Trabajar por el pan de cada día

Trabajar por el pan de cada día
  • Domingo Noviembre 17 de 2019
  • Aporte ecológico a la Homilía del Domingo
  • Alejandro Londoño Posada, S.J.
  • Ordinario

Es probable que muchas personas al leer el evangelio de hoy en Lucas 21,6 (“Llegará el día en que todo eso que ven será destruido; no quedará piedra sobre piedra”) le den un sentido apocalíptico y no piensan que se refiere a la destrucción del templo de Jerusalén.

Pero el mismo Lucas nos advierte más adelante que no nos dejemos engañar, pues cuando oigamos hablar de guerras y revoluciones no debemos alarmarnos, pues todo eso tiene que suceder primero, pero el final no llegará inmediatamente.

Pero la situación sí es delicada. No podemos seguir acabando con la selva del Amazonas, el pulmón del mundo. Ni seguir permitiendo en nuestros países que las transnacionales, por conseguir dinero, sigan buscando oro y otros minerales, con perjuicio de las comunidades campesinas y de todo el país en general.

Ya el Papa Francisco lo advertía en la encíclica LAUDATO SI: “Para que siga siendo posible dar empleo, es imperioso promover una economía que favorezca la diversidad productiva y la creatividad empresarial” (L. S., nr 129). Pero esto lo escribe, sin querer por supuesto el que sea con perjuicio de los campesinos.

Una prueba de lo anterior es cómo continúa afirmando que “hay una gran variedad de sistemas alimentarios campesinos y de pequeña escala que siguen alimentando a la mayoría de la población mundial”. Lo que no sucede con las economías de escala, que acaban forzando a los pequeños agricultores a vender sus tierras o a abandonar por desgracia sus cultivos tradicionales.

San Pablo a los Tesalonicenses les recomienda ser activos y no perezosos, a fin de que no les caiga encima aquello de que el que no quiera trabajar, entonces no coma. Y en seguida les añade: “Lo menciono porque hemos oído decir que entre ustedes hay gente que vive sin oficio, ocupados en todo menos en trabajar. A esos tales le mandamos y ordenemos en nombre del Señor Jesucristo que trabajen en paz para ganarse el pan” (II Tes. 3, 11-12).

Qué bueno que en este mes pidamos de un modo especial por nuestros hermanos campesinos para que no tengan que abandonar sus tierras por culpa de los gobiernos flojos, de los narcotraficantes o de la presión de las grandes empresarios.

Qué bueno que cuando estemos sentados a la mesa, no pensemos sólo en las grandes empresas y en su propaganda alimenticia, sino en aquellas personas que con el sudor de su frente nos estuvieron preparando lo que estamos comiendo. Y en que se está cumpliendo el Padrenuestro en aquello que pedimos al Señor: Danos hoy nuestro pan de cada día.