Junio 13: “…pero una vez sembrada, crece y llega a ser la más grande de todas las hortalizas"

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Por: Antonio José Sarmiento Nova, SJ

Lecturas:

  1. Ezequiel 17: 22-24
  2. Salmo 91
  3. 2 Corintios 5: 6-10
  4. Marcos 4: 26-34

Jesús fue un maestro para iniciar a sus oyentes en las realidades del Reino de Dios y su justicia, su gran estrategia pedagógica estuvo en las parábolas, con imágenes y ejemplos tomados de la vida real de sus gentes, netamente domésticas, provenían de la vida del hogar, de la cocina, de la pesca, del pastoreo, de las siembras y cosechas, la transmisión de esta sabiduría la hacía con extraordinaria sencillez. Una parábola es un arco que se eleva por el aire y cae justo en su objetivo, evadiendo obstáculos, concentrándose en su meta.[1] Jesús marca un contraste notable con las complejas y abstractas explicaciones que hacían los maestros de la ley sobre la Torah[2] y demás tradiciones religiosas del judaísmo, su didáctica era de una claridad incuestionable, parte muy importante de su lógica de preferencia con los sencillos y humildes. Las cosas de Dios son serias, sí, pero son para todos, a ellas no se accede por elucubraciones inaccesibles sino por la feliz simplicidad de la vida cotidiana.[3]

El papa Francisco es un catequista, maestro en el lenguaje nítido y cercano a todos los humanos, sus mensajes frecuentes, hablados y escritos, se caracterizan por la transparencia. Con frecuencia alude a catequistas y predicadores para que la comunicación de la Buena Noticia de Jesús sea así, es una propuesta para contagiar, para atraer, para seducir, para enamorar: “El predicador necesita también poner un oído en el pueblo, para descubrir lo que los fieles necesitan escuchar. Un predicador es un contemplativo de la Palabra y también un contemplativo del pueblo. De esa manera, descubre las riquezas y los límites, las maneras de orar, de amar, de considerar la vida y el mundo, que distinguen a tal o cual conjunto humano, prestando atención al pueblo concreto con sus signos y símbolos, y respondiendo a las cuestiones que plantea. Se trata de conectar el mensaje del texto bíblico con una situación humana, con algo que ellos viven, con una experiencia que necesite la luz de la Palabra”.[4]

Si el Evangelio es para ser vivido y para llenar de sentido la existencia de quienes se interesan en él, su lenguaje debe ser plenamente experiencial, capaz de mover mentes y corazones. En este domingo, el texto del evangelio de Marcos plantea dos “monumentos” de esa pedagogía: la semilla que crece por sí sola y el grano de mostaza, los asimila a la capacidad de abundancia que tiene el Reino de Dios, surge en lo que a ojos humanos parece insignificante y poco a poco fecunda la vida, crece, satisface, llena, se transmite con entusiasmo, se traduce en resultados maravillosos de espiritualidad, humanismo, justicia, solidaridad. 

La parábola de la semilla que crece por sí sola ilustra la fuerza irresistible del Reino, cuya mejor manifestación se representa por las espigas maduras que se recogen en la cosecha después de la siembra: “La tierra por sí misma produce primero un tallo, luego una espiga, y al fin grano abundante en la espiga. Cuando el fruto está a punto, él aplica enseguida la hoz, porque ha llegado el tiempo de la cosecha.[5]

La parábola del grano de mostaza establece un contraste entre un comienzo aparentemente pobre e irrelevante y un final en el que la explosión de vida es sorprendente y maravillosa. Es lo que sucede con el Reino, cuyo secreto poder ya se ha hecho presente en el ministerio de Jesús, y en tantas personas que sin rodeos se dejan seducir por su invitación: “¿Con qué podríamos comparar el reino de Dios? ¿Qué parábola nos servirá para representarlo? Se parece a un grano de mostaza. Cuando se la siembra, es la más pequeña de todas las semillas de la tierra, pero, una vez sembrada, crece y llega a ser la más grande de todas las hortalizas….[6]

Una reflexión que nos surge sobre las dos imágenes es esta: el proceso de configurar nuestra humanidad con el proyecto de Jesús, si bien es exigente y altamente comprometedor, no tiene que convertirse en aprendizaje de reglamentos y rituales, sino en una amorosa seducción, un enamoramiento, en el que el mismo amor encanta, desarma toda complicación, seduce, hasta manifestarse en la novedad de un ser humano que relata felizmente el amor de Dios, haciéndose fraterno, hombre y mujer de comunión, justicia y solidaridad.[7]

En las parábolas de Jesús el tema central es el Reino de Dios y todo lo que este implica; es la pasión dominante en su misión pública, es su causa, a la que entregó la totalidad de su vida, por la que fue llevado a la muerte cruenta que padeció. Es el nuevo orden de vida que parte de Dios, que lo revela como Señor de compasión y de misericordia, como el que acoge sin restricciones a todos los seres humanos, principalmente a los últimos del mundo, como el que promueve la dignidad y la libertad de estos y de muchos, como el que no sofoca con normativas casuísticas tan pesadas como las que regían en el judaísmo de ese tiempo. El Reino de Dios es la nueva humanidad que surge con Jesús.[8]

Este recuerdo es esencial para que se mantenga vigente la Buena Noticia, para que esta no sea oscurecida por las frecuentes prácticas eclesiásticas que eclipsan el Reino en la vida de la Iglesia. Cuando toma las riendas el aspecto institucional de la Iglesia, y con ello el mundo jurídico-ritual, cuando las catequesis y predicaciones andan embebidas en pecados, culpas, infracciones y anuncios de un Dios castigador, se echa a pique la originalidad del proyecto de Jesús. Esto hace que muchos afirmen “Jesús sí, Iglesia no”, en un reduccionismo que también afecta negativamente todo el esfuerzo de comunicar la lógica del Reino.[9]

La Iglesia tiene su sentido pleno cuando el contenido de su teología y de su práctica pastoral están llenos del Reino de Dios, cuando es Iglesia en salida, cuando sus pastores huelen a oveja, cuando utiliza un lenguaje accesible a todos, cuando acompaña a las comunidades en sus gozos y esperanzas, también en sus sufrimientos y aflicciones, cuando es Iglesia de comunión y participación, cuando acoge a todos, cuando plantea claras las exigencias del seguimiento de Jesús de modo persuasivo y estimulante.[10]

Siguiendo la inspiración de estas parábolas de Marcos tenemos que advertir que el surgimiento del Reino se da a partir de lo sencillo, de lo elemental, lo que no significa que se trate de procesos superficiales. Las experiencias intensas de Dios y de su dinamismo liberador surgen en contextos aparentemente irrelevantes. Por ejemplo, San Ignacio de Loyola[11] –en su juventud arrogante, capitán de los ejércitos reales de Castilla y de León– sufrió una grave herida en una batalla que lo llevó a retirarse de la vida militar. En su convalecencia, deprimido y desesperado por no tener nada qué hacer y abatido por un gran sentimiento de fracaso, pidió a su cuñada unos libros de caballerías, probablemente Amadís de Gaula o algo semejante; ella, al no encontrar nada de lo que Ignacio pedía, le trajo una vida de Jesús y otro de vidas de santos, esta lectura que inicialmente le resultó insípida se convirtió en la coyuntura para que nuestro hombre accediera a la visión teologal de la existencia.[12] Este incidente empezó con la herida en mayo de 1521, en este 2021 hacemos memoria de los 500 años de esta conversión. Ignacio fue un auténtico exponente del Reino de Dios y su justicia.

En la primera lectura de hoy, el profeta Ezequiel compara la acción de Dios con la de un campesino que reforesta las cumbres desérticas con cedros notables por su belleza y tamaño. El nuevo Israel, en la visión del profeta, será un brote joven plantado en la cima de los montes, atrás quedarán la vanidad de la monarquía y su avidez de poder. El profeta tiene la esperanza de que su pueblo renazca luego del exilio y perdure como lo hacen los duraderos cedros: “Y todos los árboles del campo sabrán que yo, el Señor, humillo al árbol elevado y exalto al árbol humillado, hago secar al árbol verde y reverdecer al árbol seco. Yo, el Señor, lo he dicho y lo haré”.[13]

Las parábolas de Jesús hablan, en el caso de hoy, desde la perspectiva de los arbustos que pueden crecer en nuestros jardines sin necesidad de derribar la casa o de secar las otras plantas, como sí sucedería si se tratara de árboles grandes. La primera parábola habla de la fuerza interna de la semilla, que opera sin que el agricultor lo note, es el dinamismo propio del Reino que gradualmente asoma en nosotros hasta convertirse en proyecto de vida. Si la semilla encuentra terreno propicio, florecerá. El campesino –¡nosotros!– aportará lo mejor preparando el terreno para que la semilla germine y se haga fuerte. 

El cambio de prioridades que aquí se opera –conversión le llamamos– no suele darse mediante acontecimientos espectaculares. De modo discreto el Espíritu entra en nuestro interior, va fecundando nuestro ser, hasta que lo hacemos consciente e irrumpe en nosotros la novedad radical del Reino, el mismo Jesús que se hace la norma constitutiva de nuestra existencia.[14]

¿Cómo vivir este silencio germinal del Reino en estos tiempos de pandemia? ¿Cómo las injusticias sociales que mueven la protesta en Colombia también florecen en nosotros para convertirnos a las nobles causas de solidaridad y de justicia? ¿Cómo nos dejamos convertir por el clamor de quienes padecen tantas exclusiones y ofensas a su dignidad? ¿Cómo somos tierra buena para que las semillas de la nueva vida de Dios florezcan en nuestra mente y en nuestras conductas?

 

[1] DE LA TORRE GUERRERO, Gonzalo. Las parábolas que narró Jesús: la revolucionaria revelación de la conciencia de Jesús. Ediciones Fundación Universitaria Claretiana. Quibdó, 2009. LEON-DUFOUR, Xavier. Estudios de evangelio: análisis exegético de relatos y parábolas. Cristiandad. Madrid, 1987. MESTERS, Carlos. Las parábolas de Jesús. Verbo Divino, Estella, 2008. RUIZ DE GALARRETA, José Enrique. Para leer el reino en parábolas. Verbo Divino. Estella, 2006. MARTINI, Carlo María. Por qué Jesús hablaba en parábolas? Verbo Divino. Estella, 2009. 

[2] La Torah es el cuerpo legislativo del judaísmo, atribuído a Moisés en esta tradición, para los judíos contemporáneos de Jesús esta normativa es de riguroso cumplimiento, es milimétrica en sus prescripciones, prohibiciones y sanciones. 

[3] MONROY, Benjamín OFM. Recuperar lo que no brilla, lo humilde y sencillo. En https://www.antoniano.org/public/pua/dispense/4.%20Monroy.Lohumilde.pdf

[4] PAPA FRANCISCO. Exhortación Apostólica La Alegría del Evangelio Evangelii Gaudium, número 154. Paulinas. Bogotá, 2013. 

[5] Marcos 4: 28-29

[6] Marcos 4: 30-32

[7] TRIGO, Pedro. No el lenguaje de la ley sino el de la vida. En su libro Jesús nuestro hermano: acercamientos orgánicos y situados a Jesús de Nazaret, páginas 79-87. Sal Terrae. Santander, 2018. GONZALEZ-FAUS, José Ignacio. Acceso a Jesús. Sígueme. Salamanca, 1979. RIUS-CAMPS, J. El éxodo del hombre libre. El Almendro. Córdoba, 2000. CARDONA RAMÍREZ, Hernán Darío. Una parábola optimista: prospectiva de Marcos 4: 30-32. En Theologica Xaveriana número 151 páginas 469-484. Pontificia Universidad Javeriana, Facultad de Teología. Bogotá, 2004. 

[8] GONZÁLEZ-FAUS, José Ignacio. Reino de Dios, fe y justicia. En https://www.repositorio.uca.edu.ni/4272/1/Reino%20de%Dios%2C%20fe%20y%20justicia.pdf  PIXLEY, Jorge. Reino de Dios. Aurora. Buenos Aires, 1977. 

[9] GALEANO ATEHORTÚA, Adolfo OFM. Una eclesiología histórico-escatológica para la postmodernidad. En Revista Cuestiones Teológicas volumen 44 número 102 páginas 397-421. Universidad Pontificia Bolivariana, Facultad de Teología. Medellín julio-diciembre 2017. MUÑOZ LÓPEZ, Julio. Dios sí, Iglesia no: respuestas fáciles a preguntas difíciles para jóvenes. Edición Kindle. Amazon, 2018. 

[10] CASTILLO, José María. La Iglesia y el Reino de Dios. En https://www.repositorio.uca.edu.ni/3609/1/La%20Iglesia%20y%20el%20reino%20de%20Dios.pdf

[11] 1491-1556, fundó la Compañía de Jesús en 1540. TELLECHEA IDÍGORAS, José Ignacio. Ignacio de Loyola, solo y a pie. Sígueme. Salamanca, 1997. CACHO NAZÁBAL, Ignacio. Iñigo de Loyola, ese enigma. Mensajero. Bilbao 2007. 

[12] CRISTANCHO SOLANO, Diego. La conversión como fundamento de un proceso: la mutación en San Ignacio de Loyola. Tesis para optar al título de licenciado en teología espiritual. Universidad Pontificia de Comillas. Madrid, 2017. En https://www.repositorio.comillas.edu/jspui/bistream/11531/25048/1/DEA000172.pdf  RIBADENEIRA, Pedro. Vida de San Ignacio de Loyola. Apostolado de la Prensa. Madrid, 1951. ELORRIAGA, F. Las heridas de San Ignacio. Mensajero. Bilbao, 2010. 

[13] Ezequiel 17: 24, 

[14] CASTILLO, José María & ESTRADA, Juan Antonio. El seguimiento de Jesús. Sígueme. Salamanca, 1988. TUNC, Suzanne. También las mujeres seguían a Jesús. Sal Terrae. Santander, 1999.  DUNN, James. La llamada de Jesús al seguimiento. Sal Terrae. Santander, 2000.