Abril 25: “El Padre me conoce y yo conozco a mi Padre, y doy mi vida por las ovejas”

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Por: Antonio José Sarmiento Nova, SJ

Lecturas:

  1. Hechos 4: 8-12
  2. Salmo 117
  3. 1 Juan 3: 1-2
  4. Juan 10: 11-18

El texto del evangelio de este domingo tiene su contexto en la polémica sostenida entre Jesús y los fariseos, luego de la curación del ciego de nacimiento, contenida en el capítulo 9 de Juan, cuando esos hombres religiosos se escandalizaron, como solían hacerlo, cuando les llevaron al hombre con su vista recuperada: “Algunos fariseos comentaban: Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado. Otros decían: ¿pero cómo puede un pecador realizar semejantes signos? Y había disensión entre ellos”.[1] Luego, cuando se dirigen a los padres del invidente para comprobar si lo era de nacimiento, estos  se atemorizan y no dan el testimonio pedido porque: “Sus padres decían esto por miedo a los judíos, pues estos se habían puesto ya de acuerdo en que, si alguno lo reconocía como Cristo, quedara excluído de la sinagoga”.[2]

Los maestros de la ley y  los fariseos,[3] bien conocidos porque continuamente nos referimos a su postura de rigorismo legalista y religioso, siempre están a la caza de pecadores, muy lejanos de la misericordia y de la compasión, sin comprometerse en una sincera conversión del corazón a Dios y al prójimo, y con el deseo de perseguir y excluír a quien no procede como ellos. Ese mismo modelo se repite en los fundamentalistas religiosos de nuestro tiempo.

Valga este contexto inicial para pensar también en todas las posturas contrarias a la solidaridad, al servicio y a la fraternidad, incompatibles con el humanismo cristiano y con los humanismos que propenden por la justicia y por el reconocimiento cabal de la dignidad de todas las personas. Los dramas de pobreza y exclusión, de migración forzada y de victimización por causa de la violencia, claman a Dios y a toda la humanidad. Sin embargo, para millones en el mundo esto pasa penosamente inadvertido. ¡Hay una lamentable cultura de la indiferencia![4]

Por eso, en el ambiente de sospecha de ellos hacia Jesús, este hace su reflexión –puesta en boca suya por el evangelista Juan y por la comunidad en la que se origina este evangelio– para salir al paso de su escándalo; con máxima severidad les responde al final del capítulo: “Para un juicio he venido a este mundo: para que los que no ven, vean; y los que ven, se vuelvan ciegos. Algunos fariseos que estaban con él oyeron esto y le dijeron: ¿Es que también nosotros somos ciegos? Jesús les respondió: Si fueran ciegos, no tendrían pecado; pero como dicen que ven, su pecado sigue en ustedes”.[5] Recomendamos leer completo el capítulo 9 de Juan para enterarse bien del contexto y poder apropiar mejor la reflexión que tradicionalmente llamamos del buen pastor.

Jesús alude fuertemente a los fariseos: “Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas. Pero el asalariado, que no es pastor, que no es propietario de las ovejas, las abandona y huye, cuando ve venir al lobo; y el lobo hace presa en ellas y las dispersa. Como es asalariado no le importan nada las ovejas”,[6] ¡confrontación extremadamente rigurosa![7]

Lo que dice Jesús a estos fariseos es una denuncia en toda regla. Más allá de la anécdota puntual, es una nueva manifestación para poner en tela de juicio la lógica religiosa del judaísmo, que se pretende superior por su fijación obsesiva en el aspecto de los ritos y de las minuciosas observancias jurídicas, en las que se cifra el mérito del ser humano ante Dios, sin mirar  la dimensión de su espiritualidad y sus implicaciones en la conducta cotidiana, especialmente en lo referente al prójimo y, más exactamente, al prójimo humillado y escarnecido por la injusticia de sus semejantes. No traen la buena noticia de Dios, ¡son mercenarios que imponen cargas desbordantes de injusticia!

Queda claro también que todo poder –en este caso el religioso– que no se pone al servicio de la comunidad es contrario a Dios. Es el asunto clave que plantea la reflexión del buen pastor, que piadosamente en los medios católicos se asigna solamente a los obispos y a los sacerdotes. Lo que está proponiendo Jesús es una manera de ser y de vivir que se extiende, sin excepción, a todo el que aspire a seguir su camino, para marcar un contraste con aquellos que sólo se interesan por sí mismos, por sus ambiciones egoístas. A estos es a quienes Jesús llama con fuerza profética “asalariados y mercenarios”, palabras fortísimas que contienen un juicio a semejantes  maneras de ser y de proceder.

El pastor modelo está en contraposición con el mercenario.[8] Estos últimos abundan en todos los tiempos de la historia, los poderosos que se dedican a gobernar con injusticia, a perseguir y a violentar, a imponer cargas superiores a las posibilidades de la gente, a absolutizarse y sentirse indispensables para tal país o entidad, o grupo humano. Los sacerdotes y obispos, por el sólo hecho de serlo, no están constituídos en superioridad sobre los demás miembros de las comunidades que les confían. En el estilo del Señor Jesús, normativo para todos los que le siguen, lo que impera es el servicio, el desposeimiento de la prepotencia y del autoritarismo, la disposición para dar la vida por las ovejas del rebaño, el talante humilde y siempre comprometido con su comunidad.[9]

El ser humano nuevo, pascual, resucitado, que surge del proyecto de Jesús, es diametralmente opuesto a esto: “Yo soy el buen pastor, conozco a mis ovejas y las mías me conocen a mí; del mismo modo, el Padre me conoce y yo conozco a mi Padre, y doy mi vida por las ovejas”,[10] es una afirmación evangélica que nos invita a deshacernos del ego ensimismado. Así es la pastoralidad que surge del evangelio, implicándonos a todos los que nos dejamos seducir por la  oferta  de Jesús.

La Iglesia es comunidad, una en la fe en el mismo Dios, centrada en la persona del Señor Jesucristo, asumidos por un solo bautismo, diversa en carismas y ministerios, y referida toda a la comunión y a la participación del cuerpo eclesial. En el proyecto original evangélico no caben clases superiores e inferiores, el modelo clerical no tiene su origen en las intenciones de Jesús sino en las deformaciones surgidas del poder. ¡Todo cristiano está llamado a ser buen pastor para la humanidad entera![11]

Cuando el papa Francisco dice que la Iglesia debe dejar de ser autorreferencial, que los pastores deben tener olor a oveja, cuando alude críticamente a posturas de condenación y excomunión, cuando con dolor habla de seres humanos descartados por un sistema económico –el capitalismo neoliberal– claramente perverso y excluyente, cuando propone aperturas pastorales con los divorciados vueltos a casar, cuando nos alerta por posturas homofóbicas, está tomando en serio el pastoreo de Jesús y recupera esa originalidad evangélica: “También tengo otras ovejas, que no son de este redil; también a esas debo conducir: escucharán mi voz y habrá un solo rebaño, bajo un solo pastor”.[12]

La idea original de este texto evangélico es la de dar la vida por las ovejas. Es una interpretación de la vida de Jesús como servicio a toda la humanidad. Así lo comprendieron y vivieron esos primeros discípulos cristianos. 

Desvivirse significa mostrar incesante y vivo interés, solicitud y amor por las personas, según lo define el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española. Es exactamente lo que queremos decir de Jesús. La entrega de la vida física es la manifestación total de su continua entrega durante su vida. Quien no ama hasta dar la vida no es auténtico pastor. El máximo don de sí es la comunicación plena de lo que se es. Se trata de que su vida, plena de Dios, puesta al servicio de todos, se desarrolle en los demás. Seguir este dinamismo del buen pastor significa que todos mantengamos vigente esta originalidad del desvivirse por el prójimo. 

Jesús afirma su absoluta libertad en su entrega. Nadie puede quitarle la vida, él la da por propia iniciativa. Indica así que aunque las circunstancias históricas sean las que van a llevarlo a la muerte cruenta, eso puede suceder porque él ha hecho su opción de guiar ese amor hasta las últimas consecuencias. Jesús es libre para dar la vida por amor a las ovejas, san Oscar Romero[13] y los muchos testigos de la fe en la historia cristiana lo son en igual medida. Y este testimonio es también invitación para que hagamos exactamente lo mismo, libertad y amor hasta lo definitivo.

Las palabras testimoniales de Pedro, en la segunda lectura de hoy, resuenan con especial actualidad, retándonos para que todos nos involucremos en el proyecto de ser testigos pascuales: “Él es la piedra que ustedes, los constructores, han despreciado y que se ha convertido en piedra angular. Porque no hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres por el que nosotros debamos salvarnos”.[14]

 

[1] Juan 9: 16-17

[2] Juan 9: 22

[3] CASTELLANI, Leonardo. Cristo y los fariseos. Ediciones Jauja. Mendoza Argentina, 1999.

[4] VELASQUEZ, José Fernando. La indiferencia como síntoma social. Publicado en Revista Virtualia número 18 octubre-noviembre 2008, páginas 1-7. STAUDE, Sergio Carlos. La indiferencia como instrumento de poder. Publicado en Desde el jardín de Freud número 14 enero-diciembre 2014, páginas 123-130. Facultad de Ciencias Humanas, Universidad Nacional de Colombia. Bogotá. DE CASTRO KORGI, Silvia. Indiferencia y complicidad. Publicado en Desde el Jardín de Freud número 14 enero-diciembre 2014, páginas 19-34. Facultad de Ciencias Humanas Universidad Nacional de Colombia. Bogotá. ARENDT, Hannah. Eichman en Jerusalén: un estudio sobre la banalidad del mal. Lumen. Barcelona, 1999. 

[5] Juan 9: 39-41

[6] Juan 10: 11-13 

[7] BEUTLER, Johannes. El discurso del Buen Pastor en Juan 10. Publicado en revista Cuestiones Teológicas volumen 32 número 78 julio-diciembre 2005, páginas 243-270. Facultad de Teología, Universidad Pontificia Bolivariana, Medellín. GUERRA, Luis María. El Buen Pastor: estudio exegético de Juan 10: 1-18. Publicado en Revista Almogaren, volumen X número 92 páginas 25-93. Centro de Esudios Teológicos Las Palmas de Gran Canaria, España

[8] NORIEGA, Roberto. La responsabilidad ética en el ministerio sacerdotal: el arte de servir.  Desclée de Brower. Bilbao, 2016. GRESHAKE, Gisbert. Ser sacerdote: teología y espiritualidad del ministerio sacerdotal. Sígueme. Salamanca, 1995. 

[9] VALDEZ CASTELLANOS, Luis. Plenitud sacerdotal. Buena Prensa. México DF, 2015. ROMERO, Oscar Arnulfo San. La voz de los sin voz: la palabra viva de Monseñor Romero. Selección de homilías de San Oscar Romero, elaborada y comentada por Jon Sobrino, Rodolfo Cardenal, Ignacio Martín-Baró. UCA Editores. San Salvador, 1999. BROCKMAN, James R. La palabra queda: vida de Monseñor Oscar Arnulfo Romero. UCA Editores. San Salvador, 2015. 

[10] Juan 10: 14-15 

[11] RAMAZZINI, Alvaro. Ser pastor hoy. En https://www.redicces.org.sv/jspui/bitstream/10972/1478/1/RLT-2010-080-I.pdf  El autor  es obispo de la diócesis de Huehuetenango  en Guatemala, es un pastor muy dedicado a los campesinos y a los indígenas. En 2018 el Papa Francisco lo nombró cardenal. 

[12] Juan 10: 16

[13] 1917-1980. Arzobispo mártir de San Salvador en Centro América, asesinado el 24 de marzo de 1980, como consecuencia de la heroica defensa que él hizo del pueblo salvadoreño, maltratado, humillado, masacrado por los gobiernos militares salvadoreños  de esos años. El Papa Francisco lo canonizó en octubre de 2018. 

[14] Hechos 4: 11-12