Julio 25: “Comieron todo lo que quisieron”

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Por: Antonio José Sarmiento Nova, SJ

Lecturas:

  1. 2 Reyes 4: 42-44
  2. Salmo 144
  3. Efesios 4: 1-6
  4. Juan 6: 1-15

El domingo anterior, el relato de Marcos nos dejó en la antesala del muy conocido milagro de la multiplicación de los panes y de los peces. En su lugar, la liturgia nos llevará durante los siguientes domingos con el capítulo sexto del evangelio de Juan, el más largo y denso de los 4 evangelios. El autor elabora una teología del seguimiento, una honda reflexión de cómo se vive el camino de Jesús, la configuración de nuestra humanidad con la de él y con su divinidad. Este material, como los demás relatos evangélicos, se elaboró como catequesis destinada a quienes se preparaban para ingresar en la comunidad de seguidores de Jesús. 

Se iba dando, en quienes lo escuchaban, un entusiasmo creciente con su mensaje. Eran multitudes con hambre y con sed, física, emocional, espiritual, no encontraban satisfacción a esta necesidad esencial ni en el régimen religioso ni en el político de su tiempo, de estas entidades sólo provenían para ellos desatinos y frustraciones sin fin. Profundamente religiosos al fin y al cabo, descubren en las palabras y en el estilo de este nuevo maestro la posibilidad de un Dios que no es el de los poderosos ni el del orden establecido, su emoción aumenta con la manifestación de este Padre-Madre que es de ellos y para ellos, un Dios que se les revela próximo y liberador,[1] respuesta plena a su hambre de sentido, de mesa servida, de dignidad. 

También en nuestro tiempo son muchos –millones de millones– los prójimos deseosos de reconocimiento y de satisfacciones profundas para sus requerimientos, la muchedumbre de “descartados” por un sistema inmisericorde y depredador. ¿Qué decir con seriedad humana y evangélica para responder a estos clamores tan legítimos y urgentes?[2]

Juan nos habla con frecuencia de pan, el alimento espiritual.[3] “Estaba próxima la Pascua, la fiesta de los judíos”[4], como dice el relato de hoy, no es un dato cronológico sino teológico. La gente no sube a Jerusalén, como era su obligación por la ley judía, sino que busca en Jesús la salvación y la liberación que esa institución religiosa no puede darles. No está de más recordar a nuestros lectores que los evangelios se escribieron tiempo después del Jesús histórico, cuando ya las comunidades de seguidores suyos tenían unos fundamentos de fe pascual que testimonian en esos escritos. 

El dinero había desplazado a Dios del templo. Utilizado por el sistema opresor, es el causante de la injusticia y de las ambiciones que alienan al ser humano y lo alejan de su esencia trascendente. Comprar pan es un bien necesario para la vida, a cambio de dinero, inventado este para dominar y crear inequidad. El vendedor dispone del alimento, lo cede sólo bajo ciertas condiciones que él decide. 

La vida –lamentablemente– no está al alcance de todos, sino mediatizada por el poder. Penosa condición de todos los tiempos de la historia, pero Jesús no acepta esta mentalidad ni las estructuras que le dan soporte, quiere saber si sus discípulos la aceptan; el discípulo Felipe no ve solución, no tiene capacidad mental para captar el fondo del problema: “Al levantar Jesús los ojos y ver que venía hacia él tanta gente, preguntó a Felipe: ¿dónde nos procuraremos panes para que coman estos? Se lo decía para probarle, porque ya sabía lo que iba a hacer. Felipe le contestó: doscientos denarios de pan no bastan para que cada uno coma un poco”.[5] ¿Somos como Felipe? 

En cambio, Andrés muestra una solución diferente; habla de los panes y de los peces como algo de lo que se puede disponer, su mente sí está mediada por la gratuidad: “Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dijo: aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces; pero, ¿qué es eso para tantos? Replicó Jesús: hagan que se recueste la gente. La gente se recostó eran unos cinco mil”.[6] El jovencito que tiene los alimentos representa al insignificante grupo de los discípulos, es un pequeño, humilde, desposeído de importancia social y religiosa en aquel contexto, pero no retiene, no acumula, dispone su alimento para que todos coman. ¿Somos como Andrés, como este jovencito?

Jesús quiere que todos se sientan personas íntegras, con su propia responsabilidad, la madurez de su autonomía, no quiere servidumbres. También tiene todo el peso significativo el hecho de no estar realizando este signo ni en el templo ni en la sinagoga, Dios no acontece en los límites de una institución religiosa como la judía, sino en el mismo Jesús, en la humanidad, en su realidad, en su historia, en su existencia cotidiana: “Tomó Jesús entonces los panes y, después de dar gracias, los repartió entre todos los que estaban recostados, y lo mismo los peces. Comieron todo lo que quisieron. Cuando se saciaron dijo a sus discípulos: recojan los trozos sobrantes para que nada se pierda”.[7] La acción de gracias expresa la conexión con el ámbito de la divinidad, de donde proceden los dones de la vida, la gracia que confiere bienaventuranza, el alimento es regalo de Dios a todos, nadie lo puede acaparar para provecho propio, es la mesa servida para todos. Los sobrantes no tienen sentido de resto sino de sobreabundancia, los trozos que sobran de la comunión eucarística no se pueden desechar porque la comunidad cristiana debe continuar con la obra de la entrega y del compartir.[8]

El capítulo cuarto del segundo libro de los Reyes, del que proviene la primera lectura de hoy, refiere la actividad del profeta Eliseo: socorre a una viuda, su ministerio de auxilio con la mujer sunamita y con su hijo, la liberación de una olla envenenada, y también una multiplicación de panes, a propósito del obsequio de panes y grano fresco que un hombre le ofrece como muestra de gratitud: “Eliseo dijo: dáselo a la gente y que coman. Su servidor replicó: ¿cómo voy a ofrecer esto a cien hombres? Él dijo: dáselo a le gente y que coman, porque esto dice Yahvé: comerán y sobrará. Lo puso ante ellos, que comieron y dejaron todavía sobras, conforme a la palabra de Yahvé”.[9] Esta es la actitud que subyace en el gesto de Jesús, el profetismo bíblico anticipa estas realidades de abundancia, de justicia, de mesa compartida, de Dios que se da a todos ilimitadamente, es la gran señal de los tiempos mesiánicos.

¿Qué pasa con quienes se dicen cristianos y acumulan sin medida? ¿Qué pasa con estos países donde predomina el cristianismo católico, ahora también el evangélico y pentecostal, en disonancia total con sociedades injustas y fracturadas por la pobreza y la desigualdad? ¿Hemos reducido lo cristiano a rituales, a doctrinas asumidas teóricamente, a moralismos individuales, sin trascendencia social, a eucaristías formales vacías de solidaridad y de justicia? En la memorable asamblea de obispos latinoamericanos reunida en Medellín en agosto de 1968, con el aval y la dirección del Papa Pablo VI, se decía: “Existen muchos estudios sobre la situación del hombre latinoamericano. En todos ellos se describe la miseria que margina a grandes grupos humanos. Esa miseria, como hecho colectivo, es una injusticia que clama al cielo. Quizás no se ha dicho suficientemente que los esfuerzos llevados a cabo no han sido capaces, en general, de asegurar el respeto y la realización de la justicia en todos los sectores de las respectivas comunidades nacionales”.[10]

Consumismo, carrerismo social, comodidad sin solidaridad, competencia individualista, vida fácil, indicadores sociales de aceptación, poder, siguen siendo ídolos que alienan al ser humano y lo desentienden del prójimo. ¿Practicamos la religión sólo para ganarnos unos favores individuales de Dios? ¿Lo usamos para nuestros intereses? ¿Volvemos la relación con Dios un ritual sin fuerza profética, sin panes y sin peces para compartir?[11]

El cristianismo es la religión del totalmente Otro, Dios, que se nos vuelve realidad existencial, histórica, próxima, en los totalmente otros, que son los prójimos, los seres humanos concretos. Es lo que pone en evidencia sacramental el Señor Jesucristo, el Otro, nos remite a los otros, los seres humanos, para multiplicar los panes y los peces, con Jesús en el centro.[12]

A raíz de divisiones y pugnas que se daban en la comunidad cristiana de Efeso, envidias, recelos, Pablo los exhorta a la unidad, consecuencia de lo que venimos reflexionando en este domingo, no una unidad de pacifismo ingenuo sino una efectiva y afectiva projimidad fundamentada en el Señor: “Los exhorto, pues, yo, prisionero por el Señor, a que vivan de una manera digna de la llamada que han recibido: con toda humildad, mansedumbre y paciencia, soportándose unos a otros por amor, poniendo empeño en conservar la unidad del Espíritu mediante el vínculo de la paz. Pues uno solo es el cuerpo y uno solo el Espíritu, como una es la esperanza a la que han sido llamados”.[13]

Tener a los otros en más estima que a uno mismo, apostarlo todo por la felicidad de los demás, la negación de los protagonismos egoístas, son las grandes oportunidades para la comunión, para la mesa que se sirve para todos, señal de que se acoge el don ilimitado de Dios, los panes y los peces que desbordan generosamente y construyen comunidad y participación en el Señor. Aquí residen las más definitivas razones para la esperanza… 

 

[1] VALDERRAMA, Luis Alberto. El mensaje de Jesús y el mensaje de Pablo desde una lectura no teológica del Nuevo Testamento. En Revista Científica Guillermo de Ockham, volumen 9 número 2 julio-diciembre 2011, páginas 61-76. Universidad de San Buenaventura, Cali. AGUIRRE MONASTERIO, Rafael. La mirada de Jesús sobre el poder. En https://www.scielo.cl/pdf/tv/v55n1/art05.pdf JOHNSON, Elizabeth. A la búsqueda del Dios vivo. Sal Terrae. Santander, 2012. QUY, Roger & GRZONA, Ricardo. Dios con nosotros. Edelvives. Valencia, 2020.

[2] ARRUPE, Pedro. Hambre de pan y de evangelio. Sal Terrae. Santander, 1978. PROGRAMA MUNDIAL DE ALIMENTOS PMA. Serie de informes sobre el hambre en el mundo: el hambre y los mercados. Londres, 2009. FOOD FIRST INFORMATION AND ACTION NETWORK FIAN. Colombia con hambre: estado indolente y comunidades resistentes. FIAN. Bogotá, 2013. 

[3] LONDOÑO, Juan Esteban. El pan del misterio: interpretación socio-retórica de Juan 6. En Revista Perseitas volumen 5 número 1 enero-junio 2017, páginas 148-166. Universidad Católica Luis Amigó. Medellín, 2016. 

[4] Juan 6: 4

[5] Juan 6:5-7

[6] Juan 6:8-9. 

[7] Juan 6: 11-12

[8] AGUIRRE MONASTERIO, Rafael. La mesa compartida . En https://www.redicces.org.sv/jspui/bistream/10972/1105/1/RLT-1995-035-B.pdf

[9] 2 Reyes 4: 42-44

[10] CONSEJO EPISCOPAL LATINOAMERICANO CELAM. Las cinco conferencias generales del episcopado latinoamericano.Paulinas san Pablo CELAM. Bogotá, 2014; documento de Medellín número 1, página 87. 

[11] LEON DUFOUR, Xavier. La fracción del pan: culto y existencia en el Nuevo Testamento. Cristiandad. Madrid, 1990. SCAMPINI, Jorge. La eucaristía , primicia y fundamento de un orden social verdaderamente justo. En revista Teología tomo 53, número 119. Pontificia Universidad Católica Argentina, Facultad de Teología. Buenos Aires, 2016. BOROBIO, Dionisio. Dimensión social de la liturgia y los sacramentos. Desclée de Brower. Bilbao, 1995. 

[12] GONZÁLEZ FAUS, José Ignacio. Vicarios de Cristo: los pobres. Antología de textos de la teología y la espiritualidad cristiana. Cristianismo y justicia. Barcelona, 2018. 

[13] Efesios 4: 1-4