Ubicar a Juan Bautista

Ubicar a Juan Bautista
  • Domingo Diciembre 08 de 2019
  • Apuntes del Evangelio
  • Luis Javier Palacio Palacio, S.J.
  • Adviento

Fue llevado por un carro de fuego al cielo en presencia de su sucesor Eliseo. Cuando algunos quieren atribuir a Jesús el papel de Elías, lo atribuye al Bautista, quien ya habría llegado, sin ser escuchado. El llamado del Bautista era el mismo de todos los profetas y de Jesús mismo: a la conversión. La diferencia básica es que el Bautista pedía conversión para escapar el juicio que llegaba y Jesús pide conversión para entrar en el reinado de Dios que llegada. Jesús era un judío de Galilea y en su juventud debió ser influenciado por la predicación del Bautista y en Marcos y Mateo se somete al bautismo de Juan. Simbólicamente era sumergirse totalmente en el Jordán, para reiniciar la fundación del pueblo, a la manera de Josué y las tribus. Según Flavio Josefo, el Bautista fue más importante que Jesús para el judaísmo. Su ministerio debió ser también anterior, aunque los evangelios lo ubican de diferente modo. En Marcos sale Jesús a vida pública luego de la prisión del Bautista; en Mateo fue encarcelado durante la vida pública; en Lucas apenas se encuentran en la visita de Isabel a María; en Juan el Bautista sería discípulo de Jesús y promotor vocacional. En los estudios históricos sobre Jesús se postula que Jesús habría sido discípulo del Bautista, al menos por un tiempo, antes de establecer su propio ministerio. En el evangelio de Juan la relación se ha invertido totalmente y el Bautista es el discípulo de Jesús. Cuando Pablo va a Éfeso encontró a unos cristianos que habían sido bautizados al modo del Bautista: «El replicó: «¿Pues qué bautismo habéis recibido?» - «El bautismo de Juan», respondieron» (Hc 19:3). Jesús elogia al Bautista como el más grande de los profetas. No sabemos mucho de los discípulos del Bautista. Sin embargo, su presencia no desapareció con la predicación de Jesús, ni se disolvieron a la muerte del Bautista; debieron dispersarse con la destrucción de Jerusalén y el Templo. Con Juan, la conversión y no la pertenencia étnica sería la clave de la salvación. El Bautista predica que Dios puede sacar hijos de Abrahán de las piedras. En las investigaciones modernas se ha encontrado similitud entre las enseñanzas del Bautista y los Rollos del Mar Muerto, pertenecientes a Qumrán o la comunidad de los esenios. En el judaísmo de la época había muchas sectas, siendo las principales: fariseos, saduceos, zelotas, esenios. Cada secta tenía su idea de Mesías, espiritualidad y modo de salvación.

El evangelio de Marcos se asocia con el León por empezar con los “rugidos” del Bautista en su predicación; a Mateo con el hombre por su genealogía de Jesús; a Lucas con el buey que se ofrecía en el Templo porque empieza con el sacerdote Zacarías; a Juan con el águila porque empieza con el Verbo y su cernimiento. Algunos comentaristas toman la palabra “pariente” de Lucas como prima para Isabel y hacen así primos segundos a Jesús y el Bautista. Los evangelios, sin embargo, muestran también el contraste entre el Bautista y sus discípulos y Jesús y los suyos. Los primeros ayunan y no los segundos; los primeros tienen oraciones fijas y los segundos no (una razón para recoger el Padrenuestro ); del Bautista dice la gente que tiene un demonio por ayunos y penitencias y de Jesús que es comilón y bebedor, amigo de publicanos y mujeres públicas. El Bautista no sigue el oficio hereditario de su padre y Jesús sigue la voluntad de su Padre. El nacimiento del Bautista se anuncia en el Templo y el de Jesús en una casa. Isabel es estéril y María es virgen; la primera desea un hijo con insistencia y María no lo desea pero lo acepta. Isabel es anciana y María doncella. María dialoga con el ángel de la anunciación y Zacarías queda mudo. Sin embargo, las historias individuales en las Escrituras no son propiamente como las nuestras de héroes individuales para exaltar sino de papelas para desempeñar en función del pueblo. Éste es el importante, incluso en el caso de Jesús. Abrahán, Jeremías, Juan Bautista, Pablo, Jesús tienen una misión en función del pueblo. Basilio de Cesarea llega a juzgar la vida monástica en solitario como contraria al evangelio. Esta vida monástica tendrá entre sus modelos bíblicos a Elías y a Juan el Bautista. Jesús, en su vida pública, no se predica a sí mismo sino el reinado de Dios. Son los discípulos los que pasan de predicar el reinado a predicar a Jesús. La manera de construir reinado de Dios es siendo como Jesús. La misma iglesia, en el Vaticano II vuelve a reconocer que el reinado de Dios es más grande que la iglesia. Como decía Agustín de ella: “No están todos los que son ni son todos los que están ”. Tanto los evangelios como los Hechos de los Apóstoles se ven a gatas para armonizar al Bautista como precursor de Jesús. Pero hay conflictos entre los dos grupos de seguidores que en el evangelio de hoy aparecen en la oposición entre bautismo de agua y bautismo de espíritu. El Bautista ofrece un bautismo de perdón de pecados (en Marcos) pero Mateo restringe la remisión de los pecados a Jesús y el bautismo de Juan queda restringido a la conversión.

La conversión, en el Bautista, que era para evitar la “ira inminente”, suponía, como en todo el judaísmo, una mayor y estricta fidelidad a la Torah (ley de Israel). Con Jesús la conversión es volverse a donde Dios está vivo que es el ser humano, especialmente los “pequeños”. Los mismos relatos de milagros pueden re-leerse como de conversión, primero para el beneficiario y luego para sus allegados. En cierta forma el movimiento del Bautista compite con el de Jesús pues sus teologías no eran idénticas. Si el Bautista era un asceta Jesús era un místico. El Dios de amor de Jesús es el del amor ilimitado por buenos y malos. Lo ejemplifica con el sol y la lluvia sobre justos e injustos. El reinado de Dios predicado, no solamente llega sino que ya está en medio de sus oyentes. Se produce una revolución en la relación de Dios con el hombre. La estrategia de Jesús era la opuesta a la de los fariseos, Juan el Bautista y los profetas mesiánicos que buscaban, mediante la exclusión, constituir un Israel puro. Jesús no funda una secta nazarena, o un resto de Israel, o una sinagoga separada que se volvería la iglesia. Su ambición era reformar la fe de Israel rompiendo su fundamentalismo que restringía la esperanza del reinado de Dios.

El bautismo de Juan se distinguía del de los prosélitos judíos, ya que se les administraba, no a los paganos, sino a los ya judíos, y era distinto de los baños diarios que practicaban ciertas sectas, como la de Qumrán, pues se hacía una sola vez. También se diferenciaba de la purificación anunciada por los profetas para el tiempo escatológico, ya que exigía la conversión individual. El bautismo cristiano, como bien lo define Pablo en la carta a los romanos y nos recuerda el Concilio Vaticano II, es sumergirse en la pasión y muerte de Jesús para ser como él resucitado. Tal tipo de bautismo no podía darse en la vida pública de Jesús cuando no se tenía la resurrección como clave de lectura. El sobre énfasis en el pecado, llevó a que por siglos, el rito bautismal se llenará de exorcismos y ritos de renuncia, sobre todo en la preparación de los catecúmenos y poco se enfatizará la resurrección que es su elemento esencial. Parece que no ha sido fácil superar el bautismo de Juan Bautista.