Noviembre 7: “Les aseguro que esta pobre viuda ha puesto más que cualquiera de los otros”

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Por: Antonio José Sarmiento Nova, SJ

Lecturas:

  1. 1 Reyes 17: 10-16
  2. Salmo 145
  3. Hebreos 9: 24-28
  4. Marcos 12: 38-44

Dios no es un Dios de cantidades, de multitud de prácticas religiosas, de vanaglorias sin fin, sino de calidades profundas, de humanidades nuevas, de corazones transformados, de humildad[1] y discreción. Su asunto no reside en la presunción orgullosa de cumplimiento externo, sino en la ofrenda de la propia vida. Así nos lo enseñan la primera lectura de hoy, que proviene del libro 1 de los Reyes, y el texto del evangelio de Marcos, con el relato de la viuda pobre.[2] No es la sociedad del espectáculo lo que aquí cuenta, sino la discreta generosidad del amor que se ofrece sin reservas, aún desde la más radical pobreza. Por aquí transita el mensaje de este domingo. Toda la parafernalia religiosa externa no tiene ningún valor espiritual; lo que importa es la interioridad de quien se orienta a Dios y al prójimo sin proclamarlo con vanidad egocéntrica.

El relato de Marcos deja clara la crítica de Jesús a la religión de su tiempo: “Guárdense de los escribas, que gustan pasear con amplio ropaje, ser saludados en las plazas, ocupar los primeros asientos en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; y que devoran la hacienda de las viudas so capa de largas oraciones. Esos tendrán una sentencia más rigurosa”.[3] Su pretexto es señalar la diferencia entre religión y espiritualidad, entre cumplimiento exterior y vivencia profunda, entre rito y experiencia de Dios. Es reiterada la crítica de Jesús ante la religión que demanda fidelidad a doctrinas, ritos y normas sin influjo transformador en la vida, la hipocresía religiosa, hecho frecuente y absolutamente inaceptable en el estilo que el Maestro nos propone en su Buena Noticia.[4]

El contraste lo marca muy claro con la segunda parte: “Muchos ricos echaban mucho, pero llegó también una viuda pobre y echó dos moneditas, o sea, una cuarta parte del as. Entonces, llamando a sus discípulos, les dijo: Les digo de verdad que esta viuda pobre ha echado más que todos los que echan en el arca del tesoro. Pues todos han echado de lo que les sobraba; esta, en cambio, ha echado de lo que necesitaba, todo cuanto poseía, todo lo que tenía para vivir”.[5] Esta humilde mujer, alejada de todo cálculo, de todo interés mezquino, procede según el sentimiento religioso más genuino. La idea de que Dios mira más el corazón que las apariencias no es novedad en la tradición judía, se encuentra en muchos comentarios del Antiguo Testamento. Jesús la profundiza y la propone como paradigma de actitud religiosa, esto hace parte de la originalidad evangélica.[6]

La mujer compartió todo lo que tenía para vivir, que era poquísimo. Desde esa limitación pone su vida en manos de Dios pensando en el prójimo que se beneficiaría de su ofrenda.[7]

Jesús ya había realizado el gesto de purificar el templo arrojando a los vendedores y comerciantes, denunciando la religión convertida en un “negocio” de salvación, manipulando a Dios para convertirlo en legitimador de la soberbia religiosa y de la vanidad moral. Sabemos bien su opinión sobre la manera como se gestionaba el culto y su correlativa crítica a la explotación de los pobres en nombre de Dios, para que los líderes religiosos vivieran en la abundancia, de espaldas a la dramática realidad que Jesús denuncia. El templo de Jerusalén era el centro de la actividad económica del país, cimentado en la obligación de ofrecer sacrificios y de dar el diezmo de todo lo que cosechaban, ¡el Dios liberador convertido en un Dios explotador!

Con el gesto de la viuda, Jesús destaca la ofrenda no tanto como el aporte para el alivio de las necesidades materiales de alguien, sino como la actitud de total confianza en Dios y de disponibilidad para su reino y para su justicia. Es una mujer en clave de bienaventuranza, desprendida, generosa, dispuesta para la mesa compartida,[8] sin la soberbia que esgrimen muchos de los que “donan” a los más pobres, con su ego inflado proponiéndose como modelos de solidaridad.

El mensaje es contundente: se trata de dilucidar dónde y en quién ponemos nuestra confianza: ¿en la seguridad que dan las posesiones o en Dios que nos lanza a la aventura del compartir, de la donación de la vida, de la solidaridad? Este último es el auténtico lenguaje de Dios. ¿Cómo hablar de esto en la sociedad consumista, en el loco mundo de las ganancias materiales, en las soberbias humanas que depositan sus garantías en el tener? ¿Cómo decir hoy la misma profecía de Jesús en un mundo tan seducido por la autosuficiencia? [9]

De esto mismo trata la primera lectura, es también una viuda que comparte su pobreza con el profeta Elías: “Se preparó y fue a Sarepta. Cuando entraba por la puerta de la ciudad, una viuda andaba por allí recogiendo leña. Elías la llamó y le dijo: traéme, por favor, un poco de agua en el jarro para beber. Cuando iba a traérsela, le gritó: traéme, por favor, un trozo de pan. Ella respondió: por vida de Yahvé, tu Dios, que no me queda pan cocido. Sólo tengo un puñado de harina en la orza y un poco de aceite en la aceitera”.[10] Es impresionante el egoísmo tan frecuente en el mundo de la abundancia y de la riqueza, y no lo es menos la solidaridad en los ambientes de mayores carencias, las penurias de la vida sensibilizan en alto grado y se convierten en caldo de cultivo de una cultura que emerge solidaria en medio de la pobreza. ¡Los pobres nos anuncian la Buena Noticia![11]

Es bueno enterarnos del contexto de este relato de 1 Reyes.[12] Estamos en el reino del Norte (Israel),[13] el país vive una crisis profunda, los reyes de la dinastía de Omrí han dejado esa región en total miseria. El último de los monarcas –Ahab– ha hecho su aporte al desastre nacional, se casó con una extranjera –Jezabel– y con ella se entregó a la idolatría con el culto a Baal, deidad simbólica que alude a la entrega del ser humano al poder del dinero y de la comodidad material.

El profeta denuncia con el vigor que lo caracteriza y simboliza la situación con una sequía que viene sobre Israel, en esa condición extrema quiere destacar que el retorno a Yahvé y a los compromisos éticos propios de la Alianza son la garantía para recuperar al pueblo de su postración, entendiendo que esto no se reduce a una práctica ritual sino a un modo de vida coherente con el plan original de Dios, de justicia para los desheredados y de convivencia fraterna.

Las palabras de Elías a la viuda hablan con elocuencia: “Porque esto dice Yahvé, Dios de Israel: El cántaro de harina no quedará vacío, la aceitera de aceite no se agotará, hasta el día en que Yahvé conceda lluvia sobre la superficie de la tierra. Ella se fue e hizo lo que le había dicho Elías. Y comieron él, ella y su familia. Por mucho tiempo la orza de harina no quedó vacía y la aceitera no se agotó, según la palabra que Yahvé había pronunciado por boca de Elías”.[14] El tiempo de Dios es tiempo de justicia, de gratuidad, de comunión, de vida, de fecundidad, de mesa de todos y para todos.

A Jesús, que observa cómo los que tienen van pasando a depositar su ofrenda para el tesoro del templo, no lo impresiona la cantidad que cada rico pone en el cofre; sus criterios de valoración son radicalmente distintos de la mentalidad economicista que se basa en el binomio inversión ganancia, en la ley del costo beneficio. Esto lo tiene sin cuidado, ahí no está el Evangelio.

Da un mensaje para el cristianismo de todos los tiempos de la historia; también, para la humanidad en general, para la ética de la solidaridad.[15] Mientras los demás, teniendo suficiente para vivir desean mucho más y hacen de su ofrenda un gesto interesado que les puede traer mayores beneficios, esta mujer ofrece desde un amor que es al mismo tiempo fuerte por la hondura de su generosidad y débil por la fragilidad de donde surge. El asunto del reino de Dios y su justicia no tiene su raíz en el rendimiento material de las prácticas religiosas, de las limosnas que se dan por salir del paso, del alboroto con el que se rodean ciertas prácticas de beneficencia.[16]

La viuda del evangelio y la que socorrió a Elías simbolizan aquella porción del Israel empobrecido, de la humanidad precaria que entra resueltamente en la dinámica de Jesús, con la disposición para darse a esta causa del reino. Vienen así al recuerdo tantos relatos de líderes sociales, de promotores de la comunidad, de hombres y mujeres desinteresados cuya felicidad es dar todo de sí para que su gente viva bien, compartiendo sin presumir, sacramento genuino del nuevo mundo que viene con Jesús.

 

[1] Recordar que “humildad” viene del latín “humus”, tierra, lo que está más abajo, debajo de todo, lo último de lo último.

[2] CARBULLANCA NÚÑEZ, César & VALENZUELA CORALES, María de los Andes. La viuda pobre como arquetipo marginal. En Revista Veritas número 38 páginas 141-162. Facultad de Teología, Pontificia Universidad Católica de Chile, diciembre 2017. MENA OREAMUNO, Francisco. Comentario intercultural al evangelio según Marcos. Escuela Ecuménica de Ciencias de la Religión. Universidad Nacional de Costa Rica. San José, 2021.

[3] Marcos 12: 38-40

[4] VIÑAS GARCÍA, José. La hipocresía religiosa. En https://www.elcomercio.es/gijon/20090504/opinioncartas/hipocresia-religiosa-20090504.html  CASTELLANI, Leonardo. Cristo y los fariseos. Jauja. Mendoza Argentina, 1999.

[5] Marcos 12: 41-44

[6] MONASTERIO CISTERCIENSE DE SANTA MARÍA DE HUERTA. La humildad. En https://www.monasteriohuerta.org/wp-content/uploads/2014/03/humildad.pdf  MONROY, Benjamín. Recuperar lo que no brilla, lo humilde y sencillo. En https://www.antoniano.org/public/pua/dispense/4.%20MonroyLohumide.pdf

[7] CODINA, Víctor. Una Iglesia nazarena: teología desde los insignificantes. Sal Terrae. Santander, 2010. SOBRINO, Jon. Fuera de los pobres no hay salvación. UCA Editores. San Salvador, 2009.

[8] AUTORES VARIOS. La causa de los pobres, causa de Dios. Cristianismo y Justicia. Barcelona, 2015. TRIGO, Pedro. El Dios de los pobres. En https://www.redicces.org.sv/jspui/bitstream/10972/2277/1/RLT-2012-087-A.pdf

[9] WRIGHT, Thomas. El desafío de Jesús. Desclée de Brower. Bilbao, 2003. BOFF, Leonardo. Jesucristo y la liberación del hombre. Cristiandad. Madrid, 1981. CROSSAN, John Dominic.. Jesús, biografía revolucionaria. Grijalbo-Mondadori. Barcelona, 1986. TAMAYO ACOSTA, Juan José. Por eso lo mataron: el horizonte ético de Jesús de Nazaret. Trotta. Madrid, 1998. GUTIËRREZ, Gustavo. En busca de los pobres de Jesucristo. Sígueme. Salamanca, 1993. FRAIJÖ, Manuel. Jesús y los marginados: utopía y esperanza cristiana. Cristiandad. Madrid, 1985.

[10] 1 Reyes 17: 10-12

[11] FLECHA ANDRÉS, José Román. La generosidad de la viuda: título homilético para el domingo XXXII del tiempo ordinario. En revista Ecclesia. Madrid, 11 de noviembre 2018. ESTÉVEZ LÓPEZ, Elisa. Prácticas compasivas y visibilidad femenina. En revista Reseña Bíblica número número 14 páginas 23-34. Verbo Divino. Estella, 1997.

[12] GIBERT, Pierre. Los libros de Samuel y de los Reyes. Verbo Divino. Estella, 1984. BUIS, Pierre. El libro de los Reyes. Verbo Divino. Estella, 1995. SICRE, José Luis. Artículo Profetismo en FLORISTAN, Casiano & TAMAYO, Juan José. Conceptos Fundamentales del Cristianismo, páginas 1070-1085. Trotta. Madrid, 1993.

[13] Por pugnas políticas y religiosas, profundas desavenencias, el reino de David y Salomón más tarde se dividió en dos fracciones: Judá al sur, con Jerusalén como capital; Israel al norte, con Samaría como capital.

[14] 1 Reyes 17: 14-16

[15] MOLINA VELÁSQUEZ, Carlos. Etica del bien común y de la responsabilidad solidaria. En revista Realidad número 117, páginas 365-393. San Salvador, 2008. VIDAL, Marciano. Para comprender la solidaridad: virtud y principio ético. Verbo Divino. Estella, 1996.

[16] RICHARD, Pablo & ELLACURÍA, Ignacio. Artículo Pobreza-Pobres en FLORISTAN, Casiano & TAMAYO, Juan José. Conceptos fundamentales del cristianismo, páginas 1030-1034. Trotta. Madrid, 1993.