Cercanía y solidaridad

Cercanía y solidaridad
  • Domingo Noviembre 24 de 2019
  • Aporte ecológico a la Homilía del Domingo
  • Alejandro Londoño Posada, S.J.
  • Ordinario

Para los revolucionarios de aquel tiempo, como eran los llamados celotes: un reinado independiente de la dominación romana. Para Jesús era diferente. Él quería un reinado de Dios, que se expresara, como lo mostraba con sus hechos y actitudes, en el Amor a Dios y al prójimo, pero en especial a los pobres y a los débiles.

San Pablo también estas características las tenía en cuenta, pero de un modo especial en la carta a los Colosenses les recordaba: “Cristo es la imagen de Dios invisible y el Primogénito de todas las criaturas, porque en el Él fueron creados todos los seres del cielo y la tierra” (Col.1, 14).

Pero añadía que Dios quiso “depositar en Él toda la plenitud de sus dones y reconciliar por Él y con Él todos los seres, restableciendo la paz en la tierra”, como lo afirma al final de dicho capítulo de la esta carta (Col. 1,20).

La encíclica LAUDATO SI afirma igualmente: “El Padre es la fuente última de todo fundamento amoroso y comunicativo de cuanto existe. El Hijo, que lo refleja, y a través del cuanto todo ha sido creado, se unió a esta tierra cuando se formó el en seno de María. El Espíritu, lazo infinito de amor, está íntimamente presente en el corazón del universo animando y suscitando nuevos caminos” (L.S., nr.138).

El domingo pasado tuvimos una muestra de esos caminos, que sigue suscitando Dios en la Iglesia. Celebramos la III JORNADA MUNDIAL DE LOS POBRES. El Papa Francisco para ese día nos recordó varios puntos. Uno de ellos, al comentar la palabras del Salmo 9: “Ellas expresan una verdad profunda que la fe logra imprimir sobre todo en el corazón de los más pobres: devolver la esperanza perdida a causa de la injusticia, el sufrimiento y la precariedad de la vida”.

Comentando cómo este salmo se escribió en una época en que la gente arrogante y sin ningún sentido de Dios perseguía a los pobres, nos dice cómo algo parecido sucede hoy, pues “La crisis económica no ha impedido a muchos grupos de personas un enriquecimiento que con frecuencia aparece aún más anómalo si vemos en las calles de nuestras ciudades el ingente número de personas que carecen de lo necesario…”. Pareciera estar hablando de Bogotá o alguna otra de las ciudades de Colombia.

Al final el Papa propone: “La condición que se pone a los discípulos del Señor Jesús, para ser evangelizadores coherentes, es sembrar signos tangibles de esperanza”. Y propone llevar esta y consuelo a los pobres, colaborar activamente para que nadie se sienta privado de cercanía y solidaridad. ¡Un verdadero amor a los pobres supone no sólo solidaridad en especial económica, sino cercanía afectiva!