Julio 18: “Al desembarcar, Jesús vio una gran muchedumbre y se compadeció de ella"

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Por: Antonio José Sarmiento Nova, SJ

Lecturas:

  1. Jeremías 23: 1-6
  2. Salmo 23
  3. Efesios 2: 13-18
  4. Marcos 6: 30-34

Un salmo frecuente en las celebraciones de la Iglesia es el 23 con su conocida invocación: “El Señor es mi pastor, nada me puede faltar. Él me hace descansar en verdes praderas, me conduce a las aguas tranquilas y repara mis fuerzas; me guía por el recto sendero, por amor de su Nombre. Aunque cruce por oscuras quebradas, no temeré ningún mal, porque tú estás conmigo, tu vara y tu bastón me infunden confianza”.[1] El autor de este poema experimenta que Dios es su garantía, acudiendo a la figura del pastor, muy propia de la cultura agrícola y pastoril en la que surgen estas invocaciones de los creyentes de Israel, se sabe guiado con acierto, su lenguaje es de plena confianza, proclama que Yahvé-Dios es el garante de su humanidad.[2]

Este es el contenido central de las lecturas de este domingo, avalado con los pasajes de Jeremías, el salmo aludido, la carta a los Efesios y el evangelio de Marcos. El interés prioritario de Dios –no hay ninguno que se le iguale– es la plenitud, felicidad, realización, salvación, liberación, del ser humano. La imagen del pastor –de donde proviene pastoral, la acción apostólica de la Iglesia– surgida del ambiente sociocultural propio del pueblo hebreo, es perfecta para dar plasticidad al interés de Dios por su rebaño, a su incondicionalidad y desvelo para darse a los seres humanos, que somos su opción preferencial.[3]

En el Antiguo Testamento los guías políticos y religiosos eran presentados como los pastores de ese rebaño, esta imagen cobró especial relieve a partir de David, el pastor que se convirtió en rey. El rebaño no es propiedad de los pastores, ellos son sus administradores, las ovejas son del Señor, aquellos representan el favor de Dios y deben rendir cuentas de lo que hacen por la porción que les es confiada, son una mediación y, en cuanto tales, son relativos, sin que esta relatividad menoscabe la seriedad con la que deben darse a esta misión.[4]

Con frecuencia, el Antiguo Testamento refiere las perversiones e infidelidades de los jefes, lo que deriva en la dispersión del rebaño: “Ustedes han dispersado mis ovejas, las han expulsado y no se han ocupado de ellas. Yo, en cambio, voy a ocuparme de ustedes, para castigar sus malas acciones, oráculo del Señor”.[5]

En el caso de la fuerte confrontación que hace la primera lectura advertimos su contexto: el rey Joaquín, con su conducta desatinada, provocó la intervención de Babilonia, y buena parte del pueblo hebreo fue deportado, desplazado, desarraigado de su hábitat, desposeído de sus tierras, de su religión, de sus tradiciones, como sucede tan a menudo en nuestro tiempo con las acciones de los depredadores de la vida y de la dignidad, las noticias en este sentido son penosamente abundantes: “¡Ay de los pastores que pierden y dispersan el rebaño de mi pastizal!”.[6]

La intervención del Señor tiene total justificación por tratarse de su pueblo, de su gente, de su humanidad entrañable –la de aquellos tiempos y la de todos los tiempos de la historia–, y se evidencia así: los deportados a Babilonia son repatriados, se nombran pastores ejemplares, dignos de crédito, y se hace la correspondiente resonancia de salvación-liberación. Se pasa de los pastores con minúscula al Pastor-Jefe, al rey davídico en quien el pueblo puede tener definitiva garantía de cuidado y protección: “Yo mismo reuniré el resto de mis ovejas, de todos los países adonde las había expulsado, y las haré volver a sus praderas, donde serán fecundas y se multiplicarán. Yo suscitaré para ellas pastores que las apacentarán…”.[7]

Jeremías sabe muy bien que el desorden, la pobreza, la injusticia, el desplazamiento que sufre su pueblo, se debe a los mandatarios que no han sabido gobernar en función del bien público, sino para sus intereses personales y de clase, olvidando los compromisos adquiridos con Yahvé en el momento de su consagración. 

Esperanza de los pueblos de aquellos siglos antiguos y de los actuales es la de ser guiados con justicia, con generosidad, con reconocimiento eficaz de su dignidad. También en la Iglesia hemos fallado con gravedad cuando algunos pastores se han entregado al carrerismo eclesiástico, a la pedofilia, al clericalismo y al poder, a beneficiarse del prestigio que en muchos ambientes da la condición sacerdotal. Se impone así una confrontación rigurosa y humilde, hondo examen de conciencia de todos en la Iglesia cuando unos proceden de modo tan contrario a Dios y a la dignidad de los cristianos y del ministerio, y cuando las ovejas del rebaño no hacen control de calidad a sus pastores.[8] Sobre esta gravísima realidad, que denigra de la Iglesia y del ministerio pastoral, es preciso entrar en un radical proceso de purificación y penitencia, no sólo los que están directamente implicados por comisión o encubrimiento, sino la Iglesia entera, porque este pecado nos afecta a todos. Las víctimas, en primerísimo lugar, merecen una conducta total de resarcimiento y restauración de su dignidad manchada por los clérigos agresores.

El ministerio de pastorear las comunidades cristianas es bello, apasionante, seductor, exigente, si se vive como lo vivió el mismo Señor Jesús, y como lo han vivido y siguen viviendo tantos hombres buenos y abnegados de modo abnegado, discreto y con total dedicación.[9] Acaba de fallecer en Mumbai-India el sacerdote jesuita Stan Swamy[10], hecho prisionero por las autoridades de ese país, acusado de subvertir al pueblo pobre, reclamando sus derechos y promoviendo siempre su dignidad. Falleció en prisión, por COVID-19, un auténtico pastor con olor a oveja.[11]

Dice el evangelio de hoy: “Al desembarcar, Jesús vio una gran muchedumbre y se compadeció de ella, porque eran como ovejas sin pastor, y estuvo enseñándoles largo rato”.[12] Mucha gente estaba realmente interesada por Jesús, según lo refiere el mismo relato: “Al verlos partir, muchos los reconocieron, y de todas las ciudades acudieron por tierra a aquel lugar y llegaron antes que ellos”[13], la multitud que reconocía en Jesús y en sus discípulos una gran señal de esperanza.

También llama la atención que Jesús, al sentir compasión, no se dedica a realizar señales milagrosas sino a enseñarles: “y estuvo enseñándoles largo rato”.[14] Sabemos bien que el contenido de su enseñanza es el reino de Dios y su justicia, el cambio de mentalidad con respecto a un Dios que él revela como Padre misericordioso y compasivo, es lo que consume toda  su vida. Este elemento central define el ser cristiano, el servicio, el ministerio[15], la ofrenda incondicional del propio ser: “Yo he venido para que las ovejas tengan vida y la tengan en abundancia”.[16]

Jesús comprendió que más urgente que descansar era atender a la multitud, sencilla referencia que determina el modo de vida de quien tenga la intención de seguir sus pasos. La Iglesia no puede ser una sociedad piramidal, escalafonada, sino una comunidad con diversidad de carismas y de ministerios, todos iguales en dignidad a partir de la configuración bautismal, distintos en dones y en servicios, pero orientados sin excepción a la construcción de la comunidad de discípulos y a la humanidad toda.[17]

Aspecto clave de este ministerio pastoral es el de la unidad. Partiendo del conflicto del cristianismo naciente, entre cristianos judaizantes y gentiles, Pablo descubre que en el Señor Jesucristo ya no hay razones para la división y para la oposición, esto es definitivo en el ejercicio de su ministerio: “Porque Cristo es nuestra paz: Él ha unido los dos pueblos en uno solo, derribando el muro de la enemistad que los separaba, y aboliendo en su propia carne la ley con sus mandamientos y prescripciones. Así creó con los dos pueblos un solo Hombre nuevo en su propia persona, restableciendo la paz, y los reconcilió con Dios en un solo cuerpo, por medio de la cruz, destruyendo la enemistad en su persona”.[18]

En Cristo Jesús desaparecen todo antagonismo, toda excomunión, sin sacrificar la identidad creyente en aras de un pacifismo ingenuo, la afirmación de esas identidades hace posible el diálogo interreligioso y el ecumenismo, como expresiones genuinamente evangélicas. Este es un servicio de primera línea como el de Jesús que “vio una gran muchedumbre y se compadeció de ella”.[19]

 

[1] Salmo 23: 1-3

[2] COLLIN, Mathieu. El libro de los Salmos. Verbo Divino. Estella, 1999. SCHÖKEL, Luis Alonso & CARNITI, Cecilia . Salmos. Verbo Divino. Estella, 2004. 

[3] CRUZ LOPEZ, Diego Fernando. La revelación de Dios: camino de interpretación y de acción humana en el contexto de la comunidad Pueblo de Dios. En revista Reflexiones Teológicas número 12 páginas 11-34 enero-junio 2014. Pontificia Universidad Javeriana-Facultad de Teología. TRIGO, Pedro. El Dios de los pobres. En https://www.redicces.org.sv/jspui/bitstream/10972/2277/1/RLT-2021-087-A.pdf

[4] Papa JUAN PABLO II. Exhortación Apostólica Post Sinodal Pastores Dabo Vobis. Tipografía Vaticana. Roma, 1992. ECHEVARRÍA SERRANO, Francisco. Pastores con olor a oveja: 40 rasgos desde el Evangelio. PPC. Madrid, 2015. FARES , Diego. El olor del pastor: el ministerio pastoral en la visión del Papa Francisco. Sal Terrae. Santander, 2018. 

[5] Jeremías 23: 2

[6] Jeremías 23: 1

[7] Jeremías 23: 3-4

[8]  PONTIFICIA UNIVERSIDAD CATÓLICA DE CHILE. Comprendiendo la crisis de la Iglesia en Chile. Comisión de la Universidad Católica para el análisis de la crisis de la Iglesia en Chile. Santiago de Chile, 2012. NORIEGA, Roberto. La responsabilidad ética en el ministerio sacerdotal, el arte de servir. Desclée de Brower. Bilbao, 2016. Papa FRANCISCO. Meditación a los Obispos de Chile. Visita Apostólica 2018. PARDO, José María. Abuso sexual de menores por parte del clero católico. En https://www.oservatorio.campus-virtual.org/uploads/39555_39555.pdf GONZÁLEZ, Fernando M. Pederastia clerical o el retorno de lo suprimido. Universidad Nacional Autónoma de México UNAM Instituto de Investigaciones Sociales. México D.F. 2020. FREIJE, Rafael Felipe. Respuesta eclesial y canónica a los abusos sexuales de menores  bajo el impulso de Joseph Ratzinger, prefecto y papa. Tesis para obtener el grado de doctor en derecho canónico en la Universidad Pontificia de Comillas. Madrid, 2018. 

[9] GONZALEZ DORADO, Antonio. Sacerdotes dignos de crédito: perspectiva latinoamericana. Sal Terrae. Santander, 1989. ORTIZ AMAYA, Jorge. El sacerdote de mañana. Carlos Lohlé. Buenos Aires, 1965. GRESHAKE, Gisbert. Ser sacerdote. Sígueme. Salamanca, 1995. VANHOYE, Albert. Sacerdotes antiguos, sacerdote nuevo según el Nuevo Testamento. Sígueme. Salamanca, 2006. 

[10] 1937-2021

[11] CURIA GENERALICIA DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS ROMA. Una actualización sobre la situación del Padre Stan Swamy, SJ India. En https://www.jesuits.eu/images/docs/2020/update_on_Stan_Swamy-ESP.pdf

[12] Marcos 6: 34

[13] Marcos 6: 33

[14] Marcos 6: 34

[15] Derivado de la palabra latina minister, el criado, el servidor, el que hace los menesteres humildes para bienestar de todos. 

[16] Juan 10: 10 

[17] CASTILLO, José María. Para comprender los ministerios de la Iglesia. Verbo Divino. Estella, 2009. 

[18] Efesios 2: 14-15 

[19] Marcos 6: 34