Diciembre 12: “Yo los bautizo con agua. Pero está a punto de llegar alguien que es más fuerte que yo, a quien ni siquiera soy digno de desatar la correa de sus sandalias: él los bautizará con Espíritu Santo y fuego”

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Por: Antonio José Sarmiento Nova, SJ

Lecturas

1. Sofonías 3: 14 – 18

2. Salmo Isaías 12: 2 – 6

3. Filipenses 4: 4 – 7

4. Lucas 3: 10 – 18

La primera palabra de la liturgia de este domingo tercero de Adviento –tomada de la segunda lectura– es una invitación a la alegría: “Estén siempre alegres en el Señor; les repito, estén alegres”,[1] es el común denominador de los textos de hoy, por eso se le llama el domingo Gaudete,[2] que significa “alégrense”.  No se trata de la alegría del espectáculo, de la sociedad de consumo, de los afanes de las fiestas y eventos de conveniencia social, sino del gozo que proviene de la presencia eficaz de Dios entre nosotros, el Emmanuel,[3] el Dios que se inserta amorosamente en la humanidad, que asume como propia nuestra condición, un Dios cercano, palpable, ciento por ciento dedicado a nosotros. 

Esta profecía anuncia que estamos afianzados sobre la realidad del Dios que está en nuestra historia, en nuestra realidad, en nuestros dramas, en nuestras plenitudes, para comunicarnos la salvación, el sentido definitivo de la vida, la superación de la ambigüedad y del pesimismo radical, la capacidad de llevar una existencia con significado trascendente. Dios humano, demasiado humano, para que nosotros lleguemos a ser divinos, demasiado divinos. El nuestro es un Dios “sinodal”, que camina hombro a hombro con nosotros, esta es la revelación que Jesús nos hace de Él.[4]

Tal felicidad es la razón de estas palabras de Pablo: “No se inquieten por cosa alguna; antes bien, en toda ocasión, presenten a Dios sus peticiones, mediante la oración y la súplica, acompañadas de la acción de gracias. Y la paz de Dios, que supera toda inteligencia, custodiará sus corazones y sus mentes en Cristo Jesús”.[5] Pablo dice esto a los Filipenses porque ha vivido una densa experiencia del Dios que salva, una certeza de vida teologal que da soporte al testimonio paulino, causa de la genuina alegría.[6] Estupendo argumento para salir al paso con fuerza profética a todos esos estilos de religión entristecida, sombría, obsesionada con culpas y estrecheces de conciencia.[7]

Esta alegría es consecuencia de un proceso que empieza por una toma de conciencia de nuestro verdadero ser, en un gran ejercicio de interiorización, de configuración del yo en cuanto sujeto de la relación con Dios, siguiendo lo que quiere decir la palabra inglesa insight, mirada profunda sobre uno mismo para hacerse consciente del propio yo, constitución de la interioridad, materia prima de la relación de trascendencia, de amor, con Dios y con el prójimo, fuente de esta genuina alegría, en la que queremos hacer énfasis en este Adviento: “¡Yahvé, tu Dios, está en medio de ti, un poderoso salvador! Exulta de gozo por ti, te renueva con su amor; danza por ti con gritos de júbilo, como en los días de fiesta”.[8]

Si descubrimos que Dios forma parte de nuestro ser, encontraremos absoluta seguridad dentro de nosotros. ¿Somos conscientes en nuestra vida personal y colectiva de esta presencia teologal? En Adviento se nos invita a advertir esta realidad y a valorar los alcances de la misma, en la perspectiva de una vida abierta al sentido definitivo, novedosa con la novedad de Dios, dotada de una esperanza cierta, viable, la gran apuesta de Él para que todo lo humano sea redimido y liberado.[9]

“La gente le preguntaba: entonces, ¿qué debemos hacer?”.[10] Esta pregunta es prueba de la sinceridad de los que se acercan a Juan, de su deseo honesto de acatar la invitación de este profeta a un replanteamiento total de la vida, en clave de Dios y de una humanidad plenamente asumida por Él. Con cuatro pinceladas, marca el Bautista la tarea de cambiar la manera de pensar y de actuar:

- “El que tenga dos túnicas, que las reparta con el que no tiene”.[11]

- “El que tenga para comer, que haga lo mismo”.[12]

- “No exijan más de lo que les está fijado”,[13] responde a unos publicanos deseosos de conversión.

- “No hagan extorsión a nadie; no hagan denuncias falsas”,[14] es su respuesta a un grupo de soldados, igualmente deseosos de una nueva vida.

Adviento, tiempo de revisión profunda de todo lo que somos y hacemos, examen de conciencia que hace posible una evaluación a fondo de nuestras motivaciones, prioridades, valores determinantes, actitudes, conductas. Juan el Bautista con su profecía se nos vuelve poderosamente actual, en él reconocemos la invitación de siempre, de parte de Dios, para que nuestra vida tome los rumbos de mayor sinceridad en todos los aspectos que la constituyen. 

¿Es la nuestra una vida inmediatizada por lo utilitario? ¿Sacrificamos el ser a las penosas exigencias del tener? ¿Cargamos ladrillos a la sociedad de consumo? ¿Toda nuestra preocupación consiste en ganancias materiales, comodidades, individualismo y competencia? ¿El prójimo sufriente tiene una presencia significativa en nuestras decisiones o, más bien, sus dramas se nos antojan cosas lejanas de unos pobrecitos mal dotados, por allá en Africa, en Siria, en las comunas de Medellín, en Soacha, en Haití? ¿Nos dejamos llevar por esta cultura de la velocidad y del estar siempre ocupados sin posibilidad de silencio fecundo? ¿Nos ponemos la máscara de la felicidad ficticia, perfumada, bien vestida, sin corazón ni humanismo?[15]

¿La nuestra es una religión de formalidades rituales sin conversión del corazón? ¿Navidad se nos volvió tiempo de rumbas y derroches? El Bautista nos brinda unos indicadores claros para hacer este “control de calidad”: si estamos perdiendo la vida porque nos dejamos dominar por el sistema, o si nuestra libertad está abierta a Dios que está aquí para provocar una humanidad redimida de estos sometimientos.

El Bautista, como Jesús, ratifica que no quiere saber nada de las cosas del templo ni del cumplimiento minucioso de la legislación judía, tampoco de una vida sin solidaridad y justicia. Una religiosidad que no llega al prójimo, que no genera comunión, no es la que Dios quiere. La conversión que promueve el Bautista está referida directamente a una nueva manera de ser en el servicio y en la fraternidad. Es la preocupación sincera por los demás el gran indicador de la conversión a Dios junto con un estilo sobrio, significante de la mesa común para todos.

¿Tenemos claro que Dios ya está en nosotros, en nuestra historia? ¿O nos seguimos sintiendo incompletos porque aguardamos a que venga de otra parte el salvador, sin darnos cuenta de su vitalidad creadora y re-creadora, ya presente en nuestra vida? La encarnación de Dios en nuestra humanidad equivale a una presencia inserta, implicada en lo humano, real, no distancia inaccesible sino verdad teologal en la cotidianidad de hombres y mujeres, un Dios de a pie, que disipa la distante solemnidad con la que nos han habituado a verlo.[16]

Porque se trata de pasar de la ansiedad angustiosa a la feliz certeza de la fidelidad del Padre, avalada con el anuncio de Juan: “Yo los bautizo con agua. Pero está a punto de llegar alguien que es más fuerte que yo, a quien ni siquiera soy digno de desatarle la correa de sus sandalias: él los bautizará con Espíritu Santo y con fuego. En su mano tiene el bieldo para aventar su parva; recogerá el trigo en su granero, pero quemará la paja con fuego que no se apaga. Y, con otras muchas exhortaciones, anunciaba a la gente la Buena Nueva”.[17]

Esto rompe ese paradigma de la religión de sacrificios, de expiaciones, de inculpaciones, de desprecio de lo humano, de evasión de la historia, para afirmar el proyecto de Jesús, que es –felizmente– la inserción liberadora de Dios en la humanidad, en la que la responsabilidad personal y su correspondiente implicación moral se vive desde la óptica de la esperanza y de la bienaventuranza. 

Por eso: “Grita alborozada Sion, lanza clamores, Israel, celébralo alegre de todo corazón, ciudad de Jerusalén. Que Yahvé ha anulado tu sentencia, ha alejado a tu enemigo. Yahvé, Rey de Israel, está en medio de ti. ¡Ya no temerás mal alguno!”.[18]

Cuando en este mundo hay tan malas noticias de tragedias, pobrezas, violencias, falta de oportunidades, exclusiones, desprecios, humillaciones, la Iglesia no tiene por qué cargar con más agobios a los humanos. Desafortunadamente se infiltró la mentalidad de que a Dios hay que reglamentarlo de modo milimétrico, dando origen a una religión estructurada más con mentalidad jurídica que con misericordia. El Evangelio de Jesús contiene la nueva lógica de vida que transforma en su raíz el modo de relacionarnos con Dios y entre nosotros en una perspectiva de libertad y de redención. La Iglesia tiene que ser, en su esencia, portadora de la alegría de esta noticia de misericordia, de cercanía, de Jesús como sacramento del encuentro con Dios.

La alegría de la que habla la liturgia de hoy no es ingenua, no evade los aspectos problemáticos de la existencia ni estimula el simple disfrute de placeres sin compromisos serios. El asunto va por el lado de compartir, de hacer de la propia vida una ofrenda, en la mejor lógica evangélica, hasta que esto determine en su raíz nuestro proyecto de vida.[19]

 

[1] Filipenses 4:4

[2] Diócesis de SIGÜENZA-GUADALAJARA, España. “Un cristiano triste es un triste cristiano”, guía para el III Domingo de Adviento “Gaudete” , 2014https://www.siguenza-guadalajara.org/images/domingo-adviento-3.pdf

[3] Fundación RAMÓN PANÉ. Dios con nosotros: la historia de Jesús contada por Mateo , Marcos, Lucas y Juan. Buena Prensa. México D.F., 2018. CRUZ ARAUZ, Edgar J. Emmanuel , el Dios con nosotros: lectura del evangelio de Mateo en clave  de “lectio divina”. PPC. Madrid, México , 2018. GELABERT BALLESTER, Martín. Palabra de Dios, Palabra del Hombre. En revista Carthaginensia número 27, páginas 231-246.  Instituto Teológico de Murcia (España), 2011. CASTILLO, José María. La humanización de Dios. Trotta. Madrid, 2019. 

[4] COMISIÓN TEOLÓGICA INTERNACIONAL. La sinodalidad en la vida y en la misión de la Iglesia. Tipografía Vaticana. Roma, 2018. 

[5] Filipenses 4: 6-7

[6] MEJÍA ARAÚJO, Valerio. Estudio sobre la alegría en medio del sufrimiento en la carta a los Filipenses. Monografía para optar al grado de magister en teología. Pontificia Universidad Javeriana, Facultad de Teología. Bogotá, 2010. GRÜN, Anselm. Vuestra alegría será perfecta: el mensaje de Pablo a los cristianos de Filipos. Sal Terrae. Santander, 2006. 

[7] MOLTMANN, Jürgen. Sobre la libertad, la alegría y el juego. Sígueme. Salamanca, 1987. PABLO VI. Exhortación Apostólica Gaudete in Domino, sobre la alegría cristiana. Tipografía Vaticana. Roma, 1975. FRANCISCO. Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium sobre la alegría del Evangelio. Tipografía Vaticana. Roma, 2013. KASPER, Walter. La alegría del cristiano. Sal Terrae. Santander, 2019. YUSTE ROSSEL, Nazario & RUIZ FERNÁNDEZ, María Isabel. El humor de Dios. En INFAD Revista de Psicología volumen 2 número 1, páginas 355-362. Asociación Nacional de Psicología Evolutiva y Educativa. Badajoz, 2013. 

[8] Sofonías 3: 17-18

[9] MARTÍN DESCALZO, José Luis. Razones para la esperanza. Atenas. Madrid, 1991. 

[10] Lucas 3: 10

[11] Lucas 3: 11

[12] Lucas 3: 11

[13] Lucas 3: 12

[14] Lucas 3: 14

[15] Diócesis de TENERIFE, España. Vino, viene y vendrá a caminar con nosotros. Material Adviento 2021. En https://www.drive.google.com/file/de/1kiQEenq-JHhQ2cUFdHmlnLQOE3Oju6FA=view MANOS UNIDAS. Adviento 2021. En https://www.manosunidas.org/sites/default/files/adviento_2021_final.pdf  CONFERENCIA EPISCOPAL DE COLOMBIA. Mensaje de Adviento 2021. En https://www.cec.org.co/sites/default/files/06%20Mensaje%20de%20Adviento-2021.pdf

[16] SALVAT, Ignasi. Encarnación y misión. Cristianismo y Justicia. Barcelona, 1998. LIBANIO, Joao Batista. El proyecto de Dios y su encarnación en la historia. En https://www.sjweb/info/documents/cis/pdfspanish/200711504sp.pdf  HICK, John. La metáfora de Dios encarnado. Abya-Yala. Quito, 2010. 

[17] Lucas 3: 16-18

[18] Sofonias 3: 14-15

[19] Editorial VERBO DIVINO. La Buena Noticia de cada día. Estella, 2021.