Alcance y limitaciones de la escatología

Alcance y limitaciones de la escatología
  • Domingo Noviembre 10 de 2019
  • Apuntes del Evangelio
  • Luis Javier Palacio Palacio, S.J.
  • Ordinario

Era literatura de moda en la época de Jesús y por supuesto influye en la redacción del Nuevo Testamento. El evangelio de hoy utiliza un argumento escatológico (serán como ángeles) para responder a un tema jurídico: ¿De quién será mujer la que enviudó siete veces? El número siete tiene un alto sentido cabalístico . Siete, en hebreo shebá se relaciones con shabá (= estar lleno, ser abundante, tener suficiente): el séptimo día es sinónimo de que la creación estaba completa y ya se podía descansar (shabbath = cesar, desistir, reposar). Los múltiplos de siete también son significativos como 7X7 (año del jubileo). A la Kaaba se le dan siete vueltas. Siete son los dones del Espíritu (tomado de Isaías). Siete cuerdas en la lira de Orfeo. Siete planetas eran el total conocido entonces. Siete eran los signos numéricos de los romanos (I, V, X, L, C, D y M). Siete une el cielo y la tierra (el cielo era tres y la tierra cuatro: aire, fuego, tierra y agua). Las fases de la luna tienes siete días. Siete son los pecados capitales. Siete son las notas musicales. Los números en la Biblia son más adjetivos que cardinales.

Para la interpretación de la escatología en las Escrituras se han propuesto varias tesis. Todas ellas tienen en cuenta que el futuro pertenece a Yahvéh, en el Antiguo Testamento y a Dios y el hombre en el Nuevo Testamento. Dios no ha querido crear un futuro sin contar con el hombre y el hombre sin Dios no crea más que un presente eternizado o un pasado redivivo. a) La escatología es un futuro que solo conoceremos luego de la muerte (infierno, cielo, purgatorio); b) la escatología, como lenguaje profético, es para que cambiemos ahora; su objetivo es la conversión en el presente; c) la escatología (el fin) ya empezó con Jesús; en los evangelios se da por realizada; d) toda la escatología se va realizando en la medida en que vivimos el día de hoy como si fuera el último de nuestra vida; e) la escatología es revelación para aplicarla en el presente y realizarla en el presente (quien pierda su vida ya la ganó); f) la escatología es mantener el presente abierto a nuevas posibilidades aún desconocidas, a lo novedoso, a lo sorpresivo, a lo inesperado, a la irrupción de Dios en la historia. Todas las tesis algo nos explican no solamente del sentido de las Escrituras sino de la actitud ética de los cristianos. Por ejemplo, se dice que la primera comunidad de Jerusalén tenía todo en común porque el fin sereía inminente. Pablo escribe: «Os digo, pues, hermanos: El tiempo es corto. Por tanto, los que tienen mujer, vivan como si no la tuviesen. Los que lloran, como si no llorasen. Los que están alegres, como si no lo estuviesen. Los que compran, como si no poseyesen. Los que disfrutan del mundo, como si no disfrutasen. Porque la apariencia de este mundo pasa» (1 Co 7:29-31). Hoy es claro que la escatología, como los profetas, no dicen nada propiamente del futuro. Tampoco tiene que ver con el fin del mundo, que obedece a otras hipótesis científicas (calentamiento global, entropía, agujeros negros, mareas solares, etc.). Tiene que ver, eso sí, con la actitud ética de la humanidad actual. Como lo dice la encíclica Laudato si´ (sobre el cuidado de la casa común) si no cambiamos (nos convertimos) no habrá futuro para nadie.

La iglesia ortodoxa sostiene que por el matrimonio la pareja se convierte en marido y mujer, no hasta que la muerte los separe sino para la eternidad igualmente. Esto supone, en lenguaje escatológico, que el compromiso mutuo es más solemne que en la iglesia latina. La idea es tomada del Cantar de los Cantares donde se expresa que el amor es más fuerte que la muerte. También Pablo expresa: «El amor no acaba nunca» (1 Co 13:18). Los ortodoxos aceptan segundas y terceras nupcias bendecidas por la iglesia. Podríamos suponer que la viuda sería esposa de los siete eternamente y entonces la poligamia escatológica, ¿justificaría la poligamia de los patriarcas? Matrimonio disuelto por la muerte, no supera el contrato del derecho romano, espiritualmente hablando. La indisolubilidad resulta siendo un concepto más legal que espiritual. Un asunto del cuerpo, indigno de entrar en el reino de Dios. Pero los judíos, aunque aceptaban el valor espiritual del matrimonio, se regía por las normas de un contrato (ketubah, en hebreo) a la manera como lo entendió la Reforma Luterana. Puede ayudar en la salvación, pero no es indispensable para la gracia.

El evangelio deriva la situación futura, escatológica, de una figura de ángeles, hijos de Dios, hijos de la resurrección, luego de la muerte. Las tres imágenes no son equivalentes y son metafóricas (“son como”, “son semejantes”, “son iguales”) para concluir que no cuenta el matrimonio en la vida escatológica. ¿Justificaría que no cuente en esta vida? Como estado civil, el Nuevo Testamento exalta por igual el matrimonio, la soltería, la virginidad, ser eunucos por el reinado de Dios. La pregunta de los espías se queda sin respuesta, pues la ley del levirato (levir = cuñado) de Moisés era para mantener el patrimonio dentro de la casa, tribu o clan. Una norma ventajosa para el varón y poco amable con la mujer en temas matrimoniales. Propiamente hablando, los judíos y por tanto el Antiguo Testamento no tiene una noción clara de vida luego de la muerte. Su religión es para esta vida y los nuevos cielos y la nueva tierra debían estar ligados a estos cielos y esta tierra. El levirato era para esta vida. Hoy nos parecería el levirato abusivo e insostenible. Sería una presión indebida en un acto que deriva su valor de la libertad de los novios. Entre los judíos y otros pueblos de Oriente, el matrimonio sigue siendo por pacto de familias. Pero no por ello las familias están peor que en Occidente. Debemos reconocer humildemente que nadie tiene la llave maestra del matrimonio. El debate de la, incluso tímida en algunos aspectos, exhortación Amoris Laetitia, lo confirma.

En muchos padres de la iglesia la escatología (el fin) es volver el principio, en el cual hubo un equilibrio supuesto entre el hombre y la mujer, perdido con la caída (mito del origen, edad dorada). El matrimonio, especialmente en Agustín, sería un remedio para la concupiscencia pero la virginidad sería más de alabar y más cercana al reino de los cielos. Así, Jerónimo dice que Juan es mayor que Pedro por el solo hecho de que Juan era célibe y Pedro casado. Son rezagos de pensamientos gnósticos y maniqueos. La escatología es lo contrario del principio (igualmente desconocido y expresado en mitos) y es un futuro abierto y desconocido, construible entre Dios y el hombre. Es la forma venidera del reinado de Dios. ¿Sabes qué harás tú mañana?, ¿sabes que hará Dios mañana? Lo que Dios haga con nosotros, puestos en sus manos, será maravilloso sin que sepamos qué será. Igual que el futuro de un matrimonio que debe construirse día a día; de otra forma, puede terminar en un infierno. El matrimonio, que se ha puesto en función de la familia, como ésta, debe evaluarse no con los roles o funciones asignadas sino con la calidad de vida; una vida capaz de producir crecimiento humano y cristiano; que urge más de espiritualidad que de legislación; más de misericordia que de juicio; más de fraternidad que de patria potestad; más de ideales escatológicos que de condenas adelantadas. Jesús no condena ni aprueba el levirato en esta vida. Tampoco pretendía el levirato regular la vida eterna. Si no hacemos aquí y ahora una vida más humana, misericordiosa y fraterna ¿tendremos derecho a esperar otra?, ¿vale la pena que el mundo que hemos destruido siga para siempre? La escatología es profetismo para cambiar hoy, a fin de que haya un futuro mejor para todos: para el casado, para el viudo y para el soltero (y el eunuco).