Vivir en una comunidad jesuita: una oportunidad para el discernimiento

Vivir en una comunidad jesuita: una oportunidad para el discernimiento

Durante el mes de febrero, tuvimos la oportunidad de vivir en la Comunidad San Pedro Claver de la ciudad de Bucaramanga, un espacio para avanzar en nuestro proceso de discernimiento como candidatos a la Compañía de Jesús. La primera reacción al enterarnos fue de sorpresa y alegría, pues hasta ese momento habíamos pensado que la experiencia del discernimiento iba a ser exclusivamente en casa Manresa, en Bogotá.

Con esta vivencia aprendimos a dejarnos sorprender y, guiados por la Compañía, confiamos en que la Misión que se nos encomendaba nos permitiría profundizar mucho más en nuestra vocación. Fuimos testigos del modo de proceder de los jesuitas en sus distintas dimensiones. Desde el momento de nuestra llegada, sentimos cómo éramos acogidos con mucho aprecio y cariño.

En las muchas y variadas actividades que realizamos, tuvimos la oportunidad de acompañar, como asesores, a los cuatro grupos de grado once en sus Ejercicios Espirituales. Allí fuimos conscientes de su realidad: jóvenes con deseos de progresar, crecer, amar y servir que han ido interiorizando la espiritualidad ignaciana desde el comienzo de su vida escolar, lo que les permite tomar consciencia de la importancia del discernimiento, para asumir su propio proyecto de vida. Esto fue posible gracias a un equipo de pastoral en donde docentes, exalumnos y jesuitas generaban una sinergia especial, de la que pudimos hacer parte para acompañar activamente estos encuentros.

Image

A lo largo de esta experiencia de inserción, también tuvimos la oportunidad de apoyar el trabajo pastoral de la Parroquia Sagrado Corazón de Jesús, en donde pudimos llevar la Comunión a los enfermos junto con las “ministras extraordinarias de la Eucaristía”, un grupo con un gran carisma que contagió de alegría a quienes visitamos. En este espacio apostólico pudimos poner al servicio nuestros dones y talentos, en especial el de la música, pues los espacios de oración se acompañaban con los sonidos de una guitarra y las melodías de una viola.

Nuestros días transcurrían con intensidad en el trabajo apostólico y veíamos que los jesuitas también tenían ritmos fuertes, pero a pesar de esto encontraban espacios para compartir con nosotros. En los desayunos compartimos experiencias de vida, hacia la hora del almuerzo debatimos sobre acontecimientos coyunturales del país, de la Iglesia y del mundo. Tuvimos, incluso, momentos de esparcimiento comunitario alrededor de un partido de la Selección y distintas celebraciones en donde nos sentimos en familia.

Nuestra experiencia en la Ciudad Bonita nos permitió profundizar también en nuestra propia vivencia de la espiritualidad ignaciana, marcada por las Preferencias Apostólicas Universales de la Compañía de Jesús. Con los estudiantes trabajamos el discernimiento y los Ejercicios, con un profundo énfasis en el cuidado de nuestra casa común, y también, a no darle la espalda a las realidades de quienes sufren y pasan necesidades.

Caminamos junto a algunos de los miles de migrantes venezolanos que transitan por las carreteras desde Cúcuta hasta Bucaramanga, personas llenas de sueños rotos y esperanzas inciertas que recibían de un equipo conformado en su mayoría por laicos, una palabra de esperanza y alguna ayuda material, para suplir en algo sus necesidades.

Image

En Bucaramanga aprendimos a trabajar en red, aprendimos que la iglesia debe ser cada vez más cercana al Pueblo de Dios y nos encontramos con una sed inmensa de espiritualidad, además de un gusto genuino por colaborar en la Misión de la Compañía. Este trabajo conjunto tiene como marca esencial un profundo respeto por la libertad responsable, por la confianza que nos brindaron para el desarrollo de las actividades y las metas que nos propusimos.

Nos despedimos un mes después de haber llegado con el corazón lleno de nombres, de obras y de un fuego que hoy más que nunca quiere incendiar al mundo de amor, de fe y de esperanza para que cada día podamos vivir en paz, pues este rincón de Colombia anhela nuevos caminos para encontrarse con el Dios de Jesús.

Queremos agradecer a toda la comunidad jesuita de Bucaramanga en cabeza del Padre Rodolfo Abello S.J., al Hermano Anselmo, los Padres Manuel José, Kike, Hernando, Josefo, Julio y Eduardo S.J.; así como a todos los colaboradores en cada una de las obras que tuvimos la fortuna de conocer y apoyar.

Para siempre recordaremos que nos acogieron con los brazos abiertos y nos animaron a seguir por estos caminos, en los que queremos ofrecernos a la humanidad al modo de San Ignacio de Loyola y sus primeros compañeros, con el corazón siempre puesto en la alegría del Evangelio.

Con mucha gratitud,

 

Cristian Garnica y Favio Guerra-Acero

Candidatos a la Compañía de Jesús