Abril 14, 2019: Apuntes del Evangelio

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Por: Luis Javier Palacio S. J.

Es, en una larga historia de acrecencia de la celebración como termina más bien celebrada frente a la cruz, el crucificado y recordando más la muerte de Jesús que sus enseñanzas y vida de Resucitado. Incluso, llega a desaparecer la comunidad que es el cuerpo de Cristo, siendo sobre-enfatizadas las palabras que recuerdan la bendición sobre el pan y el vino; propiedad exclusiva del celebrante. La idea detrás era que la Iglesia “celebraba” la Eucaristía. Pero el Vaticano II nos recuerda mejor que la Iglesia nace y se alimenta de la Eucaristía. Ella misma se hace Iglesia en la Eucaristía; pasa necesariamente por la comunidad. En la teología ortodoxa, carece de sentido una Eucaristía privada pues la respuesta ¡Amén! del pueblo, luego de la invocación del Espíritu, es la palabra que lo compromete en su vida diaria. Decía Juan Crisóstomo que fuera del templo, en la plaza pública, la compasión por el pobre era la sagrada liturgia en la cual los fieles eran los sacerdotes. Pero es la misma Eucaristía la que debe alentarlos y comprometerlos a ser compasivos. El Concilio Vaticano II nos recuerda que la Eucaristía la celebramos todos, con el sacerdocio común del bautismo; el celebrante simplemente ofrece en nombre de la comunidad.

La versión más antigua de las palabras atribuidas a Jesús en la última cena, referentes a la presencia permanente de Jesús (resucitado) en la comunidad, es la de Pablo. Nos dice: «Porque yo recibí del Señor lo que os transmití: que el Señor Jesús, la noche en que era entregado, tomó pan, dando gracias, lo partió y dijo: "Este es mi cuerpo que se entrega por vosotros; haced esto en memoria mía." Asimismo tomó el cáliz después de cenar, diciendo: "Esta copa es la nueva Alianza en mi sangre. Cuantas veces la bebiereis, hacedlo en memoria mía." (1 Co 23-25). Como Pablo no conoció al Señor, de manera diferente a su experiencia pascual, parece claro que aquí se refiere a que el “Señor” es la comunidad cristiana. Las palabras similares de Marcos, Mateo y Lucas —Juan en vez de las palabras de “institución de la Eucaristía registra un largo testamento de despedida— son tomadas de Pablo y con variaciones en cada autor.

Que la Eucaristía la hayan asociado los primeros cristianos a la pascua judía, es apenas comprensible. Era el momento de recordar la historia de salvación del pueblo, dar gracias por pasar de esclavos del faraón a esclavos de Yahvéh, dar gracias por la creación y la tierra que mana leche y miel. Tanto la bendición del pan como la de la segunda copa de vino, eran objeto de la berakah (bendición especial, en hebreo). En cuanto al momento de celebrar la cena de Jesús, hay diferencias en los evangelios. Los sinópticos la ubican simultánea con la comida judía pero Juan la ubica la víspera y ubica así la muerte de Jesús simultánea con el degüello de los corderos en el Templo. Excepto por la muerte de tales corderos (su carne formaba parte de otros seis platos importantes de la cena) pascua era celebración de vida, no de muerte. Los evangelios muestran a Jesús como consciente de su posible muerte y la cena como el acto final de su vida autónoma. Luego viene la pasión en donde más que hacer le toca padecer. Los discípulos, en general, no quieren padecer y lo abandonan. Será después de la resurrección cuando modifiquen y cambien su manera de pensar. Los cuatro relatos de la última cena, Marcos, Mateo, Lucas y Pablo, coinciden en los gestos de tomar el pan, dar gracias, partirlo y repartirlo. Algo muy similar a los seis relatos de repartición de panes. Igualmente, en Lucas, algo similar al camino de Emaús en donde es reconocido en la fracción del pan, mientras que antes era un caminantes que sabía de las Escrituras. En los tres relatos (repartición de panes, última cena y Emaús) los verbos usados son los mismos. También coincide con Pablo en la identificación del pan como el cuerpo. El mandato “haced esto en memoria mía” es común a Pablo y Lucas así como la copa derramada para el nuevo pacto. No alude Pablo al deseo de tomar el fruto de la vid hasta que venga el reinado de Dios.

Lucas es el único que señala que los discípulos estaban reclinados en la última cena. Reclinarse era costumbre de los hombres libres romanos, no sentarse. Jesús invita a sus oyentes a sentarse en los últimos puestos cuando los inviten a un banquete. Lucas quiere mostrar que la última cena es un banquete especial entre iguales . También es Lucas el único que menciona la “pascua” en su relato de la última cena y la refiere a una ventura pascua en el reinado de Dios. Corresponde al sentido escatológico (futuro) que es parte esencial de la Eucaristía. El esquema que subyace al evangelio de Lucas es el del Éxodo por lo cual, la comunidad creyente está en camino hacia el reinado de Dios. Ya sabe a dónde va aunque le falte mucho por caminar.

Mucho se discutió en el pasado sobre las palabras «haced esto en memoria mía» pues llegó a entenderse como escenificar dramáticamente el relato. Así se hace con las grandes obras de los griegos, las obras de Shakespeare y otros grandes literatos. Muchas lecturas alegóricas de la misma liturgia eucarística, llevaron a ver en ellas escenas de la pasión, como por ejemplo, la procesión de ofrendas como el entierro de Jesús. Sin embargo, la pasión propiamente es la etapa en que Jesús, en vez de actuar, padece. Más significativo es que Jesús busque la encarnación de su vida pública; sus reparticiones de panes, sus cenas con fariseos, con Simón el leproso, con publicanos así como las indicaciones sobre el banquete del hijo del rey que debe invitar a los lisiados, rengos y cojos de los caminos. Una Eucaristía excluyente está lejos de reflejar el banquete del reinado de Dios esperado. El judaísmo tenía igualmente un banquete final con los patriarcas Abrahán, Isaac y Jacob. Sería el desposorio definitivo de Yahvéh como novio e Israel como novia. En el Apocalipsis se usa similar imagen, cuando se habla de las Bodas del Cordero con la Iglesia engalanada. Las dos son imágenes escatológicas de futuro, no de pasado ni de presente. Lucas, a diferencia de Marcos y Mateo, habla de un “nuevo pacto”, mientras los primeros hablan solamente de pacto. El pacto por excelencia era el del Sinaí, que ya había sido superado con la idea de “promesa”. Los mandatos escritos en piedra fracasaron porque debían estar escritos en el corazón, como el “nuevo pacto”. Durante el destierro a Babilonia desaparece el pacto. Si es un pacto entre Dios y la humanidad, sabemos que la humanidad falla de todas maneras. Si es un promesa, siempre se mantendrá en pié porque no será en vano. La misma resurrección de Jesús, como lo dice Pablo, es futuro para toda la humanidad y para toda la creación; sin la resurrección no hay Eucaristía; cuando mucho una obra escénica de algo que pasó hace dos mil años y no algo que debe seguir sucediendo: Quien entrega su vida al amor, no morirá nunca porque ya está resucitado o resucitando; es hombre nuevo, nueva creatura.