Construyendo paz y reconciliación desde las regiones

Construyendo paz y reconciliación desde las regiones

Construyendo paz y reconciliación desde las regiones

Carlos Eduardo Correa Jaramillo, S.J.
Proyecto Apostólico Regional
Julio 12 de 2017

Al inicio del año 2015 expresé, como nuevo Provincial de la Compañía de Jesús en Colombia, que era fundamental continuar con el Proyecto Apostólico Regional de Provincia, viviendo en “estado de discernimiento permanente” y avanzando en los proyectos definidos por cada una de las Regiones y por las Obras Transversales, como fruto del proceso de articulación de todos nuestros trabajos apostólicos, que buscaba generar un mayor impacto transformador en la realidad de nuestra sociedad.

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Hemos retomado las 4 grandes Prioridades Provinciales que ya habíamos formulado y que recogían, de forma sintética, todo lo que habíamos venido avanzando en el Proyecto Apostólico Regional de Provincia. Estas 4 Prioridades Provinciales estaban profundamente relacionadas y “alineadas” con las Prioridades del Proyecto Apostólico Común de la CPAL y las Prioridades de la Universal Compañía:

  • Espiritualidad Ignaciana, entendida como la experiencia y formación ignaciana comprometida con la realidad.
  • Educación Integral, entendida como las propuestas de formación integral para la civilidad y la construcción de un nuevo país.
  • Desarrollo Socioeconómico, entendido como las propuestas de desarrollo regional integral equitativo y sostenible.
  • Paz y Reconciliación, entendida como las iniciativas de construcción de paz, derechos humanos, reconciliación y perdón.

Con la firme decisión de continuar trabajando y avanzando en estas 4 Prioridades Provinciales, los invité para que trabajáramos con vigor y eficacia en dos “Apuestas” fundamentales para el momento histórico de nuestro país y de nuestra Provincia: La participación activa en Procesos de Paz, Perdón y Reconciliación, y la Formación para la Colaboración y el fortalecimiento del Cuerpo Apostólico.

Con respecto a la primera “Apuesta”, les pedí que nos comprometiéramos en la construcción de una Paz Estable y Duradera en nuestro país. Era consciente de que ya teníamos herramientas muy útiles para contribuir con los procesos de reconciliación y perdón en nuestra querida Colombia. Era necesario que le apostáramos a la resolución no violenta de los conflictos y a trabajar por una justicia restaurativa que buscará la transformación de las víctimas, los ofensores y todos los miembros de las diversas comunidades. Sólo desde la grandeza de experimentarnos como hijos de Dios y hermanos entre nosotros, podríamos acompañar los dolores y las luchas de tantos hombres y mujeres que buscan alcanzar una vida nueva, reconciliados en el amor. Para llevar adelante esta “Apuesta”, nos propusimos realizar un Proyecto que llamamos “Construyendo Paz y Reconciliación desde las Regiones”, liderado por el Asistente de Apostolados (con una Gerencia para el Proyecto), con el apoyo de todos los Coordinadores de la Misión Regional; de los Directores de las Obras Transversales y la financiación de PORTICUS.

Con respecto a la segunda “Apuesta”, les solicité que promoviéramos y realizáramos Programas de Formación Integral para las personas que participamos en el trabajo de la Compañía de Jesús en las diferentes Regiones y Obras, donde la vivencia de los Ejercicios Espirituales fuera el eje de dicha formación y donde el profundo conocimiento y vivencia de nuestra Identidad y Misión nos lanzará a ser cualificados evangelizadores. Era muy importante prepararnos con seriedad y hondura para ser capaces de responder a los desafíos y retos de nuestra sociedad; sólo así estaríamos fortaleciendo el Cuerpo Apostólico conformado por jesuitas, laicos y hombres y mujeres de buena voluntad que colaboran con Dios en su Misión, para ser “un fuego que enciende otros fuegos”.

Tenemos que reconocer que hemos ido avanzando poco a poco y que en este proceso nos vamos dando cuenta de que si nos juntamos, aportando las fortalezas de cada obra apostólica, podemos impactar muy positivamente la vida de los habitantes de las Regiones en donde prestamos nuestro servicio apostólico.

Estamos convencidos de que la firma del Acuerdo de Paz entre el Gobierno Nacional y la guerrilla de las FARC y los comienzos de una negociación de paz con la guerrilla del ELN, son una verdadera oportunidad para que todos los que participamos de la Misión Apostólica de la Compañía de Jesús, en esta Provincia, nos comprometemos para trabajar sin descanso por la construcción de una Colombia en paz, donde el perdón marque la forma de proceder entre los colombianos y la reconciliación nos permita generar comunidades fraternas, que vivan en justicia y equidad.

Es de mucho provecho que llevemos siempre en nuestros corazones y en nuestras mentes la vida de tantos hombres y mujeres que en Colombia han sido víctimas de la guerra o de la injusticia estructural. Conociendo de cerca sus historias y solidarizándonos con sus sufrimientos y angustias, podremos contribuir para que recuperen la esperanza y la alegría. Esto nos llevará a comprometernos seriamente para parar la guerra y para asumir una actitud proactiva en la transformación de las relaciones sociales, políticas, económicas, culturales y ambientales, de tal manera que nadie se sienta excluido de lo mínimo necesario para la vida digna y para que nadie vuelva a ser victimizado y degradado en su condición humana.

Las Obras Apostólicas de la Compañía de Jesús están invitadas a iniciar y a acompañar procesos y dinámicas transformadoras de la sociedad. Por eso, es necesario que todos nosotros respondamos al llamado de Dios para ser “Compañeros en una Misión de Reconciliación y de Justicia”, como nos lo propuso la Congregación General 36. Vale la pena que continuemos siendo muy creativos e innovadores en las propuestas de acción en cada una de las Regiones y en las Obras Transversales.

Busquemos colaborar con Dios en lo que ya está realizando con los colombianos, para que todos tengamos una vida plena y abundante. Nunca desfallezcamos en esta misión; mantengamos el vigor y el ánimo que surgen de la profunda experiencia de ser movidos por Jesucristo para que todos vivamos en su amor, como personas conscientes, competentes, compasivas y comprometidas.

La presión que ejerció en ese momento la ciudadanía para que se abrieran diálogos de paz fue importante, pues al Mandato por la Paz de 1997 se sumó la Asamblea Permanente de la Sociedad Civil por la Paz, que tuvo su primera sesión en 1998. De este espacio surgieron propuestas importantes, pues en él confluyó la iglesia católica, parte de sector empresarial liderado por Ecopetrol, sindicatos a la cabeza de la USO, y la Oficina del Alto Comisionado para la Paz (Villarraga, 2013, pp. 95-97). Las propuestas de sectores empresariales durante este período estuvieron encaminadas hacia nuevos enfoques de responsabilidad social, pero debido al aumento de los secuestros de personas de los gremios por parte de las FARC-EP y el ELN, en 1999 se promovió una campaña contra el secuestro que, con apoyo de los grandes medios de comunicación, se convirtió en una masiva campaña contra las FARC-EP bajo el lema “No Más”.

Las tensiones políticas de este período llevaron al descenso vertiginoso de la movilización por la paz. Ciertamente, la violencia paramilitar de estos años hizo mella en la movilización por la paz en todo el país, representó altos niveles de inseguridad para los/las líderes, las organizaciones y la ciudadanía en general, y así contrajo la movilización. A la vez, las iniciativas ciudadanas por la paz concentraron su atención en la zona de distensión, participaron en las mesas temáticas en El Caguán, aunque ello fuera un mecanismo tangencial y sin mayor posibilidad de incidencia en las decisiones de la mesa de diálogo entre FARC-EP y Gobierno. Lo anterior muestra que el papel de la ciudadanía fue más bien marginal y expectante de los resultados. Finalmente, los diálogos se rompieron en febrero del año 2002, cuando ya el debate para elecciones presidenciales tomaba fuerza.

La frustración fue generalizada, generó rechazo contra las FARC-EP y desconfianza en el mecanismo de las negociaciones. Las organizaciones promotoras de la paz apenas lograron reaccionar. Según Ana Teresa Bernal (como se citó́ en Villarraga, 2009), el fracaso de este intento de negociación también fue responsabilidad de la sociedad civil, pues: “No fuimos capaces de garantizar una movilización social ascendente [...]. Creímos que con el hecho de lograr que se sentaran a dialogar la tarea estaba hecha. No, era cuando más debíamos actuar, opinar, presionar” (p. 49).

El gobierno Pastrana diseñó el Plan Colombia como una apuesta a la profesionalización y modernización de la fuerza pública, mientras que las FARC-EP reforzaron sus frentes y comandancias y consolidaron mecanismos de financiación de la guerra a través del narcotráfico (2). Ante este escenario, gran parte del país se inclinó por la salida militar que representaba Álvaro Uribe Vélez (2002-2006), quien mantuvo una ofensiva contra las FARC-EP y el ELN durante sus dos períodos de gobierno. Paralelamente, negociaba la desmovilización de los grupos paramilitares, mediante una serie de agendas y pactos secretos (Pacto de Ralito) que permitieron la implementación de mecanismos de justicia transicional, consignados en la Ley de Justicia y Paz.

Sin embargo, la política de paz durante los dos periodos de Uribe (2002-2010) tuvo resultados más bien ambivalentes. Efectivamente, se redujeron los ataques de la guerrilla y los índices de secuestro disminuyeron, pero fue menos efectiva para reducir las cifras de desplazamiento. También fue notorio el aumento de los abusos por parte de los agentes del Estado. Hubo ataques y espionaje contra miembros de las ONG, periodistas y activistas políticos; se registraron más de 1.000 ejecuciones extrajudiciales (falsos positivos), en las que jóvenes inocentes fueron presentados como guerrilleros abatidos en combate. En este escenario, la movilización expresa la polarización social y política respecto a los mecanismos de resolución de conflictos: negociar o confrontar.

Paradójicamente, mientras las organizaciones de víctimas sobresalieron en estos escenarios y en parte sostuvieron la movilización durante estos años, no se logró reactivar un movimiento ciudadano capaz de exigir diálogos con la insurgencia. En los acercamientos que el gobierno Uribe tuvo con el ELN, el papel del movimiento por la paz fue muy limitado; en los acuerdos con los paramilitares en Santafé de Ralito, prácticamente nulo. Por otra parte, el discurso de la paz estaba proscrito de la escena pública, aquellos que promovieran los diálogos, la salida negociada o rechazaran los atropellos de la acción militar de la fuerza pública y el paramilitarismo eran arbitrariamente asociados con la guerrilla.

Ahora bien, subrepticiamente, en medio de todo esto, operaba la diplomacia por la paz. Este ejercicio combinado de actores internacionales, funcionarios públicos e intermediadores civiles sirvió para explorar otros medios de acercamiento con la insurgencia. Tanto así que, tan pronto como Juan Manuel Santos asumió su primer periodo presidencial (2010-2014), cambió el discurso militarista del gobierno anterior, sorprendiendo al conjunto de la ciudadanía al anunciar su intención de iniciar diálogos con las FARC-EP. Ello reactivó de forma inmediata las redes nacionales de la movilización por la paz que se prepararon para este posible escenario promoviendo espacios de debate y diálogo (Santos - Calderón, 2010).

El proceso de paz en La Habana enmarca la mayor movilización por la paz de los últimos quince años. Contrario al caso de El Caguán, en donde se disminuyeron de manera notoria las acciones por la paz, el caso de La Habana muestra que la ciudadanía ha estado más atenta y activa, aportando en los escenarios de participación activados por la mesa de diálogos, especialmente lo ha hecho el sector de víctimas, que ha participado de forma directa.

Notas:

Cf. Rampf, D y Chavarro, D. (2014). “La Asamblea Nacional Constituyente de Colombia – De la exclusión a la inclusión o ¿un esfuerzo en vano?”; De la Calle, H. (2004). “Historia íntima de la Constituyente de 1991”; Buenahora, J. (1995). “La democracia en Colombia: Un proyecto en construcción”. En contraste, Hernando Villa plantea en 1996 que es muy difícil considerarla como un pacto de paz, pues debido a que no tocó a fondo el tema de la reforma a las fuerzas de seguridad del Estado, esta podría terminar por convertirse en otra constitución para la guerra, como lo habían sido las anteriores constituciones (Valencia, 2012). Valencia, H. (2012). “Cartas de Batalla. Una crítica del constitucionalismo colombiano”.

Para un análisis detallado de la correlación de fuerzas en el contexto de la Mesa de Diálogos de San Vicente del Caguán, véase: Jerónimo Ríos Sierra. (2015). “Del Caguán a La Habana. Los diálogos de paz con las FARC en Colombia: una cuestión de correlación de fuerzas”; Camilo Leguízamo. (12 de agosto de 2002). “Reflexiones sobre el proceso de paz del gobierno de Andrés Pastrana y las FARC-EP (1998-2002)”.

Bibliografía

CINEP/PPP. (2013). Informe Especial. Luchas Sociales, Derechos Humanos y Representación Política del Campesinado 1988 – 2012. Bogotá́, D. C.: CINEP.

García - Durán, M. (2006). Movimiento por la Paz en Colombia. 1978-2003. Bogotá́, D. C.: CINEP.

García - Durán, M. (2010). Colombia: Conflicto armado, procesos de negociación y retos para la paz. En A. Vargas-Velásquez et al., Colombia: escenarios posibles de guerra o paz (pp. 251-285). Bogotá́, D. C.: Universidad Nacional de Colombia.

García - Durán, M. (2013). ¿Hasta dónde se configuró un movimiento por la paz en Colombia en los años noventa? Pistas para una respuesta. En A. Villarraga (Comp.), Movimiento Ciudadano y Social por la Paz (Tomo IX, Biblioteca de la Paz 1980 -2013). Bogotá́, D. C.: Gente Nueva.

Santos - Calderón, J. M. (7 de agosto de 2010). Discurso del Presidente Juan Manuel Santos Calderón. ¡Le llegó la hora a Colombia! Recuperado de http://wsp.presidencia.gov.co/Prensa/2010/Agosto/ Paginas/20100807_15.aspx.

Villarraga, A. (Comp.). (2009). Diálogo, negociación y ruptura con las FARC-EP y con el ELN (Tomo V). Bogotá́, D. C.: Fundación Cultura democrática.

Villarraga, A. (Comp.). (2013). Movimiento Ciudadano y Social por la Paz (Tomo IX, Biblioteca de la Paz 1980 – 2013). Bogotá́, D. C.: Gente Nueva.