Abril 3: “Tampoco yo te condeno. Vete, y no vuelvas a pecar”

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Por: Antonio José Sarmiento Nova, SJ

Lecturas:

  1. Isaías 43: 16-21
  2. Salmo 125
  3. Filipenses 3: 8-14
  4. Juan 8: 1-11

Hoy les proponemos dar una mirada serena al mundo de los condenados morales, aquellos prójimos estigmatizados por el pecado, por el juicio de la sociedad y por lo que muchos consideran como personas indeseables para la vida social. Lo hacemos trayendo a cuento la película Pena de muerte[1] del director Tim Robbins, con el protagonismo de Susan Sarandon[2] como la hermana Helen Prejean[3] y de Sean Penn[4] como el condenado a muerte Mathew Poncelet. El filme narra un hecho real, el acusado está sentenciado por haber asesinado a dos adolescentes; la hermana Helen, monja católica, hace parte del servicio religioso de la cárcel, ella es consciente del inmenso dolor de los padres de las víctimas, pero también siente una inmensa piedad por el reo y se empeña en hacer el correspondiente acompañamiento espiritual, con la ilusión de que le sea conmutada la pena capital. El contenido de la película pone en tela de juicio la injusticia de la pena de muerte, destaca la humanidad de las víctimas y del victimario, la lógica del asunto encarnada en la religiosa es la del perdón y de la misericordia, la lógica de Dios que siempre tiende la mano para que el ser humano responsable del pecado acoja con esperanza esa oferta de reconciliación.

Jesús confronta a la sociedad,[5] a las tradiciones religiosas, al cristianismo, a los sistemas penales de los países, con su provocadora conducta de perdón y de reconciliación; en cambio, los seres humanos pensamos con “sensatez” que los responsables de delitos atroces deben ser castigados con la muerte,[6] afirmando la correspondencia penal con el delito cometido. La película a la que aludimos ha puesto en el seno de la sociedad norteamericana, con pena de muerte vigente en la mayoría de sus estados, una pregunta sobre las posibilidades “curativas” de la misma, si los potenciales delincuentes se abstienen de sus crímenes ante la posibilidad de sentencia tan extrema. Para la Hermana Helen Prejean, y para los colectivos a quienes ella representa, el remedio es tan perverso como la conducta punible del asesinato y la violación.[7]

No está de más referirnos también a todo lo sucedido en nuestro país con el conflicto armado. Son innegables los hechos de violencia que han traído muerte y desolación a millones de nuestros compatriotas, el sinsabor de la guerra es en extremo doloroso, la justicia humana reclama severidad y rigor para condenar y ejecutar sin contemplaciones. Ante esto, debemos dejar en claro que no queremos minimizar las responsabilidades, ni promover una conducta permisiva y desconocedora del sufrimiento de las víctimas; pero sí, con la revolucionaria postura de Jesús, nos atrevemos a plantear otras alternativas para redimir a nuestro mundo, a nuestro país, de las consecuencias que trae consigo esta violencia desaforada.[8] En este orden de ideas, las lecturas de este domingo, con el relato de la mujer adúltera a la cabeza, cuya lapidación demandaban con intensidad los hombres “justos” , nos ponen ante este universo de los condenados morales.

El rasgo que define las tres lecturas de este último domingo de cuaresma está en la proyección de Dios como restaurador del ser humano, abatido por la injusticia, por la pecaminosidad, la propia y la de los demás. Ese futuro tiene su cimiento en la misericordia de Dios. Sobre esto hemos reflexionado bastante en los recientes comentarios de cuaresma.

  • Isaías, desde la opresión del destierro de Israel, promete algo novedoso para su pueblo: “Pues bien, voy a hacer algo nuevo: ya está en marcha. ¿No lo reconocen? Sí, abriré en el desierto un camino, alumbraré ríos en el páramo; me honrarán los animales campestres, los chacales y las crías de avestruz; pues llenaré de aguas el desierto, alumbraré ríos en el yermo, para abrevar a mi pueblo, mi elegido, ese pueblo que yo me he formado”.[9] El profeta alude a la experiencia del Éxodo, el tránsito de Israel por el desierto en pos de la tierra prometida, habla de una novedosa realidad que superará con creces la penosa travesía por el desierto y las circunstancias dramáticas que viven en ese cautiverio. Con las figuras referidas en el texto, el profeta anuncia que Dios es el futuro del ser humano,[10] la esencia de ese nuevo éxodo, camino de liberación.
  • Pablo –en el texto de Filipenses– se siente impulsado a la novedad de Jesús, en quien encuentra la alternativa para superar su antigua condición de riguroso fariseo y hombre fanático de la ley judaica.[11] Así define su nuevo ser y su misión: “Por mi parte, hermanos, no creo haberlo conseguido todavía. Sin embargo, olvido lo que dejé atrás y me lanzo a lo que está por delante, corriendo hacia la meta, al premio a que Dios me llama desde lo alto en Cristo Jesús”.[12]
  • En el relato de Juan, Jesús abre a la mujer sorprendida en adulterio un horizonte de futuro liberado y dignificado que los fariseos y los maestros de la ley estaban dispuestos a frustrar. Ella encuentra en el camino de Jesús la alternativa de la dignidad: “Pero, al insistir ellos en su pregunta,[13] se incorporó y les dijo: Aquel de ustedes que esté sin pecado, que le arroje la primera piedra. E inclinándose de nuevo, siguió escribiendo en la tierra. Ellos, al oír estas palabras se fueron retirando uno tras otro, comenzando por los más viejos, Jesús se quedó solo con la mujer, que seguía en medio”.[14] Desarma la argumentación de aquellos hombres que se sentían modelos de moralidad y de religiosidad, y los confronta con su propia conciencia. [15]

En nombre de Dios nunca podemos mirar hacia atrás, estancarnos en el pasado, cargar con complejos de culpa y con las angustias que causan las propias equivocaciones. Lo que nos dice Jesús con su conducta es que él, desde el Padre y desde su misericordia-compasión, es solidario con el pecador, no con el pecado. La gran novedad que aquí se propone es la de un futuro reconfigurado por Dios. Para Él, el ser humano que ha errado en el camino siempre tiene derecho a la redención.

En el relato, se destaca claramente la hipocresía de fariseos y letrados, acusando a la mujer con total intransigencia y sintiéndose ellos puros, libres de pecado. No aceptan el mensaje de Jesús, pero irónicamente le dicen: “Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. Moisés nos mandó en la Ley apedrear a estas mujeres. ¿Tú qué dices? (eso lo decían para tentarle, para tener de qué acusarle)”.[16] Le estaban tendiendo una trampa, disfrazados con la sutileza de ser guardianes de la moralidad. Si Jesús daba su asentimiento a la lapidación, perdería su fama de compasivo y bondadoso; si la rechazaba, iba en contra de la Ley, y esto sería argumento contundente para acusarlo y condenarlo.[17]

La pretendida rectitud de estos hombres no se fijaba en su propio pecado, ni en la frecuente conducta de los varones adúlteros ni adoptaba postura condenatoria hacia ellos, modo de proceder tolerado por la moral sesgada del mundo masculino. Pero a la mujer, a quien se tenía como propiedad privada del marido, sí se le aplicaba con toda severidad la sentencia judicial. Hoy seguimos midiendo con distinto rasero la infidelidad del hombre y la de la mujer, vestigios lamentables de un machismo ancestral. Tirar la primera piedra era un gesto que equivalía a hacerse responsable de la muerte de la persona lapidada. Jesús reta a los acusadores, que la condenaban sin posibilidad de perdón pero no querían asumir la responsabilidad de su posible muerte.

La cercanía que manifestó Jesús hacia los pecadores[18] no podía ser comprendida por aquellos jefes religiosos, se habían fabricado un Dios a la medida de sus neurosis y de su arrogancia. Para ellos el cumplimiento de la ley era el valor supremo, la persona estaba sometida a ese imperio. Por eso no tienen el más mínimo reparo en sacrificar a la mujer en nombre de su Dios inmisericorde. Jesús nos dice que la persona es el valor primero, aún en medio de sus errores y pecados. Con él nos hacemos conscientes de que Dios es el nuevo éxodo, la salida hacia la libertad, el futuro esperanzador que replantea la vida de todos aquellos que acojan este beneficio decisivo para la afirmación de su dignidad: “Mujer, ¿dónde están? ¿Nadie te ha condenado? Ella respondió: Nadie, Señor. Jesús replicó: tampoco yo te condeno. Vete, y no vuelvas a pecar”.[19]

Qué es más demandante: ¿una permanente disposición religiosa para el castigo y la condenación, ejercida implacablemente? ¿O, más bien, la mano tendida de Dios, mediada en el ministerio de la Iglesia y en la conducta de los cristianos, que invita a un nuevo modo de vida según el Evangelio, que no aprueba el pecado, pero sí al pecador en cuanto destinatario de ese amor liberador? Porque, sin lugar a dudas, es mucho más exigente el ser beneficiado por la misericordia y el perdón que sometido al régimen del castigo y de la ley que castiga sin redimir. Este lleva a una vida que actúa por miedo al castigo, aquel se siente amado, reconocido como ser humano digno y responde con la altura de quien capta el sentido del perdón.

Conectemos con el Evangelio del domingo anterior: los observantes que vienen a lapidar a la mujer son el hermano mayor, envidiosos y egocéntricos, presumidos con su máscara de perfección moral; la mujer es el hermano menor que vuelve al Padre creyendo que no merece perdón y Jesús revela al Padre misericordioso que no permite que sus hijos naufraguen en la soberbia religioso-moral o en el despilfarro de sus posibilidades espirituales y morales.[20] Ese es el mensaje de la religiosa Helen Prejean en la película “Pena de muerte”, una buena sugerencia para ver y orar en estos tiempos del desierto cuaresmal. ¡La propuesta de Jesús es, en definitiva, la más radical y revolucionaria en la historia de la humanidad!

 

[1] Su título original en inglés es “Dead man walking”, producida en 1995 en USA, obtuvo muchos premios en diversos festivales de cine.

[2] Nacida en 1946

[3] La hermana Helen tiene en la actualidad 83 años de edad, pertenece a la congregación de Hermanas de San José, su trabajo pastoral ha sido principalmente en presidios, acompañando a condenados a muerte. Es destacado su activismo para concientizar sobre la injusticia de la pena capital, también su acción a favor de las víctimas de la violencia. Ella se pone de parte de víctimas y victimarios, su proceder desborda los límites de la justicia humana; está persuadida de la fuerza de la misericordia de Dios.

[4] Nacido en 1960

[5] GONZÁLEZ FAUS, José Ignacio. Otro mundo es posible… desde Jesús. Sal Terrae. Santander, 2010. PAGOLA, José Antonio. Rasgos de la acogida de Jesús: curador de la vida, defensor de los últimos, amigo de los pecadores. Aula de teología de la Universidad de Cantabria. Santander, 17 y 24 de abril de 2007.

[6] BARBERO SANTOS, Marino. Pena de muerte: el ocaso de un mito. De Palma. Buenos Aires, 1985. CORTE INTERAMERICANA DE DERECHOS HUMANOS. Cuadernillo de Jurisprudencia de la CIDH sobre la pena de muerte. CIDH. San José de Costa Rica, 2020. ARROYO, L. & BIGLINIO, P. & SCHABAS, W. Hacia la abolición de la pena capital. Tirant Lo Blanch. Valencia, 2010. FOUCAULT, Michel. Vigilar y castigar. Siglo XXI Editores. México D.F., 1990. MARTÍN-BARÓ, Ignacio. Poder, ideología y violencia. Trotta. Madrid, 2003.

[7] PREJEAN, Helen. Dead man walking. Vintage Books. New York, 1994.

[8] PIEDRAHITA, María Adelaida. El valor del perdón en el proyecto del posconflicto colombiano. Tesis para obtener el grado de Profesional en Ciencias Sociales. Universidad del Rosario. Bogotá, 2017. LEDERACH, Jean Paul. La imaginación moral: el arte y el alma de la construcción de la paz. Bakeaz-Gernika Gogoratuz. Bilbao, 2007. CORTÉS, A & TORRES, A. Concepciones sobre el perdón y la reconciliación en el contexto colombiano. Pontificia Universidad Javeriana. Bogotá, 2013.

[9] Isaías 43: 19-21

[10]  SCHYLLEEBECKX, Edward. Dios , futuro del hombre. Sígueme. Salamanca, 1971. ROVIRA BELLOSO, Josep María. Dios, plenitud del ser humano. Sígueme. Salamanca, 2013.

[11] BARBAGLIO, Giuseppe. Jesús de Nazaret y Pablo de Tarso. Secretariado Trinitario. Salamanca, 2009. REYNIER, Chantal. Para leer a San Pablo. Verbo Divino. Estella, 2009. CROSSAN, J.D. & BORG, M.J. El primer Pablo la recuperación de un visionario radical. Verbo Divino. Estella, 2009.

[12] Filipenses 3: 13-14

[13] La de castigar a la mujer con la lapidación, porque así lo determinaba la ley de Moisés, como “justicia” por su pecado de adulterio.

[14] Juan 8: 7-9

[15] SEVILLANO CASTILLO, Hernán. ¿Quién te ha condenado? La mujer adúltera, justicia y misericordia. En Revista Alberto Magno, número 8, páginas 305-338. Universidad de Santo Tomás, Facultad de Teología. Bogotá, 2017. SÁNCHEZ CASTELBLANCO, Wilton Gerardo. Jesús y la mujer adúltera: análisis exegético-teológico de Juan 7:53 a 8:11. En Revista Franciscanum volumen LII número 154, páginas 17-51. Universidad de San Buenaventura. Facultades de Filosofía y Teología. Bogotá, 2010.

[16] Juan 8: 4-6

[17] SANDERS, Ed Parish. Jesús y el judaísmo. Trotta. Madrid, 2004.  THEISSEN, Gerd. El movimiento de Jesús: historia social de una revolución de los valores. Sígueme. Salamanca, 2005. AGUIRRE, Rafael. La mirada de Jesús sobre el poder. En https://www.scielo.cl/pdf/tv/v55n1/arto5.pdf FERRANDO, Miguel Angel. El mensaje de Jesús a una sociedad violenta. En https://www.repositorio.uc.cl/xmlui/bitstream/handle/11534/16719/000674483.pdf

[18] CASTILLO, José María. La humanidad de Jesús. Trotta. Madrid, 2017; La humanización de Dios. Trotta. Madrid, 2010.

[19] Juan 8: 10-11.  BECERRA, Susana. El cuerpo de la mujer violada y desplazada: un lugar donde acontece la revelación-salvación de Dios. Pontificia Universidad  Javeriana, Facultad de Teología. Bogotá, 2011. BERNABÉ, Carmen (Editora). Con ellas tras Jesús. Verbo Divino. Estella, 2011. PIÑERO, Antonio. Jesús y las mujeres. Trotta. Madrid, 2014.

[20] NARVÁEZ, Leonel & ARMATO, Alessandro. La revolución del perdón. San Pablo. Bogotá, 2010. PÉREZ ANDREO, Bernardo. La revolución de Jesús: el proyecto del reino de Dios. PPC. Madrid, 2018. SOBRINO, Jon. Recuperar y poner a producir a Jesús en un mundo de pobres y oprimidos. En https://www.uca.edu.sv/maestria-en-teologia-latinoamericana/docs/articulos/JonSobrino_RLT_2011_82.pdf