Junio 27: “Pero Jesús, sin tener en cuenta esas palabras, dijo al jefe de la sinagoga: no temas, basta que creas”

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Por: Antonio José Sarmiento Nova, SJ

Lecturas:

  1. Sabiduría 1: 13-15
  2. Salmo 29
  3. 2 Corintios 8:7-13
  4. Marcos 5: 21-43

Nuevamente vamos con el asunto de la fragilidad humana: no es posible construir un proyecto de vida serio sin tener en cuenta esta realidad inevitable. Es la eterna pregunta del ser humano por lo definitivo, si todo este cúmulo de precariedades acaban por disolver en nosotros la ilusión de vivir, si la muerte es la que determina nuestra existencia. Eso nos aterra y cobra particular relevancia cuando somos nosotros o nuestros seres queridos los afectados por tales evidencias, ahora a la orden del día con la pandemia visitante que, después de año y medio, sigue empeñada en alterar nuestra tranquilidad.[1]

Una manera gráfica de referirnos a esto es afirmar que la fragilidad la llevamos puesta porque no depende de nosotros evitarla, aunque de modo legítimo hagamos denodados esfuerzos para aminorar su impacto. Muchas de sus manifestaciones son inherentes a lo humano, el dolor, el sufrimiento, la enfermedad y “esta señora muerte que se va llevando todo lo bueno que en nosotros topa”, como reza el poema Señora muerte de León de Greiff.[2] Otras provienen del egoísmo sistemático de unos seres humanos que se encarnizan contra sus semejantes creando estructuras de injusticia, justificando guerras y saqueos, haciendo de la violencia su argumento para someter al prójimo. Cada uno de nosotros, desde los propios relatos de vida, puede escribir la biografía de su devenir precario, cada época de la vida llega también con sus dramas y penalidades. 

¿Qué decir? Como ya lo hemos propuesto en anteriores reflexiones de COMUNITAS MATUTINA, ¿debemos dar la razón a Albert Camus[3] cuando afirma que el único problema filosófico verdaderamente serio es el suicidio?[4] ¿Nos sumergimos así en una noche oscura sin esperanza ni redención? 

Veamos qué nos proponen las lecturas bíblicas de este domingo, no sin antes advertir que no queremos incurrir en respuestas de providencialismo ingenuo como son las que provienen de muchos ambientes religiosos poco formados, condicionados por una conciencia mágica y supersticiosa. Sí nos alienta una esperanza fundante y encarnada en la realidad, esta es para nosotros apuesta definitiva de trascendencia y de sentido pleno de la vida.[5]

Desentrañamos el texto de Marcos 5:21-43, que nos propone la Iglesia en este domingo. Los milagros, como los dos que refiere, son las señales del nuevo orden de vida que irrumpe con Jesús, es el Reino de Dios y su justicia, con su empeño de reivindicar la dignidad humana ofendida y humillada por el mal, por la misma religión judía, por la pobreza, por la enfermedad, por el pecado.[6] Aquí subyace una profunda y esperanzadora teología de la vitalidad de Dios comunicada por Jesús, que en este caso se tipifican en la mujer agobiada por una hemorragia incontenible[7] y por la confiada solicitud de Jairo, uno de los jefes de la sinagoga, que implora a Jesús la curación de su hija en peligro de muerte.[8] Son dos mujeres en trance de muerte, pero también en expectativa de vida y de salud. 

La mujer del flujo permanente, llamada hemorroísa en algunas de las traducciones castellanas de los evangelios, está marcada por la impureza ritual y legal; siguiendo las normas establecidas en ese contexto, la suya  es una enfermedad vergonzosa: “Se encontraba allí una mujer que desde hacía doce años padecía de hemorragias… Como había oído hablar de Jesús, se le acercó por detrás y tocó su manto, porque pensaba: con solo tocar su manto quedaré curada. Inmediatamente cesó la hemorragia, y ella sintió en su cuerpo que estaba curada de su mal”.[9] Jesús reivindica la dignidad de esta mujer, no se fija en su impureza legal sino en su clamor de reconocimiento y en la profunda confianza que manifiesta buscando la sanación. Jesús la acredita como un nuevo ser humano, la restablece como mujer: “Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz, y queda curada de tu enfermedad”.[10]

Jairo, dirigente de la sinagoga, caracteriza el desencanto del pueblo ante la institución religiosa judía, esta no sana, impone pesadas cargas pero no transmite sentido de vida y esperanza. Ese judaísmo del tiempo de Jesús no conduce a la vida; la hija de Jairo, imagen del pueblo, está abocada a la muerte. Este hombre busca en Jesús una alternativa que considera garantía de salud: “Todavía estaba hablando, cuando llegaron unas personas de la casa del jefe de la sinagoga y le dijeron: tu hija ya murió, ¿para qué vas a seguir molestando al Maestro? Pero Jesús, sin tener en cuenta esas palabras, dijo al jefe de la sinagoga: no temas, basta que creas”.[11] El relato marca un contraste entre la decepción de muchos de sus contemporáneos ante el Templo de Jerusalén, rígida entidad cerrada a los clamores populares, y la saludable oferta de Jesús, que no repara en el escepticismo de quienes le rodeaban: “Tu hija ya murió…[12], sino en la confianza manifestada por este dirigente judío abierto a la novedad de la Buena Noticia: “No temas, basta que creas”.[13]

Sus contemporáneos, incluyendo a sus propios discípulos, desconfían de Jesús, de su anuncio de vida, de su decisiva confianza en el Padre. Por eso invita a tres de sus seguidores –Pedro, Santiago, Juan– para que sean testigos de la curación de la niña: “Y sin permitir que nadie lo acompañara, excepto Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago, fue a casa del jefe de la sinagoga. Allí vio un gran alboroto, y gente que lloraba y gritaba. Al entrar les dijo: ¿por qué se alborotan y lloran? La niña no está muerta, sino que duerme”.[14] Curiosamente, esos mismos discípulos están presentes en los relatos de la transfiguración y en la oración en el huerto, antes del prendimiento, y en ambas escenas se duermen. Ese sueño es un símbolo elocuente: rechazan la posibilidad de la muerte cruenta de Jesús. En cambio, él trata de enseñarles que el camino hacia la Vida es la muerte dramática, que ya le es inminente, pero estos no aceptan, como la mayoría de los judíos, que esa sea la alternativa, por eso se muestran escépticos. Para que aprendan que Él es la imagen de un Dios que da vida, los lleva consigo. Con esta conducta les está indicando que la vieja sinagoga, el viejo templo, no son alternativas de salvación, que está entrando en la historia de la humanidad la novedad redentora del amor definitivo de Dios,  y que él, Jesús de Nazareth, debe asumir las consecuencias dolorosas de su postura crítica ante esa religión oscurecida por la ceguera de sus leyes y de sus rituales.[15]

También a nosotros nos llegan los miedos y los escepticismos, hacemos de ellos “zona de confort”, nos instalamos en la falsa seguridad de una religión cómoda, cumplidora de normas, carente de profecía y de vitalidad teologal, desentendida de los dramas de tantos seres humanos que buscan confiadamente, como la hemorroísa y como Jairo, una respuesta en el Evangelio de Jesús.[16] La desbordante confianza de los pobres y humildes nos da una lección de ruptura liberadora, ellos dejan atrás las estructuras inertes, moribundas, de esa religiosidad formal, para ingresar en el universo de vida arrasadora que Jesús trae para salvación y liberación de todos los que se dejen seducir por su oferta.[17]

Nuestra vieja Iglesia también se paraliza a menudo ante los retos de la realidad, que exige respuestas nuevas y encarnadas para los constantes requerimientos del ser humano; tensión dialéctica entre el carisma-profecía y la institución, con el reto de fondo que es la fidelidad a Dios y al ser humano, como el mismo Jesús lo anunció. La Iglesia, nuestra Iglesia, si quiere seguir siendo la Iglesia de Jesús, tendrá que salir al encuentro del Maestro, rompiendo esas ataduras que frenan su dinamismo evangelizador: “Una auténtica fe –que nunca es cómoda e individualista– siempre implica un profundo deseo de cambiar el mundo, de transmitir valores, de dejar algo mejor detrás de nuestro paso por la tierra”.[18]

La propuesta de Jesús se inscribe plenamente en una cultura de la vida, en un apasionado compromiso con la dignidad y con la libertad de todos los seres humanos.[19] Desde la paternidad de Dios se afirma nuestra vocación de trascendencia, que se realiza haciendo de esta historia y de esta realidad, un escenario donde se promueva y defienda la vida en todas sus manifestaciones. El Dios que nos revela Jesús tiene como prioridad la vitalidad constante y creciente de todas sus creaturas: “Él ha creado todas las cosas para que subsistan; las creaturas del mundo son saludables, no hay en ellas ningún veneno mortal y la muerte no ejerce su dominio sobre la tierra. Porque la justicia es inmortal”.[20]

Pablo, en 2 Corintios 8: 7-9 y 13-15, segunda lectura, invita a resolver con generosidad el problema de la injusticia y de la desigualdad, señal dolorosa de la cultura de la muerte, y pone como referente principal de esta iniciativa al mismo Jesús: “No se trata de que ustedes sufran necesidad para que otros vivan en la abundancia, sino de que haya igualdad. En el caso presente, la abundancia de ustedes suple la necesidad de ellos, para que un día la abundancia de ellos supla la necesidad de ustedes. Así habrá igualdad”.[21]

El abajamiento de Jesús, la ausencia en él de toda arrogancia y poderío humano, son signo de la total solidaridad de Dios con la humanidad sumida en el desconcierto de la injusticia y del egoísmo, la invitación a su seguimiento es optar por ese mismo estilo de vida, en el que el prójimo sea determinante para construir comunidades de mesa compartida, de fraternidad sin ambigüedades, de justicia gozosa, indicativos de una esperanza real, inserta en los mejores ideales de humanidad con espíritu: “Ya conocen la generosidad de nuestro Señor Jesucristo, que, siendo rico, se hizo pobre por nosotros, a fin de enriquecernos con su pobreza”.[22]

La fragilidad de Jesús es nuestra fragilidad, él nos redime sometiendo a juicio en la cruz todos los poderes y vanidades del mundo para acreditar que sólo el amor es digno de fe.[23] He aquí la razón de nuestra esperanza. 

 

[1] MARTÍN MORILLAS, José Manuel & MUÑOZ, Francisco. Complejidad, fragilidad y conciencia agónica. Enhttps://www.ugr.es/~fmunoz/documentos/COMPLEJIDADfragilidadef2.pdf  Instituto de paz y conflictos. Universidad de Granada, España. ANRUBIA, Enrique (editor). La fragilidad de los hombres. La enfermedad, la filosofía y la muerte. Cristiandad. Madrid, 2010. DÍAZ  MASSÓ, Eugenio. Una pragmática de la fragilidad humana. Universitat Oberta de Catalunya. Barcelona, 2017.

[2] Medellín 1895, Bogotá 1976. Uno de los grandes poetas de Colombia y América Latina. 

[3] 1913-1960

[4] Así lo plantea Camus en su libro de 1942 “El mito de Sísifo”. El autor, representante de la filosofía del absurdo reflexiona sobre la insignificancia de la vida humana, a partir de su lectura del mito griego de Sísifo condenado a subir una pesada piedra, cuando se aproxima a la cumbre el peso lo devuelve, sometiéndolo a iniciar repetidas veces el penoso ascenso. 

[5] GRONDIN, Jean . Hablar del sentido de la vida. En Revista Utopía y Praxis Latinoamericana volumen 17 número 56 enero-marzo 2012, páginas 71-78. Universidad del Zulia. Maracaibo.

[6] LATOURELLE, René. Milagros de Jesús y teología del milagro. Sígueme. Salamanca, 1997. PELÁEZ DEL ROSAL, J. Los milagros de Jesús en los evangelios sinópticos. Verbo Divino. Estella, 1984. ALEGRE, Xavier. Entrada “Milagro” en  FLORISTÁN, Casiano & TAMAYO, Juan José. Conceptos fundamentales del cristianismo. Trotta. Madrid, 1993; páginas 788-794. LEON-DUFOUR, Xavier. Los Milagros de Jesús. Cristiandad. Madrid, 1979.

[7] Marcos 5: 25-34

[8] Marcos 5: 22-24 y 35-43

[9] Marcos 5: 25 y 27-29

[10] Marcos 5: 34 . SIDGWICK, Emma. Entre el límite y el umbral: el borde  en el motivo cristiano temprano de la hemorroísa. En https://www.scielo.org.mx/pdf/tods/n29/n29a5.pdf  ESTEVEZ LOPEZ, Elisa. El poder de una mujer creyente: cuerpo, identidad y discipulado en Marcos 5: 25-34. Verbo Divino. Estella, 2003. SIERRA, Angela María & VELEZ, Olga Consuelo. Curar y levantar los cuerpos femeninos: una lectura desde la hermenéutica crítica feminista. En Theologica Xaveriana volumen 62 número 173. Pontificia Universidad Javeriana, Facultad de Teología. Bogotá, 2012. 

[11] Marcos 5: 35-36

[12] Marcos 5: 35

[13] Marcos 5: 36

[14] Marcos 5: 37-39

[15] LEGASSE, S. El proceso de Jesús: la historia. Desclée de Brower. Bilbao, 1995. 

[16] TELLO, Luz Marina. Mujeres sanadas por Jesús. Trabajo de grado para optar al título de Magister en Teología. Universidad Pontificia Bolivariana. Facultad de Teología. Medellín, 2013. 

[17] CONSEJO PONTIFICIO DE LA CULTURA  & CONSEJO PONTIFICIO PARA EL DIÁLOGO  INTERRELIGIOSO. Jesucristo, portador del agua de la vida. Tipografía Vaticana. Roma, 2003. 

[18] PAPA FRANCISCO. Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium La Alegría del Evangelio, número 183. Paulinas. Bogotá, 2013. 

[19] CASTILLO, José María. El Reino de Dios: por la vida y la dignidad de los seres humanos. Desclée de Brower. Bilbao, 1999. FOX, Mathew. La bendición original: una nueva espiritualidad para el hombre del siglo XXI. Obelisco. Barcelona, 2002. 

[20] Sabiduría 1: 13-15

[21] 2 Corintios 8: 13-14

[22] 2 Corintios 8: 9

[23] VON BALTHASAR, Hans Urs. Sólo el amor es digno de fe. Sígueme. Salamanca, 1998.