Julio 10: “¿Cuál de esos tres te parece que se hizo prójimo del hombre asaltado por los bandidos? El maestro de la ley contestó: el que tuvo compasión de él. Jesús le dijo: pues ve y haz tú lo mismo”

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Por: Antonio José Sarmiento Nova, SJ

Lecturas:

  1. Deuteronomio 30: 10 – 14
  2. Salmo 18: 8 – 11
  3. Colosenses 1: 15-20
  4. Lucas 10: 25 – 37

Un serio problema que tienen las cosas buenas de la vida y es que, si no hay alertas constantes de renovación y actualización, tienden a anquilosarse y a volverse parte del “paisaje”, sin mayores influjos en la transformación de las personas individuales y de las comunidades. Así sucede con las tradiciones religiosas. Cuando estas se hacen mayoritarias en una determinada sociedad, se “normalizan” y su encanto original empieza a no ser percibido en su fuerza profética renovadora. En nuestro ámbito latinoamericano y colombiano, ser católico es parte de esa “normalidad social”, pero eso no equivale a una profunda calidad en el comportamiento de muchos de los que profesan esas creencias.[1] Bastantes bautizados son responsables de actos violentos, de crímenes de lesa humanidad, de graves violaciones a la dignidad humana, de corrupciones sin fin, también abundan los del “ateísmo práctico”, bautizados sin evangelización y sin conversión a Dios y al prójimo. ¿Dónde está el punto de quiebre? Las lecturas de este domingo nos invitan a una densa reflexión sobre el particular.

Lo que aquí describimos someramente es un interrogante serio para la Iglesia y para cada cristiano en particular. Un desafío para las estrategias y contenidos de la evangelización, para la capacidad que estos tengan de dialogar con las sensibilidades del mundo moderno, con las expectativas de sentido de los diversos colectivos de la sociedad, con los vacíos y fracasos de la humanidad, también con lo que la llena de plenitud y felicidad. El ser y el quehacer de la Iglesia es comunicar la Buena Noticia de Jesús; el Concilio Vaticano II y el magisterio de los papas más recientes tienen en este punto un asunto nodal de su misión.[2] Y para cada cristiano en particular es un reto en términos de la autenticidad de la fe, si somos creyentes por inercia sociocultural o por libre y gozosa opción existencial que acoge el don de Dios.

Este fenómeno podemos verificarlo en ciertos momentos de la historia bíblica, tanto en el Antiguo Testamento como en el judaísmo de los tiempos de Jesús, también en las diversas formas del cristianismo contemporáneo. Asunto crucial en la humanidad, particularmente en el ámbito de las prácticas religiosas, es la relación entre las leyes que proceden de las mismas y la libertad para vivir en el amor de Dios y en el de los prójimos. Con frecuencia se ha asociado este vínculo con normativas onerosas, en contravía de legítimas aspiraciones de libertad,[3] propias del sentido común humano. A propósito de esto es bien conocida la postura de Jesús ante la legislación religiosa: “El sábado ha sido instituído para el hombre y no el hombre para el sábado. De suerte que el Hijo del hombre es también señor del sábado”. [4]

Este tema es el núcleo del libro bíblico del Deuteronomio, primera lectura de este domingo, integrante del conjunto llamado Pentateuco (Génesis, Éxodo, Levítico, Números, Deuteronomio), que articula los relatos originales de la fe de Israel con el corpus legislativo de la misma, conocido como la Torah.

La palabra Deuteronomio significa segunda ley, es un texto que se produce dentro de un gran esfuerzo de los profetas por renovar la vida espiritual de los israelitas, anquilosada por la cantidad de preceptos y observancias rituales vividas de modo exterior sin comprometer ni la conversión del corazón ni la apertura solidaria a los requerimientos del prójimo necesitado e injustamente tratado por los mismos practicantes de esa normativa. Es central en el mensaje de este quinto libro del Pentateuco la ley inscrita por Dios en nuestro interior, fuente de la autenticidad en la opción creyente con su correspondiente traducción existencial.[5]Superar el divorcio entre la fe y la vida, proceder como seres humanos integrados en Jesucristo, es la apuesta de la apropiación interior de la ley.

Esta sucinta contextualización nos ayuda a entender mejor el espíritu de la primera lectura: “Este mandamiento que hoy les doy no es demasiado difícil para ustedes, ni está fuera de su alcance…”[6] y “Al contrario, el mandamiento está muy cerca de ustedes; está en sus labios y en su pensamiento, para que puedan cumplirlo”.[7]

Quiere decir el texto que la voluntad de Dios no es un reglamento propuesto desde fuera, extraño al ser humano, determinado por una autoridad distante y –si se quiere– antipática y onerosa. Está grabada por el Espíritu en el corazón de las personas, y cuando estas se hacen conscientes de ella y la asumen con plena responsabilidad deviene en un despliegue del auténtico ser humano.

Si vamos a los profetas de aquel tiempo, encontraremos plasmada esta mentalidad cuando confrontan las prácticas religiosas de sus contemporáneos como vacías de contenido existencial, de sentido de justicia y de referencia al prójimo: “Cuando ustedes levantan las manos para orar, yo aparto mis ojos de ustedes; y aunque hacen muchas oraciones, yo no las escucho. Tienen las manos manchadas de sangre. ¡Lávense, límpiense! ¡Aparten de mi vista sus maldades! ¡Dejen de hacer el mal! Aprendan a hacer el bien, esfuércense en hacer lo que es justo, ayuden al oprimido, hagan justicia al huérfano, defiendan los derechos de la viuda”. [8]

Una consideración así nos vincula con la pregunta capciosa que plantea un maestro de la ley a Jesús, inicio del texto de Lucas, propuesto por la Iglesia para este domingo: “Un maestro de la ley fue a hablar con Jesús, y para ponerlo a prueba le preguntó: Maestro, ¿qué debo hacer para alcanzar la vida eterna? Jesús le contestó: ¿Qué esté escrito en la ley? ¿Qué es lo que lees? El maestro de la ley contestó: Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente; y ama a tu prójimo como a ti mismo. Jesús le dijo: has contestado bien. Si haces eso, tendrás la vida. Pero el maestro de la ley, queriendo justificar su pregunta, dijo a Jesús: ¿Y quién es mi prójimo?”.[9] La respuesta certera de Jesús es la parábola del Buen Samaritano, núcleo de nuestra reflexión de hoy.

La projimidad incondicional es el criterio de religiosidad que Jesús plantea en esta parábola,[10] poniendo en tela de juicio el judaísmo milimétrico de aquellos tiempos, que disponía de 613 mandamientos, de los que 365 eran prohibiciones y 248 preceptos, abrumadora normatividad que sofocaba la libertad de los creyentes.

No basta con ser religioso, el auténtico contenido de la parábola es practicar el amor al prójimo hasta los extremos,[11]incluyendo el de dar la vida cruentamente, como en el caso de muchos cristianos admirables. Cabe recordar que en el Antiguo Testamento sólo se tenían como prójimos a los del propio pueblo, los demás eran o enemigos o simplemente extraños, y no merecían el beneficio de la solidaridad. ¡La pregunta maliciosa del maestro de la ley está impregnada de esta pobre mentalidad!

Jesús rompe con tal esquema en su parábola del Buen Samaritano. Para el sacerdote y el levita que pasaron de largo, la primacía de su vida está en el riguroso cumplimiento de sus leyes y de su culto, por eso dieron un rodeo y siguieron adelante, evadiendo el ejercicio de la misericordia. En feliz y comprometida oposición, el samaritano revela que su prioridad es el servicio al prójimo caído, sin reservas ni medidas, es el amor hasta el extremo: Pero un hombre de Samaria, que viajaba por el mismo camino, al verlo, sintió compasión. Se acercó a él, le curó las heridas con aceite y vino, y le puso vendas. Luego lo subió en su propia cabalgadura, lo llevó a un alojamiento y lo cuidó.[12]

Este samaritano lleva la ley escrita en su corazón, y la vive al máximo, pero sus contemporáneos judíos lo tienen excomulgado del culto oficial de Israel, porque no cumple con las formalidades emanadas del templo de Jerusalén. Escandaloso contraste: los religiosos “oficiales”, que están en regla con la ley y con el culto, evaden al prójimo malherido, pero este hombre, que no es formalmente religioso según ellos, actuó como Dios: ¡con compasión y con misericordia![13]

Es el samaritano excluído y condenado el que se dedica con fuerza solidaria y compasión a atender a esta persona. El énfasis de Jesús con esta parábola es censurar el comportamiento de los representantes oficiales de la religión, de quienes idealmente se espera una conducta de solidaridad: “Casualmente, bajaba por aquel camino un sacerdote que, al verlo, dio un rodeo. De igual modo, un levita que pasaba por aquel sitio lo vió y dio un rodeo. Pero un samaritano, que iba de camino, llegó y, al verlo, tuvo compasión”.[14]

El prójimo se nos impone dramáticamente, es el que nos necesita, tiene rostros y demandas muy concretos. Con él se rompen los mandamientos legales y se abre el camino del servicio y de la compasión. Como Jesús, amamos al Padre en la medida en que amamos a sus creaturas. La ética de la projimidad[15] define el comportamiento de Jesús y es imperativa para quien tome en serio su seguimiento. Es el hermano doliente, en quien Dios nos reclama el culto y la ley verdaderos, y los inscribe en nuestro corazón. El impactante informe de la Comisión de la Verdad[16] presentado el pasado martes 28 de junio, en boca de su presidente, el jesuita Francisco de Roux, es un desafío a esta Colombia mayoritariamente cristiana. Las aterradoras cifras de asesinatos, secuestros, desapariciones forzadas, desplazamiento forzado, mayor empobrecimiento de las comunidades son potente reto para la sensibilidad de este país que se dice mayoritariamente cristiano y para hacer vida la fuerza reconciliadora del Señor: “En él decidió Dios que residiera la plenitud, por medio de él quiso reconciliar consigo todo lo que existe, restableciendo la paz por la sangre de la cruz…”.[17]

 

[1] MARTÍN VELASCO, Juan de Dios. El malestar religioso de nuestra cultura. Paulinas. Madrid, 1993. GONZALEZ-BLASCO p. &  GONZALEZ-ANLEO, J. Religión y sociedad en la España de los 90. SM. Madrid, 1992. IMHOF, P. & BALLOWONS, H. La fe en tiempo de invierno: diálogos con Karl Rahner en los últimos años de su vida. Desclée de Brower. Bilbao,1989. LUCKMANN, Th. La religión invisible. Sígueme. Salamanca, 1978. TAMAYO-ACOSTA, Juan José. Para comprender la crisis de Dios hoy. Verbo Divino. Estella, 2000. BAUMAN, Zygmunt. La modernidad líquida. Fondo de Cultura Económica. México D.F., 2003. BASTIAN, Jean Pierre. La modernidad religiosa: Europa Latina y América Latina en perspectiva comparada. Fondo de Cultura Económica. México D.F., 2004. BRIGENTHI, Agenor. Nueva evangelización y conversión pastoral: un abordaje desde la Iglesia en América Latina y el Caribe. En Revista Theologica Xaveriana volumen 63, número 176; páginas 331-366. Pontificia Universidad Javeriana-Facultad de Teología; Bogotá, julio-diciembre 2013. GONZÁLEZ-CARVAJAL, Luis. Evangelizar en un mundo postcristiano. Sal Terrae. Santander, 1998. TORRES QUEIRUGA, Andrés. Fin del cristianismo premoderno. Sal Terrae. Santander, 2000.

[2] ANDRÉS VELA, Jesús. Reevangelización: el primer anuncio del Evangelio a bautizados no cristianos. Pontificia Universidad Javeriana. Bogotá, 2014; Evangelizar de nuevo: el kerygma cristiano en un mundo roto. Pontificia Universidad Javeriana. Bogotá, 2010; Reiniciación cristiana: respuesta a un bautismo sociológico. Verbo Divino. Estella, 1986. ARQUIDIOCESIS DE BOGOTÁ. Orientaciones y criterios para la iniciación cristiana. Bogotá, 2017.  En este esfuerzo eclesial de renovar su dinámica evangelizadora es fundamental tener en cuenta el magisterio del Concilio Vaticano II, especialmente Constitución Pastoral sobre la Iglesia en el Mundo Moderno; del Papa Pablo VI, Exhortación Apostólica Evangelli Nuntiandi El Anuncio del Evangelio Hoy; de Juan Pablo II la Carta Apostólica Tertio Millennio Adveniente, de Benedicto XVI sus tres encíclicas Deus caritas est, Spe Salvi y Caritas in Veritate, de Francisco la muy conocida y programática La Alegría del Evangelio Evangelii Gaudium.

[3] BERLIN, Isaiah. Cuatro ensayos sobre la libertad. Alianza Universidad. Madrid, 1993. GONZÁLEZ MERLANO, Gabriel. La libertad religiosa y la libertad de conciencia. En https://www.ucu.edu.uy/sites/default/files/pdf/2014/ponencia_gonzalez.pdf

[4] Marcos 2: 27-28. En el pasaje completo (Marcos 2: 23-28) Jesús confronta a unos fariseos escandalizados porque los discípulos cogían espigas y las separaban del camino para poder transitar con comodidad, en día sábado, el día sagrado de los judíos. El extremo de observancia legalista prohibía tajantemente cualquier actividad en esta jornada, no se permitía ni siquiera alguna práctica que tuviera que ver con la ayuda al prójimo. JUSTO, Emilio. La libertad de Jesús. Sígueme. Salamanca, 2014. DUQUOC, Christian. Jesús, hombre libre. Sígueme. Salamanca, 1978. MARTÍNEZ, Julio Luis. Teología de la libertad. En revista Estudios Eclesiásticos volumen 81 número 317, páginas 383-419. Universidad Pontificia de Comillas. Madrid, octubre 2018.

[5] GARCÍA LÓPEZ, Félix. El Deuteronomio: una ley predicada. Verbo Divino. Estella, 1982. OSUMI, Yuichi. Deuteronomio. En Comentario Bíblico Internacional, páginas 449-475. Verbo Divino. Estella, 2000. LOHFINK, Norbert. Escucha Israel: comentarios al Deuteronomio. Verbo Divino. Estella, 2008. SOLTERO, Carlos. Deuteronomio. En Comentario Bíblico Latinoamericano, páginas 559-597. Verbo Divino. Estella, 2005.

[6] Deuteronomio 30: 11

[7] Deuteronomio 30: 14

[8] Isaías 1: 15 -17

[9] Lucas 10: 25-29

[10] PONTIFICIO CONSEJO PARA LA PASTORAL DE LOS EMIGRANTES E ITINERANTES/PONTIFICIO CONSEJO COR UNUM. Acoger a Cristo en los refugiados y en los desplazados forzosos. Ciudad del Vaticano, 2013. ANTOLIN SANCHEZ, Javier. La compasión en las parábolas más emblemáticas de Lucas. Revista Estudios Agustinianos # 47. Valladolid, 2012. CALDUCH-BENAGES, Nuria. El prójimo eres tú: lectura del Buen Samaritano desde la vida consagrada. Conferencia de Religiosos de España, 15 de noviembre 2016. Ponencia presentada en la XXIII asamblea de la CONFER.

[11] ALVAREZ QUINTERO, Felipe. La parábola del buen samaritano. Tesis para optar al título de doctor en teología. Universidad de Navarra. Pamplona, 2000. BEDOYA BONILLA, Diego. Un acercamiento exegético a la parábola del samaritano misericordioso. En revista Cuestiones Teológicas volumen 34 número 82, páginas 401-421. Universidad Pontificia Bolivariana. Medellín, junio-diciembre 2007. JEWISH-CHRISTIAN RELATIONS. Una relectura de la parábola del buen samaritano. En https://www.jcrelations.net/es/article/una-relectura-de-la-parabola-del-buen-samaritano.pdf

[12] Lucas 10: 33-34

[13] El odio entre judíos (habitantes de la región central del país, Jerusalén, netamente etnocéntricos) y samaritanos,   es ancestral. Los samaritanos son los habitantes de la parte norte del pequeño país palestino. En tiempos muy antiguos se separaron del culto central de Jerusalén y afirmaron esta autonomía erigiendo su santuario en el monte Garizim. Por esta razón fueron excomulgados del judaísmo central y se les consideró siempre una raza maldita. Para el mundo judío la condición de samaritano era una total perversión.

[14] Lucas 10: 31-33

[15] LAIN ENTRALGO, Pedro . Teoria y realidad del otro. Volúmenes I y II. Ediciones Revista de Occidente. Madrid, 1968.

[16] www.comisiondelaverdad.co

[17] Colosenses 1: 19