El agua que da la vida

El agua que da la vida

Por: Enrique A. Gutiérrez T., S.J.

Para este domingo los textos de las lecturas nos ofrecen elementos que nos ayudan a caminar en nuestro compromiso de vida cristiana y de seguimiento de Jesús. El tema central es el agua, como símbolo de vida. Al mismo tiempo, el símbolo del agua nos recuerda el bautismo que un día recibimos y por el cual fuimos incorporados a la comunidad de creyentes.

En la primera lectura, tomada del libro del Éxodo, se hace referencia al agua que calma la sed del pueblo de Israel, cuando se siente abandonado por Dios, aduciendo que “los ha hecho salir de Egipto para hacerlos morir de sed”. La respuesta del Señor no se hace esperar: “Golpea la peña y saldrá de ella agua para que beba el pueblo”. Las cosas en la vida no son siempre como pensamos, es necesario verlas desde el lado de Dios. Él sacó al pueblo de Israel de Egipto, lo condujo durante cuarenta años por el desierto, le dio en posesión la tierra que mana leche y miel, todo lo hizo con brazo fuerte y mano poderosa. La sed es sinónimo de muerte, calmar la sed es recobrar la vida.

En el evangelio, encontramos el pasaje suficientemente conocido por todos, del encuentro de Jesús con la mujer samaritana, a quien se le cambia la vida por ir a buscar agua al pozo de Jacob. Es el agua que calma la sed, pero no solo la física, sino la espiritual, como lo afirma Jesús en el diálogo con esta mujer “el que beba del agua que yo le daré, nunca más tendrá sed”.  El diálogo avanza y llega hasta lo más íntimo de esta mujer, reconocer su propio pecado, empezar a cambiar y convertirse en testigo de lo que es Jesús “muchos samaritanos de aquel poblado creyeron en Jesús por el testimonio de la mujer”. Luego, otros le dicen “ya no creemos por lo que tú nos has contado, pues nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que Él es, de veras, el salvador del mundo”.

Creer por el testimonio de otros es encontrar el camino para alcanzar la vida del Espíritu. Creer por lo que se ha visto y oído, es abrir el corazón a la acción de Dios en nosotros, a la vida plena. Encontrarse con Jesús en el camino de la vida es cambiar desde lo más profundo. Es darle la oportunidad a la vida para que florezca en nosotros.

El agua como símbolo de la vida aparece con toda su plenitud en las lecturas de este domingo. Es el camino para calmar la sed espiritual, es la oportunidad para encontrar el cambio interior necesario para vivir en verdad el seguimiento de Jesús. Actuar al estilo de la samaritana trae como consecuencia el reconocer que se ha obrado de una manera inadecuada, que hay actitudes que deben ser diferentes, es buscar el sendero de la rectitud, de la aceptación de la propia fragilidad para abrirse a la acción del Dios que salva, que libera y transforma. No hay en ese encuentro nada que demerite a la persona, que la haga sentir discriminada o rechazada. Es una profunda actitud de respeto por parte de Jesús. En verdad, Jesús es el agua verdadera que da la vida.