que se podían quedar en el cumplimiento externo de las normas, sin buscar ese sentido trascendente.

El mundo en el cual vivimos nos muestra unos grandes desequilibrios sociales. Mientras unos lo poseen todo y son pocos, la inmensa mayoría no tienen ni lo necesario para vivir. En contraste, esas multitudes podrán pensar en algo más allá de sus necesidades básicas, de lo que les permita sobrevivir. Ahí entran en juego las actitudes profundas, las que nos permiten preguntarnos si el texto de Isaías se convierte en un reclamo a nuestro sentido de solidaridad, a dar respuesta a esas angustias, a abrir nuestro corazón a la necesidad del hermano, a reconocer que lo recibido es don y tiene una función social, que no podemos permanecer indiferentes, que estamos llamados a “compadecernos de esa inmensa multitud que sufre” y a buscar líneas de acción efectivas desde nuestro compromiso cristiano.

Colombia no es ajena a toda esta problemática. La realidad del desplazamiento forzado por diversas razones y circunstancias nos lleva a preguntarnos qué estamos haciendo para encontrar caminos de solución a esa problemática. No somos ajenos a la realidad de este drama, no podemos serlo, son hermanos nuestros. Sus problemas son nuestros y su dolor es también el nuestro. Ahí tenemos la clave para saber lo que es necesario en la vida.