Julio 11: “Expulsaban a muchos demonios y curaban a muchos enfermos ungiéndolos con aceite”

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Por: Antonio José Sarmiento Nova, SJ

Lecturas:

  1. Amós 7: 10-15
  2. Salmo 84
  3. Efesios 1: 3-10
  4. Marcos 6: 7-13

Siempre en el mundo abundan las malas noticias, anuncios de desgracias, catástrofes, injusticias, guerras, epidemias, medidas económicas que afectan a muchísimos seres humanos, gobiernos que no atienden con seriedad los desafíos del bien común, prohibiciones, amenazas, realidades que comprometen seriamente la felicidad, el bienestar y el sentido de  vida de la humanidad. Esto se vivía dramáticamente en tiempos de Jesús. Por eso, cuando él empieza a hablar de cosas con signo totalmente distinto, alentadoras para los más maltratados, irrumpe una nueva lógica de vida patrocinada por el Padre de Jesús, una Buena Noticia que transmite ilusión de vivir, que estimula en los abandonados su conciencia de dignidad, su anuncio no es un adoctrinamiento forzado sino una propuesta llamada bienaventuranza por él mismo.[1]

La razón de ser de la Iglesia universal, y de cada comunidad cristiana en particular, es dedicarse de lleno a esta tarea de comunicar la Buena Noticia de Jesús, la evangelización, entendiendo que no es adoctrinamiento ni proselitismo, sino tarea integral que abarca todas las dimensiones del ser humano para ser transformadas por la comunicación del mensaje.[2] La evangelización es configurar seres humanos nuevos según el modelo de Jesús.[3] Si en la Iglesia hay realidades que no estén orientadas a esto deben desaparecer porque oscurecen su tarea fundamental; ella es auténtica cuando, como Jesús, es infatigable en la comunicación de esa Buena Noticia. 

Tampoco se trata de una faena  de “marketing” religioso para ganar adeptos, demostrando resultados, según lo que se dice en el mundo de los negocios,  emulando en competencia con otras denominaciones religiosas para demostrar cuál de ellas es más exitosa.[4] Si esto fuera así sería un deplorable capitalismo, totalmente ajeno al proyecto de Jesús.  

Las palabras del papa Francisco[5] nos ayudan a comprender qué es misión evangelizadora: «La propuesta es vivir en un nivel superior pero no con menor intensidad: “La vida se acrecienta dándola y se debilita en el aislamiento y la comodidad. De hecho, los que más disfrutan de la vida son los que dejan la seguridad de la orilla y se apasionan en la tarea de comunicar vida a los demás”[6]. Cuando la Iglesia convoca a la tarea evangelizadora, no hace más que indicar a los cristianos el verdadero dinamismo de la realización personal: “Aquí descubrimos otra ley profunda de la realidad: que la vida se alcanza y madura a medida que se la entrega para dar vida a los otros. Eso es en definitiva la misión. Por consiguiente, un evangelizador no debería tener permanentemente cara de funeral. Recobremos y acrecentemos el fervor, “la dulce y confortadora alegría de evangelizar, incluso cuando hay que sembrar entre lágrimas. Y ojalá el mundo actual –que busca a veces con angustia, a veces con esperanza– pueda así recibir la Buena Nueva, no a través de evangelizadores tristes y desalentados, impacientes o ansiosos, sino a través de ministros del Evangelio, cuya vida irradia el fervor de quienes han recibido ante todo en sí mismos, la alegría de Cristo»[7].

El evangelio de este domingo –tomado de Marcos– remite a un envío misionero, con unas recomendaciones que hace Jesús a sus discípulos, indicándoles condiciones y disposiciones para hacer más significativa la tarea apostólica. Él llama y envía, todo el que es llamado es para ser enviado, requerimiento indispensable en la vocación cristiana, ser cristiano no es estar “carnetizado” en una EPS de servicios religiosos, ni asentir formalmente a unas doctrinas, ni “marcar tarjeta” yendo a misa el domingo. Dejarse tomar por Jesús es asunto es muy serio, se trata de dejar que Dios Padre –mediante la acción salvadora-liberadora de Jesús– nos configure en su nueva humanidad, gracias al dinamismo transformador del Espíritu Santo[8]. Quien tiene esta dotación teologal necesariamente es enviado a comunicar el Evangelio: “Llamó a los Doce y comenzó a enviarlos de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus inmundos. Les ordenó que nada tomasen para el camino, a excepción de un bastón; ni pan, ni alforja, ni calderilla en la faja; y que fueran calzados con sandalias y no vistieran dos túnicas”.[9]

La conversión de la que nos habla el evangelio no debe entenderse desde un simple perfeccionismo moral. Se trata de un cambio de mentalidad en la perspectiva de Jesús, que se designa con una bella palabra griega, metanoia, rescatada en los tiempos del Concilio Vaticano II, cuyo significado es  nueva manera de ser, nueva manera de vivir según el Espíritu. La nueva humanidad de Jesús es la del ser humano libre de ataduras esclavizantes, apasionado por la vida y por la justicia, comprometido con los pobres y excluidos, dispuesto siempre al servicio y a la solidaridad, con una espiritualidad inserta en las realidades del mundo.[10]

Los signos de la misión son elocuentes por su eficacia: “Ellos, yéndose de allí, iban predicando a la gente la conversión. Expulsaban a muchos demonios y curaban a muchos enfermos ungiéndolos con aceite”.[11] El anuncio del Evangelio está llamado a tener incidencia transformadora en cada persona en particular, pero también en la sociedad, en la construcción del bien común, en el respeto y promoción de la dignidad humana, en la generación de convicciones éticas arraigadas en los corazones con sus correspondientes impactos en la conducta individual y colectiva, en el aportar a la generación del sentido de la vida, en la alegría de vivir, en una espiritualidad sincera, en una manera de proceder que le gane la partida al consumismo, a la violencia, al egoísmo, a la pérdida de la sensibilidad. Estos y muchos más son los demonios que es imperativo expulsar. 

La confianza de toda misión evangélica debe centrarse en el mensaje, no en los medios desplegados para conseguir la adhesión. Para ello se impone dejar de lado lo superfluo, no negociar la conciencia ni venderse al mejor postor. Cuando Jesús envía a los Doce está diciendo que lleven el Reino a todos los seres humanos, no sólo a los oficialmente buenos y religiosos. El Reino que se anuncia así está más allá de la religión, sí la incluye pero la purifica de todo vestigio alienante. Gran problema de las iglesias ha sido absolutizarse a sí mismas, haciéndose una religión más, con todo su conjunto de ritos y creencias, sin impacto transformador en las personas y en las sociedades. Conviene aquí decir que hay realidades eclesiales que no están evangelizadas y que, en consecuencia, no evangelizan, porque son causa de escepticismo y también de ateísmo.[12]

El relato de Marcos deja claro que sólo Jesús es la fuente, el inspirador y modelo de la acción evangelizadora de sus seguidores. No harán nada en nombre propio, son enviados por él. No se predicarán a sí mismos, sólo anunciarán su Evangelio, dedicarán su misión a abrir caminos al Reino de Dios. En consecuencia, hay que pasar de tener ideología religiosa a tener experiencia de Jesús, del Dios Padre que él nos revela, del prójimo que se nos abre como el otro para hacer comunidad y para proponerle la Buena Noticia. 

Al pasar los años, habiendo vivido los discípulos la experiencia pascual, su mensaje se fue enriqueciendo con lo que Jesús hizo y dijo, y también con una elaboración teológica de lo que él vivió y comunicó. Esta tarea se realizó en las comunidades del cristianismo primitivo y es la que origina los diversos escritos del Nuevo Testamento, netamente misioneros.[13]

Un resultado novedoso y revolucionario de la Buena Noticia es su carácter universal, la llamada incluyente a hombres y mujeres de toda cultura, nacionalidad, condición socioeconómica, etnia. En su momento esto marcó un fuerte contraste frente al exclusivismo judío que no admitía paganos en su comunidad de fe. También hoy, ante los modelos excluyentes de muchas sociedades, economías, grupos religiosos, el cristianismo debe hacer un énfasis radical en la acogida a los seres humanos de todos los tiempos de la historia, cada comunidad cristiana debe distinguirse por su capacidad de inclusión, siguiendo el mismo estilo de Jesús: “En Él también ustedes, tras haber oído la Palabra de la verdad, la buena nueva de la salvación, y haber creído también en Él, fueron sellados con el Espíritu Santo de la promesa”.[14]

Pablo siente que esta realidad terrena tiene que evolucionar, que el plan de Dios es recapitular todas las cosas en Cristo, y que los cristianos no podemos estar al margen de las transformaciones de la sociedad. Hemos sido marcados con el Espíritu Santo para ser sensibles a la acción transformadora de Dios, que desborda los límites de la Iglesia. Nuestro compromiso es hacer que el mundo desintegrado por el pecado y por la injusticia se convierta en una sociedad solidaria, en la que ser hermano tenga contenido efectivo y afectivo, partiendo de la comprensión que tengamos de la voluntad de Dios y de su plan sobre la humanidad y sobre el cosmos.

Tal es el contenido esencial de la misión de la Iglesia: “…hacer que todo tenga a Cristo por cabeza”.[15] Este trabajo debe ser siempre según el Evangelio, es decir, según la originalidad de Jesús. Sea esta coyuntura una oportunidad para un sano ejercicio de autocrítica que lleve a la Iglesia toda, a nosotros que somos de ella y con ella, a revisar esas páginas de su historia en las que han dominado alianzas con poderes políticos, afirmación de privilegios institucionales, conductas excluyentes, anatemas y excomuniones, cruzadas ideológicas en contra de la libertad. Siempre con el esfuerzo de recuperar al Señor Jesús y con él recuperar al ser humano siempre necesitado de sentido y de afirmación de su dignidad. ¡Esto último es esencial en la evangelización! 

 

[1] CASTILLO , José María. Teología Popular 1: La Buena Noticia de Jesús. Desclée de Brower. Bilbao, 2009. CATALÁ, Toni. La Buena Noticia de Jesús. Cristianismo y Justicia. Barcelona, 2005.

[2] PAPA PABLO VI. Exhortación Apostólica El Anuncio del Evangelio Hoy Evangelii Nuntiandi. Tipografía Vaticana. Roma, 1976. PAPA FRANCISCO. Exhortación Apostólica La Alegría del Evangelio Evangelii Gaudium. Tipografía Vaticana. Roma, 2013.

[3] GONZÁLEZ FAUS, José Ignacio. La humanidad nueva: ensayo de cristología. Sal Terrae. Santander, 2016. 

[4] BARNA, George. O marketing na Igreja. JUERP. Río de Janeiro, 1994. BELTRÁN, Natalia. Estado del arte del marketing religioso.Trabajo de grado para optar al título de administración de empresas. Pontificia Universidad Javeriana-Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas. Bogotá, 2011.

[5]PAPA FRANCISCO.  Exhortación Apostólica La Alegría del Evangelio Evangelii Gaudium. Tipografía Vaticana. Roma, 2014; número 10. 

[6] V CONFERENCIA GENERAL DEL EPISCOPADO LATINOAMERICANO APARECIDA Aparecida (Brasil), número 360. CELAM & Ediciones Paulinas & San Pablo. Bogotá, 2014.

[7] PAPA PABLO VI.  Exhortación Apostólica sobre La Evangelización en el Mundo Moderno Evangelii Nuntiandi , número 8. Tipografía Vaticana. Roma, 1976. 

[8] En la formulación teológica tradicional  a esto se llama “inhabitación trinitaria”, es la gracia de Dios presente en la persona humana, la vitalidad del mismo Dios participada al ser humano que la acoge en libertad. 

[9] Marcos 6:7-9

[10] GUARDINI, Romano. Mundo y persona: ensayos para una teoría cristiana del hombre. Guadarrama. Madrid, 1963. AMENGUAL, Gabriel. Antropología filosófica. Biblioteca de Autores Cristianos BAC. Madrid, 2016. GARRIDO, Javier. Proceso humano y gracia de Dios: apuntes sobre espiritualidad cristiana. Sal Terrae. Santander, 1999. PLASENCIA LLANOS, Vicente. Ser humano, un proyecto inconcluso: reflexiones filosófico-teológicas sobre la antropología. Universidad Politécnica Salesiana. Cuenca, 2017. 

[11] Marcos 6: 12-13

[12] BRIGHENTI, Agenor. Nueva evangelización y conversión pastoral: un abordaje desde la Iglesia en América Latina y el Caribe. En Theologica Xaveriana 63 número 176, páginas 331-366. Pontificia Universidad Javeriana – Facultad de Teología. Bogotá, julio-diciembre 2013. MORONTA, Mario. Obispo de San Cristóbal, Venezuela. Un método para la nueva evangelización. En https://www.celam.org(cebitepal/images/img_noticias/doc15b9919046b353_12092018_747am.pdf

[13] MARTÍNEZ, Carmelo. La metodología de la misión a partir de los textos de la misión. En Revista Dabar-Logos Revista Bíblico-Teológica. Universidad Adventista del Plata. Libertador San Martín (Argentina), 2009. Papa JUAN PABLO II. Carta Encíclica Redemptoris Missio sobre la permanente validez del mandato misionero. Tipografía Vaticana. Roma, 1990. SPADARO, Antonio. Ciberteología: pensar el cristianismo en tiempos de la red. Herder. Barcelona, 2914. 

[14] Efesios 1: 13 

[15] Efesios 3: 10