Aportes de la CG36 para afectarnos:

Aportes de la CG36 para afectarnos:

Luis Javier Sarralde, S.J.
Proyecto Apostólico Regional
Julio 12 de 2017

El Padre General Arturo Sosa S.J., en la carta con la que promulga oficialmente los textos de la CG 36, afirma que "los decretos de la CG 36 son una invitación a entrar en la fase de la elección de nuestra vida como jesuitas y de nuestro modo de proceder en la misión. Son una invitación a elegir este camino y ponernos, sin condiciones, a la entera disposición de quien nos llama".

El proceso de Regionalización nos desacomoda, nos desinstala de nuestras zonas de estabilidad y de seguridad, ya que procuramos permanecer en estado continuo de discernimiento, a la luz del Espíritu. Este proceso no es una estrategia simplemente programática de tipo empresarial, o de tipo operativo cual gestión de una gran ONG. Dicho proceso será tanto más fecundo de frutos en el Espíritu, en tanto que con ocasión del mismo, podamos ser mujeres y varones de quienes se pueda afirmar su identidad como hombres de ardiente pasión por el Evangelio (CG 36, D.1. nn. 17 al 20).

Son cinco actitudes que podemos entresacar principalmente de los Decretos 1 y 2, que llevan por título Compañeros en una Misión de Reconciliación y de Justicia, y Un Gobierno renovado para una Misión renovada respectivamente. Esas actitudes son, por así decirlo, condiciones concretas de posibilidad para que pueda hablarse entre nosotros, de una verdadera misión de Reconciliación y de Justicia, basada en la Fe en Jesucristo y en clave de pertenencia a la Iglesia, de una Iglesia en salida al mundo, a la humanidad, como lo ha señalado el Papa Francisco claramente en todo su magisterio. Aquí, por efectos de espacio, sólo dejaremos descritas tales actitudes en algunos de sus rasgos.

En primer lugar, aparece la necesidad de retornar a las raíces de la Compañía de Jesús en sus orígenes: volver a ser comunidad de discernimiento. El discernimiento se favorece si un grupo de vida en la fe, sea la comunidad, sea el equipo de trabajo de una obra apostólica, o bien la misión regional, toma en cuenta el criterio de una vida más sencilla y sobria, como la de tantos en el mundo: los pobres. A ellos fueron siempre cercanos, afectiva y materialmente los Primeros Compañeros quienes vivieron pobremente. La comunidad de discernimiento no es autorreferencial, sino que en medio de horizontes abiertos, de trabajos diversos, y normalmente de alta especialización, se mantiene unida por el seguimiento de Cristo como un solo cuerpo. El discernimiento fortalece el sentido de cuerpo y por ende, “cuando la misión no recibe el apoyo del cuerpo de la Compañía corre el peligro de languidecer”. El discernimiento fundamenta las decisiones de toda autoridad legítima.

En segundo lugar, el discernimiento de la comunidad, o bien de una obra, o de la Región es posible si en ella, se fomenta y se cultiva la conversación espiritual. Para la CG 36, la conversación espiritual es ese intercambio de escucha activa y receptiva, de aquello que nos toca más hondamente, al considerar los movimientos espirituales, individuales y comunitarios que permitan elegir el camino de la consolación que fortalece la fe, la esperanza y la caridad. Tal conversación favorece la confianza y la apertura en nosotros y en los demás, con el fin de tomar cualquier decisión.

En tercer lugar, se puede ser ministro de la Reconciliación y de la Justicia, sólo cuando se ha experimentado en carne propia la misericordiosa mirada de Dios sobre nuestras debilidades y sobre nuestro pecado. Tal experiencia nos vuelve humildes y agradecidos con el Señor; y de esta manera, no de ninguna otra, nos convertimos en ministros de misericordia para con todos. La experiencia fundante de la misericordia de Dios, ha sido siempre la fuente de aquella audacia propia de la Compañía, que estamos llamados a preservar en nuestras vidas y en nuestras obras.

En cuarto lugar, como lo hicieron las Congregaciones Generales 34 y 35, y en sentido de la repetición ignaciana, se nos pide de nuevo el trabajo en colaboración entre todas las personas con las que compartimos la misión, especialmente con aquellas inspiradas por la espiritualidad ignaciana. En línea con lo dicho en la primera parte del mes de Enero, y parafraseando al Padre General Arturo Sosa SJ, vale la pena afirmar que la colaboración no es una estrategia utilitarista, dada la disminución del número de jesuitas; eso sería traicionar el verdadero sentido de la colaboración. En este momento de la Iglesia y de la Compañía, son los laicos quienes dan vitalidad y empuje a las obras, y aún al proceso de la Regionalización. Por otra parte, esa colaboración no es endógena, no mira a la Compañía misma, sino que es una colaboración abierta, porque se ofrece a los proyectos, iniciativas o actividades de otros, a quienes la Compañía puede ofrecer apoyo humano, técnico, intelectual o económico.

Y finalmente, una actitud consecuencia de la colaboración, es la disponibilidad especialmente de las obras y aún de las personas, capaces de aportar su visión y su liderazgo para el trabajo en Red, es decir, para la misión en colaboración. Ese trabajo en red “se construye cuando se comparte la misma visión y presupone una cultura de la generosidad, abierta a la colaboración con otros y el deseo de celebrar sus logros”. En este sentido, cada misión Regional de la Provincia es, por así decirlo, una red regional del servicio apostólico que se pretende por medio de las obras locales presentes en el territorio concreto.

Nuestra Provincia, bien sea en las Regiones de Misión donde estamos presentes, bien sea en las diversas obras apostólicas, podría y debería examinar continuamente, desde la pedagogía ignaciana de inquirir, de indagar y de evaluar mucho, qué tanto refleja en su servicio las actitudes que acaban de ser expuestas, de modo que seamos todos realmente «compañeros en una misión de Reconciliación y de Justicia». Promover unos hábitos y una cultura permanente de comunidad de discernimiento, de conversación espiritual, de agentes misericordiosos, de sinceros colaboradores, que obran como facilitadores del trabajo en red, debería ser –valga la redundancia– lo habitual y lo natural en nuestro modo de ser y de proceder. En la hora presente y de cara al futuro de nuestra sociedad en Colombia, esos hábitos son hoy más que nunca insoslayables.

Paradójicamente, mientras las organizaciones de víctimas sobresalieron en estos escenarios y en parte sostuvieron la movilización durante estos años, no se logró reactivar un movimiento ciudadano capaz de exigir diálogos con la insurgencia. En los acercamientos que el gobierno Uribe tuvo con el ELN, el papel del movimiento por la paz fue muy limitado; en los acuerdos con los paramilitares en Santafé de Ralito, prácticamente nulo. Por otra parte, el discurso de la paz estaba proscrito de la escena pública, aquellos que promovieran los diálogos, la salida negociada o rechazaran los atropellos de la acción militar de la fuerza pública y el paramilitarismo eran arbitrariamente asociados con la guerrilla.

Ahora bien, subrepticiamente, en medio de todo esto, operaba la diplomacia por la paz. Este ejercicio combinado de actores internacionales, funcionarios públicos e intermediadores civiles sirvió para explorar otros medios de acercamiento con la insurgencia. Tanto así que, tan pronto como Juan Manuel Santos asumió su primer periodo presidencial (2010-2014), cambió el discurso militarista del gobierno anterior, sorprendiendo al conjunto de la ciudadanía al anunciar su intención de iniciar diálogos con las FARC-EP. Ello reactivó de forma inmediata las redes nacionales de la movilización por la paz que se prepararon para este posible escenario promoviendo espacios de debate y diálogo (Santos - Calderón, 2010).

El proceso de paz en La Habana enmarca la mayor movilización por la paz de los últimos quince años. Contrario al caso de El Caguán, en donde se disminuyeron de manera notoria las acciones por la paz, el caso de La Habana muestra que la ciudadanía ha estado más atenta y activa, aportando en los escenarios de participación activados por la mesa de diálogos, especialmente lo ha hecho el sector de víctimas, que ha participado de forma directa.

Notas:

Cf. Rampf, D y Chavarro, D. (2014). “La Asamblea Nacional Constituyente de Colombia – De la exclusión a la inclusión o ¿un esfuerzo en vano?”; De la Calle, H. (2004). “Historia íntima de la Constituyente de 1991”; Buenahora, J. (1995). “La democracia en Colombia: Un proyecto en construcción”. En contraste, Hernando Villa plantea en 1996 que es muy difícil considerarla como un pacto de paz, pues debido a que no tocó a fondo el tema de la reforma a las fuerzas de seguridad del Estado, esta podría terminar por convertirse en otra constitución para la guerra, como lo habían sido las anteriores constituciones (Valencia, 2012). Valencia, H. (2012). “Cartas de Batalla. Una crítica del constitucionalismo colombiano”.

Para un análisis detallado de la correlación de fuerzas en el contexto de la Mesa de Diálogos de San Vicente del Caguán, véase: Jerónimo Ríos Sierra. (2015). “Del Caguán a La Habana. Los diálogos de paz con las FARC en Colombia: una cuestión de correlación de fuerzas”; Camilo Leguízamo. (12 de agosto de 2002). “Reflexiones sobre el proceso de paz del gobierno de Andrés Pastrana y las FARC-EP (1998-2002)”.

Bibliografía

CINEP/PPP. (2013). Informe Especial. Luchas Sociales, Derechos Humanos y Representación Política del Campesinado 1988 – 2012. Bogotá́, D. C.: CINEP.

García - Durán, M. (2006). Movimiento por la Paz en Colombia. 1978-2003. Bogotá́, D. C.: CINEP.

García - Durán, M. (2010). Colombia: Conflicto armado, procesos de negociación y retos para la paz. En A. Vargas-Velásquez et al., Colombia: escenarios posibles de guerra o paz (pp. 251-285). Bogotá́, D. C.: Universidad Nacional de Colombia.

García - Durán, M. (2013). ¿Hasta dónde se configuró un movimiento por la paz en Colombia en los años noventa? Pistas para una respuesta. En A. Villarraga (Comp.), Movimiento Ciudadano y Social por la Paz (Tomo IX, Biblioteca de la Paz 1980 -2013). Bogotá́, D. C.: Gente Nueva.

Santos - Calderón, J. M. (7 de agosto de 2010). Discurso del Presidente Juan Manuel Santos Calderón. ¡Le llegó la hora a Colombia! Recuperado de http://wsp.presidencia.gov.co/Prensa/2010/Agosto/ Paginas/20100807_15.aspx.

Villarraga, A. (Comp.). (2009). Diálogo, negociación y ruptura con las FARC-EP y con el ELN (Tomo V). Bogotá́, D. C.: Fundación Cultura democrática.

Villarraga, A. (Comp.). (2013). Movimiento Ciudadano y Social por la Paz (Tomo IX, Biblioteca de la Paz 1980 – 2013). Bogotá́, D. C.: Gente Nueva.