Diciembre 13: Testimonio de Juan

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Por: Luis Javier Palacio S. J. 

El testimonio del Bautista es requerido por los levitas y sacerdotes enviados desde de Jerusalén pues ellos eran los más interesados en cooptar o eliminar cualquier competencia religiosa. A la sazón era el grupo de los saduceos el que dominaba el Sanedrín y el Templo; eran los dirigentes del judaísmo. Los fariseos serían los “laicos comprometidos” que estudiaban la Toráh y enseñaban a la gente. La aparición en público de Jesús se abre con el testimonio del Bautista de que Jesús es el cordero de Dios y se cierra con el testimonio del “discípulo amado”. Como cordero de Dios, muere en la cruz a la hora del sacrificio de los corderos de Pascua, según Juan y un poco antes, según los sinópticos. En los sinópticos encontramos hostilidad entre las autoridades judías y el Bautista pero no propiamente confrontación (excepto el caso de Herodes Antipas que no era autoridad religiosa). En el evangelio de Juan, por el contrario, “los judíos” (como todos aquellos que rechazan a Jesús) van al ataque directo desde el comienzo. Juan utiliza israelita con sentido positivo como aquellos que son o pueden llegar a ser cristianos. Todo el evangelio de Juan es como un juicio extendido sobre Jesús por parte de los líderes de su pueblo y el Bautista es el primer testigo llamado. Los guardianes de la religión oficial desean saber con qué autoridad bautiza. Las respuestas que da sobre sí mismo son negativas y cambian cuando habla de quien vine detrás de él. Empieza negando que sea el Mesías. En los sinópticos es identificado el papel del Bautista con el papel de Elías que, Malaquías habría dicho, sería el precursor del Señor. Aquí el Bautista no acepta tal papel, ni el de profeta a la manera de Moisés como se lee en los documentos del Mar Muerto. El único papel que acepta para sí mismo es, al igual que en los sinópticos, ser la voz de Isaías que clama en el desierto y su única autoridad para bautizar es la tarea de preparar el camino para el mayor que él que vendrá. El episodio se cierra con la referencia geográfica de que bautiza fuera de la tierra prometida al otro lado del Jordán. En algunos manuscritos se lee Betania y en otros Beabara (el lugar del cruce) que para otros es Bet-harem (la puerta de la tierra). La idea sería repetir la entrada de Josué con los migrantes de Egipto para fundar la anfictionía de Israel. Jesús entraría luego a la tierra prometida (nuevo Josué) hasta que sea rechazado por su propio pueblo y vaya nuevamente a la tras-Jordania. Este territorio marcaría la vida pública de Jesús. En los sinópticos se mueve básicamente entre Cafarnaún, Corazaín y Betsaida, alrededor del lago de Galilea.

Siendo el evangelio de Marcos el más antiguo y base para Mateo y Lucas, vale la pena resaltar algunas diferencias en la presentación del Bautista como precursor de Jesús. Tanto Marcos como Juan critican el triunfalismo milagrero de sus fuentes. Pero mientas Marcos utiliza el “secreto mesiánico” que no se encuentra en Juan, este pone el énfasis en discursos irónicos respecto a los signos. No usa los otros tres términos griegos traducidos ordinariamente (no en la Vulgata) como milagros sino que usa sistemáticamente “signos”. Acude a menudo a los “equívocos joánicos” consistentes en que la gente entiende mal o malinterpreta lo que dice, como en el caso de los discursos del pan de vida. Tanto Marcos como Juan introducen el tema de la cortedad de los discípulos para entender, pero la presentan de forma diferente. Ambos presentan críticamente a Pedro. En Marcos, el influjo de Pablo, quien se opone a Pedro en la concepción de la ley judía, se reflejan tales ideas (Pedro es llamado Satanás) y en Juan hay una más o menos clara oposición a la autoridad creciente de Pedro como en los relatos de la tumba vacía y las apariciones y en el diálogo sobre el discípulo amado. Se dice que en Marcos el verdadero discípulo es Jesús mismo, quien aparece dando cumplimiento al evangelio y en Juan el discípulo ideal es el “discípulo amado” que no coincide con nadie en concreto. Vale recordar que Pablo es el evangelizador por excelencia de los gentiles y no aparece en ninguna de las cuatro listas  de “los doce”. Una tradición que debemos a Lucas.

Las polémicas anti-judías de Marcos y Juan tienen poco en común. Juan, en general, no cita las mismas Escrituras que cita Marcos. Lucas y Mateo añaden citas a las de Marcos, pero Juan utiliza otras citas. De ahí que la teoría más aceptada es que Mateo y Lucas se basan en Marcos mientras que Juan presenta un evangelio alejado de tal influjo. Para algunos el evangelio de Juan es el escrito de un místico judío. Esto frente a las lecturas que se hicieron del evangelio de Juan como teología pura, cercana a la filosofía griega, que dio origen a que sea el más citado en los debates de los primeros siete concilios, estructuradores de la dogmática cristiana. También frente a la lectura gnóstica de dicho evangelio, basados en su similitud de lenguaje.

El testimonio ha pasado a significar básicamente la declaración ante un tribunal o la afirmación verbal o escrita de algún suceso. Sin embargo, el testimonio, en su término griego y en los primeros cristianos, era básicamente el martirio. Ya en el Antiguo Testamento, el testimonio más claro de Yahvéh eran los profetas que terminan entregando su vida. Será posteriormente que se desarrolle el sentido de los mártires macabeos que más bien serían héroes nacionales similares a los de otras culturas y naciones. Pablo llega a afirmar que el testimonio (martirio) de Cristo es el testimonio por excelencia, aunque el creyente deba dar el testimonio desde la resurrección. El testimonio por antonomasia del Bautista sería su martirio, aunque aún no resulta clara la resurrección o misterio pascual. Pero no puede desconocerse que el evangelio de Juan también da el sentido de testimonio (martirio) a lo que lleva a la vida y no a la muerte. El testimonio, siempre de Cristo, pues al empezar con la encarnación del logos en Juan está Jesús resucitado desde el principio, es del que dan las Escrituras, el que da Jesús de sí mismo y el testimonio que dan los discípulos, especialmente del amor mutuo. Las expresiones para el testimonio del Bautista aparecen un tanto abstractas como suele ser en este evangelio. El Bautista da testimonio de la luz para que los hombres lleguen a la fe. Se da testimonio de la verdad. Frente a Pilato dice Jesús que su misión es dar testimonio de la verdad. Opone a la forma jurídica del testimonio el mayor valor de Jesús que da testimonio de sí mismo, porque sabe de dónde viene y hacia dónde va. Hace tal testimonio como el mismo del Padre, lo que resulta inaceptable para los fariseos. Las obras que Jesús hace dan testimonio porque son obras del Padre.

Gracias al avance humano en respeto y tolerancia por las diferencias, cada vez sería menor el testimonio (martirio) de sangre por razones religiosas pero no así por la opción evangélica por los pobres. No fue el caso de Esteban y Santiago tenidos por los dos primeros mártires, el primero de los heleno-cristianos y el segundo de los judeo-cristianos. Siendo la encarnación en Juan la encarnación del verbo (palabra, logos) no cabe propiamente que el Bautista sea su precursor y al comienzo viene más bien como quien señala y muestra a sus discípulos el “cordero de Dios” para que lo sigan. El Verbo, sin embargo, hasta ahora no había ofrecido a los hombres más que una revelación parcial (razón, moral natural, ley, profetas) pero ahora se revelaría en todo su extensión. Sabemos por el historiador Flavio Josefo que la figura de Juan ya gozaba de prestigio entre los judíos de manera que parece un buen entronque para la figura de Jesús. Una figura que como Verbo siempre habría existido. Pero Jesús mismo a su vez, pondrá el culmen de su testimonio en dar la vida por amor (ágape) de manera que su testimonio (martirio) tendrá una novedad absoluta: la única razón válida para llegar hasta la muerte: el amor (ágape).