Junio 21: Catálogo de máximas

Junio 21: Catálogo de máximas

Por: Luis Javier Palacio S. J. 

El evangelio de hoy trae una serie de máximas de vida que quizás eran los resúmenes que los cristianos hacían de cómo vivían. Usan un lenguaje similar al sapiencial, común a muchos pueblos. No temais; nada esta siempre oculto; no tengáis miedo a la muerte física; temed a la muerte espitual; la providencia dirige la vida de los pájaros (con mayor razón la de los humanos); al que me negare lo negaré (esta máxima no es tan evangélica como se ve en el caso de Pedro que niega a Jesús pero no es negado por Jesús). Quizás uno de los temás que es más común a muchas religiones sea el de la Providencia, bien sea que se asigne a fuerzas naturales, a Dios, a una bondad natural del cosmos. Tertuliano opinaba que la Providencia era lo que le daba carácter universal al cristianismo. Pablo asegura que no importa lo que suceda al creyente, todo es para su bien, por su fe en la Providencia. “Por lo demás, sabemos que en todas las cosas interviene Dios para bien de los que le aman; de aquellos que han sido llamados según su designio” (Rm 8:28).

Como el ágape no puede ser sino descendente, podríamos perifrasear el vercículo como “para bien de los que aman a los demás”, como bien lo aclara Juan. Como en famosa frase de Leibniz en su teodicea: “Todo es para lo mejor en el mejor de los mundos posibles”. La Providencia en realidad es una idea de los filósofos estoicos (pronoia, en griego) que invitaban a vivir según la “razón universal” para llevar una vida ética o moral. Infortunadamente no cabía mucho la misericordia pues el tope máximo de perfección era la ataraxia, la apatía y la autarquía. Es decir, no sentir nada aunque el mundo se caiga a pedazos y no sufrir aunque los demás mueran por miles. Algo similar buscaron algunas espiritualidad de fuga mundi (huída del mundo).

Los rabinos judíos preferían hablar de Yahvéh a la manera como nos hablaban de niños: “Está por encima de ti viendo y escuchando todo y escribiando todo en un libro”. Más que Providencia era un gendarme. Las ciencias desbarataron la idea de Providencia pues el cosmos funcionaba con reglas inflexibles para todos, sin privilegios ningunos. En la Edad Media el concepto muta al concepto de naturaleza para los fenómenos naturales y causalidad natural, aunque con poco conocimiento de las leyes del cosmos como las descubren Kepler, Galileo, Newton y otros. Yahvéh no podía parar el sol a favor de Josué porque el sol esta siempre “parado[1]”.

  La idea de Providencia asume que Dios tiene un propósito con toda la creación, especialmente con la humanidad, y de manera más específica asume que dirige la historia. En el judaísmo parece clara pero en el cristianismo el asunto tiene sus bemoles, pues entra la libertad humana. Pero en general, la idea judía y cristiana de Providencia en teología nace con Filón de Alejandría pues la Providencia premiaría al hombre religioso y daría al disoluto tiempo para redimirse. Una sutil presentación de la ley de la recompensa. En el evangelio de hoy, Dios cuidaría de los seres humanos hasta en los más pequeños detalles. Pero Providencia (pronoia, en griego) terminó también significando que Dios conoce previamente (presciencia) lo cual va a enredarse con le concepto de predestinación, incluso para la crucifixión de Jesús. Varios padres de la iglesia contraponen la idea de Providencia a la pagana de destino, fatalidad. Agustín termina justificando la existencia de un mundo desigual (gobernantes y gobernados, amos y esclavos, etc.) por designio de la Providencia. Unos destinados a la salvación y otros a la condenación.

Averroes, teólogo musulmán, afirma que la Providencia no tiene nada que ver con hechos particulares y por tanto nada que ver con los individuos. La Providencia sería de leyes universales. Para Maimónides, teólogo judío, todo lo que sucede al individuo es justicia divina pues es la justicia perfecta. Para Tomás de Aquino la Providencia no es solo inteligencia sino querer divino. Puede suceder o no suceder algo a su “capricho” para lo universal y para lo particular. En el pensamiento católico (Bañez, Molina) el mal (pecado) es permitido a los hombres y a los ángeles para dirigirlos a un fin último que es Dios mismo. Se diferencia entre mal metafísico, físico y moral. Estos y la Providencia se armonizan por la educación, según Lessing. Para Hegel la Providencia no es más que la astucia del Espíritu Absoluto para regir la historia. Para Karl Barth la Providencia es la manera como Dios lleva a la iglesia y a toda la creación a que Cristo sea la cabeza (fuente) de toda la creación. Toda la historia no tiene más sentido que la realización del pacto providencial entre Dios y el hombre.

El Concilio Vaticano I promulga que la existencia de un Dios personal lleva a que Dios proteja y gobierne el mundo a través de su Providencia (idea de Pio XII). Dios actuaría continuamente en la historia. La tradición judeo Cristiana se opone al determinismo y postula un gobierno inteligente del mundo y los seres humanos como responsables moralmente de sus actos. Sin embargo, los hechos  horribles del pasado siglo (dos guerras mundiales, el holocausto) estimulan la visión de que la historia tiene más de trágica que de providencial. El tema que plantea el libro de Job sobre el sufrimiento del justo sigue sin resolverse y nos toca hacerlo a partir del sufrimiento de la cruz y la consecuente resurrección.

Solamente la fe del pueblo judío, con su final desastroso de la caída de Jerusalén, la destrucción del Templo y la diáspora de su pueblo, les permite seguir esperando el Mesías. La Providencia no es tan evidente en su historia de destierro e invasiones. La Providencia no resulta obvia en su historia misma; existe sólo en el campo de la fe que no ve lo que cree pero espera verlo. Aquí, tanto para el judaísmo como para el cristianismo, entra la escatología, el sábado eterno para el judísmo y el reinado de Dios para el cristianismo. Algo que no viene ni por el simple juego de las leyes, sean de las ciencias de la naturaleza o del espíritu, sino por la sinergia de Dios y el hombre. Dios, para el creyente, no ha querido hacer un futuro sin nosotros y nosotros sin él no podemos. Un futuro en el cual quizás nos toque escuchar la reprimenda: “Habéis estado esperando a Dios mientras Dios os estaba esperando a vosotros. No es sorprendente que el Reinado de Dios no haya llegado nunca. Habéis estado esperando una intervención mientras Dios ha estado esperando colaboración”. La oración del Padrenuesto esperando se realice la voluntad de Dios no está en indicativo (se hace tu voluntad) sino en el subjuntivo (optativo): que se haga tu voluntad (que yo la haga, que nosotros la hagamos). La oración indica lo inadecuado de cualquier discurso satisfecho con el presente estado de cosas y el prospecto de un futuro que sin embargo hunde sus raíces en el presente. La Providencia tiene que unir la lógica de la fe con la lógica de la esperanza. De otra forma no resiste los embates desastrosos del presente. ¿Quiso Dios esta guerra?, ¿quiso Dios esta desigualdad, esta pobreza, esta injusticia? El hecho escatológico de la vida misma de Jesús es su cruz, un Dios que que solidariza con el sufrimiento humano y no que lo suprime. Como expresaba el teólogo Jürgen Moltmann: “Solamente un Dios que sufre puede salvarnos”. La oración nos hace conscientes de que lo que hoy hacemos es la voluntad humana y la hacemos de forma violenta. Como podemos ver, cualquier máxima que tomemos del evangelio no es una fórmula mágica de solución de problemas. Requiere de nuestro aporte creativo en el Espíritu: la misericordia.

 

[1] Hoy tenemos otras teorías más cercanas a que todo se mueve, pues el universo se expande en forma curvilínea (no rectilínea), con agujeros negros de anti-materia.