Julio 3: “Si entran en un pueblo y los acogen, coman lo que les pongan; curen los enfermos que haya en él y díganles: El Reino de Dios está cerca de ustedes”

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Por: Antonio José Sarmiento Nova, SJ

Lecturas:

  1. Isaías 66: 10 – 14
  2. Salmo 65: 1 – 7, 16 y 20
  3. Gálatas 6: 14 – 18
  4. Lucas 10: 1 – 12 y 17 - 20

En medio de la dura situación que vivían en aquella Palestina de los tiempos de Jesús las buenas gentes, sometidas a las arbitrariedades de la dominación romana, al elitismo y desprecio de la clase dirigente, al rigorismo y arrogancia de los sacerdotes y de los maestros de la ley, llega una corriente de esperanza y de nueva visión de Dios y de la vida con el ministerio de Jesús, con su Buena Noticia que incluye, transmite misericordia, reconoce la dignidad de cada persona, reivindica a los humildes. Este modo de proceder es programático, los discípulos –a partir de la experiencia pascua– así lo asumen y con ello confieren a la naciente Iglesia el elemento determinante de su ser y de su misión.[1]

En este contexto, tomamos nota de la mayor preocupación del papa Francisco que se refiere a una “Iglesia en salida”,[2] despojada de privilegios y prevenciones con respecto a la realidad de los seres humanos y del mundo, siempre en plan de anunciar la Buena Noticia de Dios que es padre y madre de todos, que se vuelca amorosamente hacia la humanidad para salvarla, liberarla, sanarla, cuidarla y hacerla siempre más libre y digna. Ese sincero deseo de Francisco coincide –como es obvio– con la intención original de Jesús al enviar a 72 discípulos a comunicar su Buena Noticia: “Después de esto, designó el Señor a otros setenta y dos y los envió por delante, de dos en dos, a todas las poblaciones y sitios adonde él había de ir. Pero antes les dijo: La mies es mucha y los obreros pocos. Rueguen, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies”.[3] En su ministerio público hace explícito en todo su proceder la pasión salvadora de Dios hacia la humanidad; el ser humano y su felicidad definen la opción preferencial de Dios, esta certeza determina la conducta de Jesús.[4]

Nos remitimos a la experiencia original y originante del Señor. Él se implicó con compromiso total en la realidad de su gente, en sus expectativas y sensibilidades, en sus clamores de dignidad, en sus dramas de pobreza y de sufrimiento y se dio sin reservas para anunciarles la cercanía de un Dios amorosamente incondicional, sanándolos, ejerciendo la misericordia y la compasión, portando una contundente señal de esperanza, en profético contraste con la pesadez de la religión judía de su tiempo, responsable de onerosas cargas y mandatos, poco afecta a la compasión y a la reivindicación de los pobres y de los condenados morales. La credibilidad de la Iglesia se hace patente cuando actúa exactamente como su Señor, para que ningún ser humano se sienta rechazado y condenado: “Ante los desafíos que nos plantea esta nueva época en la que estamos inmersos, renovamos nuestra fe, proclamando con alegría a todos los hombres y mujeres de nuestro continente: somos amados y redimidos en Jesús, Hijo de Dios, el Resucitado vivo en medio de nosotros; por él podemos ser libres del pecado, de toda esclavitud y vivir en justicia y fraternidad. Jesús es el camino que nos permite descubrir la verdad y lograr la plena realización de nuestra vida”.[5]

En el tiempo de Jesús[6] se vivían grandes desasosiegos y frustraciones, profundos desencantos: una religión rígida e intransigente que no favorecía la acogida generosa, lejana de los corazones, desconocedora de la misericordia; un imperio romano dominador, autoritario, preocupado por extender sus posesiones, sin compasión por la inmensa mayoría de pobres que poblaban aquel pequeño país de Palestina; una imagen de Dios justiciero y vengativo; multitud de seres humanos abandonados a su suerte y al sentimiento trágico de la vida.

Surge entonces Jesús con un estilo a contracorriente de tan penosas realidades, pobre con los pobres, desposeído de ambiciones de poder y de riqueza, anunciando la cercanía de un Dios misericordioso, reivindicador de los últimos del mundo, solidario con la felicidad de todos, provocador de una corriente de vitalidad y de sentido como nunca se había visto en aquellas tierras, de tal intensidad estas novedades como para apropiarse de las palabras estimulantes y gozosas de Isaías: “Alégrense con Jerusalén, llénense de gozo con ella todos los que la aman; únanse a su alegría todos los que han llorado por ella; y ella, como una madre, los alimentará de sus consuelos hasta que queden satisfechos”.[7]

Estas palabras del tercer Isaías expresan el gozo del pueblo de Israel al regresar del destierro. Dios es para ellos Padre y Madre que devuelve la dignidad y la libertad secuestradas por los opresores. Coincide con imágenes como las del profeta Oseas que se vale de la figura del amor maternal para expresar esta decisión amorosa de regresar su pueblo a la libertad. Israel es el hijo primogénito de Dios, Él lo toma bajo su cuidado. Por eso, el pueblo se sintió verdaderamente amado y protegido, y lo celebró permanentemente.[8] La misión de Jesús llega a todos los abandonados, entristecidos, humillados, ofendidos, condenados morales, desechados por los poderosos del mundo. Lo que él se propone es re-encantar la historia de la humanidad y abrirla de modo definitivo a la perspectiva de su sentido en el amor del Padre Dios. Esto se simboliza en el envío de los setenta y dos discípulos, a quienes señala las siguientes condiciones:

  • Nuestra vida –la de los discípulos– es el fundamento de ese anuncio, si estamos viviendo en el espíritu del Reino de Dios y su justicia,[9] si nuestra conducta lo refleja, si estamos tan persuadidos de la plenitud que Dios nos comunica que nos sentimos movidos a anunciarlo, esa es la misión, la salida apostólica. El relato de Lucas, netamente postpascual, revela que la comunidad primitiva lo había vivido y se sentía comprometida con el envío misionero.[10]
  • No les dice que lleven doctrinas, ni reglamentos litúrgicos o morales, la gran indicación es el anuncio del Dios compasivo y misericordioso, Dios para todos, Dios que acoge, que reivindica, que restaura: “sanen a los enfermos que haya allí, y díganles: el Reino de Dios está cerca de ustedes”.[11]
  • “Vayan, pero sepan que los envío como corderos en medio de lobos”.[12] Anuncien la profecía del reino, denuncien lo que es incompatible con este proyecto, pero no sean incautos, tengan “malicia indígena” para discernir las tendencias del mal espíritu, las seducciones del poder y de la espectacularidad, desenmascaren los ídolos de muerte, no se comprometan con el vano honor del mundo, no se dejen asimilar por el talante de los lobos.
  • “No lleven bolsa, ni alforja, ni sandalias”[13]. Austeridad y pobreza como relato de coherencia y credibilidad. No enaltezcan los recursos apostólicos por sí mismos, válganse de ellos como medios orientados a la finalidad misional, que su tenor de vida sea sencillo y dispuesto a compartir con los humildes, que la comunión y la participación sean estructurantes de su estrategia apostólica.
  • “Si entran a una casa, digan primero: paz a esta casa”.[14] Ser portadores de la paz, en la mentalidad bíblica esta consiste en la abundancia de dones para que hombres y mujeres logremos plenitud, bienaventuranza, realización, humanismo y experiencia del don del Padre.
  • “Permanezcan en la misma casa, coman y beban lo que tengan”.[15] Encárnense, asuman las condiciones reales de las comunidades a donde vayan, amen a la gente, sus valores y sus tradiciones, déjense interpelar por ellas.
  • “Curen a los enfermos que haya y díganles: el Reino de Dios está cerca de ustedes”.[16] Alejen de los seres humanos todo lo que impida su felicidad, su sentido de vida, propicien la autenticidad, los lazos de fraternidad, el servicio, la solidaridad, la mesa compartida, la justicia, la trascendencia hacia el padre y hacia el prójimo. Nada de prohibiciones angustiosas, ni peroratas doctrinales, las verdades de la fe llegarán como felices realidades de salvación y serán asumidas en la medida en que la gente descubra existencialmente su potencial liberador.

Es decir, con sus intenciones y con sus actos indiquen que ha empezado el tiempo nuevo de la bienaventuranza, dando a entender que para Dios lo más entrañable es la felicidad humana, el rescate de la muerte y de las consecuencias del pecado y de la injusticia, el restablecimiento de la dignidad de las personas, el comienzo de una época en la que Él abre sus brazos para acoger misericordiosamente a todos los que habían perdido la ilusión de una existencia feliz.

Cuando muchos en el mundo hacen confrontaciones severas al cristianismo y a la Iglesia están pensando en el mensaje original de Jesús como referente de las mismas, y nos demandan coherencia en el más alto nivel en que algo debe llegar a serlo. Por eso nos interrogan ante el exceso de seguridades materiales que tenemos en la Iglesia, por posturas cerradas que no captan los signos de los tiempos y las grandes cuestiones del ser humano, por desmesura en la autoprotección institucional que se silencia ante escándalos financieros o conductas pecaminosas de algunos de sus ministros.

Para vivir en estado de misión[17] es imperativo reconocer con humildad estas manifestaciones del mal espíritu y asumir una tarea evangélica de purificación y penitencia, de tal manera que logremos el nivel deseado de fuerza testimonial, fundamentando esta en palabras como las que Pablo dice a los Gálatas: “En cuanto a mí, de nada quiero gloriarme sino de la cruz de Nuestro Señor Jesucristo. Pues por medio de la cruz de Cristo, el mundo ha muerto para mí y yo he muerto para el mundo”.[18]

 

[1] CASTILLO, José María. El Reino de Dios: por la vida y la felicidad de los seres humanos. Desclée de Brower. Bilbao, 1999; TRIGO, Pedro. Jesús nuestro hermano: acercamientos orgánicos y situados a Jesús de Nazaret. Sal Terrae. Santander, 2018.. PAGOLA, José Antonio. Jesús: aproximación histórica. PPC. Madrid, 2007. En este conocido libro son muy recomendables los capítulos 5. Poeta de la compasión; 6. Curador de la vida; 7. Defensor de los últimos; 8. Amigo de la mujer; 8. Maestro de vida; 10. Creador de un movimiento renovador.

[2] PAPA FRANCISCO.  Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium: la Alegría del Evangelio. Librería Editrice Vaticana. Roma, 2013.  Es el primer texto magisterial de Francisco, publicado el 24 de noviembre de 2013, 8 meses después de su elección al ministerio de Obispo de Roma y pastor de la iglesia universal. Es su texto programático para una “Iglesia en salida”. IVEREIGH, Austen. El gran reformador: Francisco, retrato de un papa radical. Ediciones B Colombia. Bogotá, 2015. FRANCO, Massimo. El Vaticano según Francisco. Aguilar. Madrid, 2015.

[3] Lucas 10: 1-2

[4] SOBRINO, Jon. El principio misericordia. UCA Editores. San Salvador, 2012; Fuera de los pobres no hay salvación. UCA Editores. San Salvador; 2009. CASTILLO, José María. Víctimas del pecado. Trotta. Madrid, 2004.

[5] V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, Aparecida, Brasil, mayo de 2007. Mensaje Final de los Obispos al Pueblo de Dios en América Latina . En CONSEJO EPISCOPAL LATINOAMERICANO CELAM. Las cinco conferencias generales del episcopado latinoamericano. Paulinas, San Pablo, CELAM. Bogotá, 2014; página 681. CASTILLO, José María. Dios y nuestra felicidad. Desclée de Brower. Bilbao, 2001.

[6] BRAVO GALLARDO, Carlos. El pueblo en tiempos de Jesús: la no-historia del pueblo o el reverso de la historia. En https://www.redicces.org.sv/jspui/bitstream/10972/1099/1/RLT-1985-006-C.pdf  LEIPOLDT, J & GRUNDMANN, W. El mundo del Nuevo Testamento, 3 volúmenes. Cristiandad. Madrid, 1973. LANCASTER JONES, Guillermo. El mundo en que vivió Jesús. En https://www.antoniano.org./public/pua/dispense/GmoEl520mundo.pdf SAULNIER, Christian & ROLLAND, Bernard. Palestina en tiempos de Jesús. Verbo Divino. Estella, 1981.

[7] Isaías 66: 10-11

[8] SANZ GIMENEZ-RICO. Enrique. Los profetas y la justicia. Universidad Pontificia de Comillas. Madrid, 2014. SICRE, José Luis. Profetas: comentario. Tomos I y II. Cristiandad. Madrid,2007. GUERRA SUAREZ, Luis María. Isaías , profeta de la esperanza. En revista Almogaren, número 29, páginas 120-133. Centro Teológico de Las Palmas. Palma de Gran Canaria, 2000. BRUEGEMANN, Walter. La imaginación profética. Sal Terrae. Santander, 1990. PELLETIER, A.M. Isaías. En Comentario Bíblico Internacional. Verbo Divino. Estella, 2000; páginas 872-910.

[9] PABLO VI. Exhortación  Apostólica Evangelii Nuntiandi: El anuncio del Evangelio hoy. Librería Editrice Vaticana. Roma, 1975. En este texto   el Papa Montini destaca que el testimonio de los cristianos es el recurso más potente que tiene la evangelización, el estilo de vida inspirado en Jesús. Es admirable la plena vigencia de este texto fundamental del magisterio de San Pablo VI. CONGREGACION PARA LA EVANGELIZACION DE LOS PUEBLOS & OBRAS MISIONALES PONTIFICIAS. La Iglesia de Cristo en misión en el mundo. San Paolo. Milán 2019.

[10] RICHARD, Pablo. El movimiento de Jesús antes de la Iglesia: una interpretación liberadora de los Hechos de los Apóstoles. Sal Terrae. Santander, 1998. GARCÍA-VIANA, Luis Fernando. Introducción a los Hechos de los Apóstoles. Aula de Teología de la Universidad de Cantabria, XXX curso de teología. Santander, 22 de octubre de 2013. LECTIO DIVINA PARA LA VIDA DIARIA. El libro de los Hechos de los Apóstoles. Verbo Divino. Estella, 2015.  RAMIS, Francesc. Hechos de los Apóstoles. Verbo Divino. Estella, 2008. WIKENHAUSER, Alfred. Hechos de los Apóstoles. Herder. Barcelona, 1975.

[11] Lucas 10: 9

[12] Lucas 10: 3

[13] Lucas 10: 4

[14] Lucas 10: 5

[15] Lucas 10: 7

[16] Lucas 10: 9

[17] COMISIÓN TEOLÓGICA INTERNACIONAL. La sinodalidad en la vida y en la misión de la Iglesia. Librería Editrice Vaticana. Roma, 2018. JUAN PABLO II. Exhortación Apostólica Tertio Millenio Ineunte sobre la evangelización en el nuevo milenio. Librería Editrice Vaticana. Roma, 2000. ESTRADA DÍAZ, Juan Antonio. Retos actuales de la Iglesia. En Revista Iberoamericana de Teología número 1 julio-diciembre 2005, páginas 87-102. Universidad Iberoamericana. México, D.F. MONTERO, Feliciano. La Iglesia Católica ante la modernidad: del jubileo del fin del siglo XIX al fin del milenio. En https://www.ebuah.uah.es/dspace/bitstream/handle/10017/8862/Iglesia%20Catolica%20Modernidad.pdf?sequence=1&isAllowed=y SALCEDO MARTÍNEZ, Jorge Enrique & CORTËS GUERRERO, José David. Historias del hecho religioso en Colombia. Pontificia Universidad Javeriana. Bogotá, 2021.

[18] Gálatas 6: 14