Junio 14: El alimento como gran metáfora

Junio 14: El alimento como gran metáfora

Por: Luis Javier Palacio S. J. 

Todos los seres vivos se alimentan y se sirven como aliemento unos a otros. La forma más extraordinaria de alimentación es la de las plantas, primera etapa en la escala trófica, que se alimenta de minerales de la tierra, agua y luz solar que son inertes. Algunas teorías como las de Richard Dawkins llevan la alimentación incluso a la escala de lo inanimado con sorprendentes ejemplos de comportamiento matemático. No es de extañar, pues, que la comida sea una metáfora común a todas las culturas y religiones, como signo de comunión íntima que incluye la divinidad.

Ofrecer comida a los muertos (que en algún lugar siguirían vivos), a los dioses, a los animales totémicos, a las montañas, ríos y otros seres inanimados, es costumbre universal. En el judaísmo la comida coronaba todas sus fiestas aunque se destacan las comidas del pacto con Yahvéh, la comida del Shabbath y la de Pascua con sentidos singulares. El alimento del desierto, maná y codornices, sufre una simplificación simbólica en el maná (exudación de la támarix mannífera al picarla una cochinilla) de manera que ya en Israel se convierte en trigo del cielo, pan de ángeles y pan del cielo. Dentro de este proceso de sacralización del maná se inscribe el discurso del pan en Juan, luego de la distribución de panes de cebada[1] a los hambrientos.

En el Génesis se dice que el hombre se alimentaría de los frutos del jardín y las bestias del pasto. Es luego del pacto de Noé que se les habría permitido matar animales para comer su carne. También hace Yahvéh un pacto con todos los seres vivos. De ahí que los animales se clasifican en puros e impuros y de los primeros, aunque se pueden comer, no puede tomarse su sangre que pertenece a Yahvéh. Es la comida kosher vigente hasta hoy en día para judíos y musulmanes (hallel). Las religiones orientales —el judaísmo lo era— son en general vegetarianas. Pero comer carne humana parece que es más bien un mito atribuido a pueblos primitivos (antropófagos) sin comprobación creíble. Fue difundido el canibalismo entre los indios caribes por imaginación de Colón. Caribe se deriva de caníbal. Se sabe que los indios cashibo de Brasil, consumen las cenizas de los huesos de los difuntos. Es una forma de animismo para la supervivencia del espíritu del muerto.

Los primeros cristianos fueron acusados de antropofagia en sus Eucaristías, donde supuestamente sacrificaban niños. Luego, en la Edad Media, serán los cristianos quienes acusen a los judíos de similar práctica con niños cristianos. El canibalismo es una forma de desprecio y victimización de otros, los diferentes, como los paganos. Luego de la Reforma se hará con los católicos. Sigmund Freud hara una análisis sicoanalítico del sacrificio ritual como el simbolismo de matar al padre y consumirlo, como en varios mitos griegos y de otros pueblos. El dios Cronos y el dios Saturno devoran a sus propios hijos. El “canibalismo simbólico” (la sangre o alguna parte del difunto) sí está confirmado en pueblos con sacrificios humanos como los incas y aztecas. En los cuentos europeos de Hansel y Gretel se populariza la bruja que come niños. Según Génesis 2:23-24, la unión de la pareja los hace una sola carne[2] (según la traducción griega) sin que se consuman mutuamente. No existía propiamente en el judaísmo el concepto de carne que conocían los griegos como contrapuesta al espíritu (cuerpo y alma) pues Yahvéh esba ínsito en toda vida.

En el evangelio de Juan la vida eterna depende de comer la carne y tomar la sangre de Jesús pero en este evangelio la vida eterna es sinónimo de conocimiento de Dios Padre. La unión del Padre, Jesús y los creyentes enre sí debía gozar de similar solidez. El maná no alcanzaría más que para esta vida, vendría de la tierra, era pecedero; el nuevo alimento sería todo lo contrario: para la vida eterna, caído del cielo e imperecedero. En los debates medievales sobre la Eucaristía, se llegó a hacer firmar a Berengario (bajo amenaza de muerte) que el pan y el vino luego de la consagración no eran simplemente un sacramento sino el verdadero cuerpo y sangre de Cristo. Que su cuerpo era tocado y quebrado por las manos del sacerdote y molido por los dientes de los fieles, no en forma sacramental sino real. Esto estaba basado en el fisicalismo aristotélico. El origen del debate había sido la afirmación del monje Pascasio Radberto de que el milagro por excelencia sucedía a diario y era la transubstanciación realizada por las palabras del sacerdote en la Eucaristía. En el pasado se habían propuesto varios verbos para el  sentido como metabolismo por Clemente de Alejandría; fragmento (resurrección) por Teodoro de Mopsuestia; metapoien (meta-acción) por Gregorio de Nisa; methistanai (mutación) por Gregorio de Nisa; metarrhuthmizein (reforma) por Juan Cristóstomo; metastoikheioun (ultra visible) por Gregorio de Nisa; metaplassein (transformación) por Cirilo de Alejandría; mutare, convertere, transfigurare por Ambrosio de Milán. La Reforma utilizará el nombre de consubstanciación (Lutero), impanación (Osiander), transignificación (Zwinglio), virtualidad (Calvino) y luego del Concilio de Trento aniquilación, creación, abducción, conversión (Roberto Belarmino). Luego del Concilio Vaticano II el teólogo dominico Schilleebeckx utiliza transignificacion y transfinalización. Hoy poca alusión se hace a la transubstanciación que resultó siendo un conflicto de siglos con exageraciones de defensores e impugnadores.

La sangre como señal de alianza o pacto no es invención del Nuevo Testamento pues ya se encuentra en el Antiguo: "Entonces tomó Moisés la sangre, roció con ella al pueblo y dijo: Esta es la sangre de la Alianza que Yahveh ha hecho con vosotros, según todas estas palabras" (Ex 24:8). Son las palabras que aparecen en el relato de la última cena. Igualmente aparece el perdón que incluye Mateo por el derramaiento de la sangre: "Ya no tendrán que adoctrinar más el uno a su prójimo y el otro a su hermano, diciendo: Conoced a Yahveh, pues todos ellos me conocerán del más chico al más grande —oráculo de Yahveh— cuando perdone su culpa, y de su pecado no vuelva a acordarme" (Jr 31:34). En la fiesta del perdón nacional o Yom-kippur, el chivo expiatorio no moría sino que era lanzado al desierto con los pecados del pueblo, hacia el demonio Azazel que viviría allí. El cordero se sacrificaba en acción de gracias y no para el perdón. Juan junta ambas cosas cuando el Bautista señala a Jesús como “el cordero de Dios que quita el pecado del mundo”. Ya Pablo había expresado, en otro contexto: "Purificaos de la levadura vieja, para ser masa nueva; pues sois ázimos. Porque nuestro cordero pascual, Cristo, ha sido inmolado" (1 Co 5:7). De las cuatro referencias a la Eucaristía, Pablo y Lucas hablan de cuerpo y pacto en vez de cuerpo y sangre con un lenguaje más helenista (anámnesis). Parecen reflejar la costumbre de Antioquía. Marcos y Mateo presentan similares palabras “esto es mi cuerpo”, “esto es mi sangre” con lenguaje más semita pero lejos de las creencias judías. Desde Abrahán e Isaac todo sacrificio humano estaba proscrito y la sangre no podía beberse jamás. En este sentido, el evangelio de Juan ha presentado diferentes interpretaciones. Para algunos su 'fisicalismo' es anti-gnótico, para otros, especialmente los concilios, era puera teología pero para otros críticos mas recientes todo su evangelio es místico como ya lo calificaban en el pasado Clemente de Alejandría y Orígenes. Sigue siendo fuente de inspiración eucarística como lo fue de debate en el pasado.

 

[1] Se dice que el pan de cebada era el pan del pobre. Juan enfatiza, a diferencia de los sinópticos, que el pan era de cebada. Mientras los sinópticos hablan de artos (pan, en griego), Juan habla de artos kritinos (pan de cebada, en griego).

[2] El original hebreo da un sentido un poco distinto: serán los dos una sola persona (bashar ehad), un mismo ser.