Abril 5: La pasión de Jesús en Mateo

Abril 5: La pasión de Jesús en Mateo

Por: Luis Javier Palacio S. J. 

Cada evangelio asume una perspectiva diferente respecto a la pasión que ordinariamente se entiende desde la oración en Getsemaní hasta la muerte de Jesús. Proclamar a Jesús resucitado es afirmar que la pasión no es un interludio infortunado que ahora se remedia, ni la resurrección un desquite frente a los causantes de su muerte, sino la fuente de una novedosa concepción de la vida y un ejemplo de seguimiento para los creyentes. Si no puede pensarse un Dios mayor que el que da la vida por los que ama, igualmente no es pensable un creyente más fiel que el que es capaz de hacer lo mismo.

Cada evangelista presenta el seguimiento de Jesús con su propio enfoque. En Marcos es Jesús mismo el discípulo ideal que debe resistir angustia, negación, falsa acusación, condenación y muerte. Seguir a Jesús es seguirlo en la pasión. Jesús es luz en tal oscuridad humana; es reconocido hijo de Dios por el centurión al verlo morir. Mateo es más eclesial con abundantes citas del Antiguo Testamento aplicadas a Jesús. Es el más judaizante de los cuatro evangelios. Habla de la ambición económica de Judas para traicionar a Jesús, aunque también anota su remordimiento; la mujer de Pilato interviene a favor de Jesús sin éxito pero su propio pueblo lo condena. Su muerte la describe como un evento escatológico con temblor de tierra, rocas hendidas, sepulcros abiertos y muertos vueltos a la vida. Lucas mueve el interrogatorio que Marcos ubica en la noche a la mañana y añade su comparecencia ante Herodes. Enfatiza varias veces la inocencia de Jesús. Incluye detalles menos crueles que Mateo como los testigos hostiles. La cruz misma produce arrepentimiento: «Y todas las gentes que habían acudido a aquel espectáculo, al ver lo que pasaba, se volvieron golpeándose el pecho» (Lc 23:48). Juan, en una presentación bastante singular y profundamente teológica presenta una pasión glorificada. Ascender a la cruz y ascender a la gloria son la misma cosa. Los mismos opositores de Jesús contribuyen a la manifestación de su gloria y asocia la Eucaristía a los discursos sobre el pan de vida, las reparticiones de panes y el lavatorio de los pies en vez de la última cena. La misma lanzada de Jesús pretende mostrar lo fructífero de la pasión. Es el bautismo en Pablo: ser sumergidos en la pasión y muerte de Jesús para ser como él resucitados. Es la unión de la pasión y muerte con la resurrección, unión de contrarios, lo que expresa la plenitud de la salvación. «Fue entregado por nuestros pecados, y fue resucitado para nuestra justificación» (Rm 4:25).

Cada evangelio ofrece una perspectiva singular recogida de la comunidad a la cual se dirige. Le devuelve, en forma más organizada, su memoria. Se tiene como un esquema bastante probable que Marcos se dirige a los creyentes de Roma, Mateo a los de Antioquía, Lucas a los de Atenas y Juan a los de Éfeso. En los cuatro, sin embargo, hay un consenso sustancial en cuanto al curso de los acontecimientos y la naturaleza de la pasión como el camino que conduce a la resurrección. Los cuatro evangelios ven el cumplimiento de las Escrituras, esquema propio del judaísmo.

La cristología contemporánea nos recuerda lo que era evidente pero se había oscurecido: Jesús era judío, hablaba como judío, se expresaba con categorías judías así fuera un judío especial o marginal. Los cuatro ven una historia salvífica en la pasión conforme a la “economía[1]” de Dios. En Marcos solo una vez se cita la Escritura de modo explícito aunque tiene muchas alusiones mediante citas implícitas. En dos ocasiones, la pasión en general es calificada conforme con la Escritura. El Evangelio de Mateo resalta con más claridad el recurso a la Escritura, sea directa o indirectamente. Que Jesús rechace todo intento de defensa lo fundamenta en la necesidad de que se cumpla la Escritura. Hoy, lógicamente, no se argumenta así. Aún siendo el más judaizante destaca la culpa judía y el fin de Judas; personaje ciertamente conflictivo pues Judas significa precisamente judío. Hoy es necesario purificar los mismos evangelios de rasgos antisemitas. En Lucas aparece más raramente el interés por la prueba de la profecía y en su lugar, presenta una verdadera historia de la salvación en tres períodos claramente delimitados. Dentro de ella, la pasión de Jesús aparece como un testimonio (martirio, en griego) conforme a la voluntad del Padre: «El Hijo del Hombre va según lo que está determinado» (Lc. 22:22).Tampoco hoy se argumenta de igual manera, pues el destino humano no está marcado por fatalidad ninguna. Si se trata de construir el reinado de Dios, éste no ha querido sin nosotros y nosotros sin él no podemos. Es sinergia, acción conjunta, cooperación entre la gracia y la razón de un lado y la  libertad humana por el otro. En Lucas, a diferencia de Juan donde Jesús da su vida libremente, la pasión de Jesús ocurre de acuerdo con el plan de Dios, de ahí la perspectiva edificante del sufrimiento de Jesús, modelo del mártir futuro: silencio y paciencia ante las acusaciones e insultos; inocencia admitida por Pilato y Herodes; pasa por alto sus propios sufrimientos; promete el paraíso al buen ladrón; ruega por sus enemigos y ejecutores; y finalmente expira con una palabra de confianza en Dios. Lucas es el evangelio del perdón y la misericordia, como Marcos lo es de la pasión, Mateo de la justicia y voluntad de Dios y Juan del amor (ágape) de Dios. Lucas mitiga la agonía espiritual de Jesús en Getsemaní; pasa por alto la fuga de los discípulos; refiere el llanto de algunas mujeres compasivas, a quienes Jesús dice que no lloren por él, sino por ellas y por sus hijos. Finalmente, es el único que nos habla acerca del efecto producido sobre los espectadores, que experimentan un cambio que va del odio al arrepentimiento. El evangelio de Juan también se interesa por la prueba de la profecía en los momentos cruciales pero pone de relieve la dignidad de la pasión de Jesús, entendida en clave de amor (ágape) hacia los suyos. Ser creyente, tener fe y amar se convierten en sinónimos. 

Los dos pulmones del cristianismo, la iglesia oriental u ortodoxa y la iglesia occidental (católicos y protestantes) difieren en el énfasis puesto en la pasión. Los occidentales han enfatizado más la pasión y muerte de Jesús así como su simbología: la cruz y el crucificado. Esto ha marcado la vida sacramental y de una manera clara la Eucaristía. Se mira más a Jesús dese la tumba. Los orientales, en contraste, han resaltado la resurrección y su simbología. La cruz se adorna con piedras preciosas y ausencia del crucificado. Se enfatiza la vida nueva y la deificación (proceso de divinización del creyente) en vez de su carácter de pecador. Su Eucaristía es más cósmica, universal, escatológica o de futuro. Su eclesiología es eucarística, es decir, que la Eucaristía no es un sacramento más en la lista de siete sino la expresión visible de la iglesia.El Concilio Vaticano II toma de ellos la idea de que la iglesia nace y se nutre de la Eucaristía. No celebra propiamente la Eucaristía sino que es la Eucaristía. Si la Eucaristía católica se celebra frente al crucificado, la oriental frente al Resucitado. 

Todos los autores del Nuevo Testamento consideran la pasión de Jesús a la luz de su resurrección y relacionan siempre estos dos momentos en el marco de la historia de la salvación. El énfasis en la cruz viene más bien de vaivenes de la historia y la teología. Pasión, muerte y resurrección forman un acontecimiento único dividido en tres actos. La misma vida pública de Jesús es descrita como extensión de la pasión hasta el nacimiento mismo, en Lucas y Mateo. A través de todo ello se produce un mundo reconciliado. Es la verdadera epopeya de la creación cristiana. Pasión, muerte y resurrección que lo son también del mundo (cosmos).

 

[1]Economía, que hoy parece referirse solamente al manejo del dinero, se usa para explicar la relación trinitaria. Oikoses casa, tribu, familia y nomoses norma, ley, procedimiento.