Julio 24: “Yo les digo: pidan y se les dará; busquen y hallarán; llamen y se les abrirá”

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Por: Antonio José Sarmiento Nova, SJ

Lecturas:

  1. Génesis 18: 20 – 32
  2. Salmo 137: 1 – 8
  3. Colosenses 2: 12 – 14
  4. Lucas 11: 1 – 13

El Padrenuestro –oración tradicional que identifica al cristianismo, ofrecida por el Evangelio de este domingo– expresa el nuevo modo de relación con Dios que nos trae Jesús, no lo podemos reducir a una simple oración de petición como es la visión habitual que se tiene de ella porque es la puerta de entrada en un novedoso vínculo con Dios, síntesis de los lazos que el ser humano establece con el absoluto, con los demás, consigo mismo. En esta plegaria, Jesús nos participa de su experiencia del Padre y la constituye en el paradigma de nuestro encuentro con esa realidad que, en el decir de san Ignacio de Loyola en su texto de los Ejercicios Espirituales, es el principio y fundamento del ser humano.[1]

Jesús plasma su vivencia a través de los cauces de la cultura judía de aquellos tiempos, era la suya, en ella se formó y creció, era el modo religioso de sus contemporáneos. Pero más allá del formato externo de tradición judía, la propuesta es totalmente revolucionaria porque empieza a llamar a Dios Padre, con la conocida palabra ABBA,[2] el tratamiento de mayor intimidad y cariño con el que los hijos aluden a su padre, dejando entrever una confianza plena. Marca un punto de quiebre con respecto a las habituales demandas que hacemos a Dios, con tantas peticiones y solicitudes, en la práctica le estamos diciendo lo que tiene que hacer, claramente la vivimos como una relación imperativa, es Dios el que se tiene que plegar a nuestros intereses, porque a menudo también lo utilizamos para legitimar desafueros contra la humanidad: tendencias políticas, violencias, clasismos, fundamentalismos moralistas, exclusiones, infiernos, culpabilidades, angustias sin término. Nos pasamos la vida achacando al buen Dios tantas cosas que no tienen nada que ver con su amor hacia nosotros.

¡Por contraste, la experiencia que surge en el Padre Nuestro es de apasionante gratuidad y libertad![3]: “También les aseguro: pidan y se les dará, busquen y encontrarán, llamen y se les abrirá. Porque el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abrirá”.[4] La voluntad de Dios no es cualquier invención humana, es el querer del Padre que desea siempre nuestra bienaventuranza y cabal realización de nuestras aspiraciones de felicidad. Dios se revela en la plena humanización y dignificación de sus creaturas.[5]

Jesús pone en juego una disposición de confianza absoluta en Aquel que es todo para la humanidad: “Y yo rogaré al Padre, y Él les dará otro Paráclito[6] para que esté siempre con ustedes: el Espíritu de la Verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque no lo ve ni lo conoce. Ustedes, en cambio, lo conocen, porque Él permanece con ustedes y está en ustedes. No los dejaré huérfanos, volveré a ustedes”.[7]

¿Cómo es eso de creer en Dios en este mundo en el que coexisten los más avanzados niveles de secularización/escepticismo religioso con fundamentalismos y graves retrocesos de muchas creencias con respecto a la cultura moderna, a la sensibilidad emancipatoria que promueven las ciencias humanas y sociales, al agnosticismo dominante en los sectores que se sienten más cultos e ilustrados que el común de la humanidad?[8] ¿Cómo hablar de Dios en sociedades y mundos huérfanos, dominados por el poder y el capital, con grupos de humanos que sustraen a las mayorías su capacidad de decisión y el libre ejercicio de su dignidad? ¿Cómo convertirnos en relatos de un Dios liberador, ciento por ciento comprometido con la causa de la plenitud de la humanidad, enamorado a más no poder de esta condición nuestra, exigente sí –y en la más alta medida– pero también Padre-Madre que da todo de sí para que nuestra existencia se llene de sentido?[9]

Las lecturas que se nos proponen este domingo hacen una invitación a mirar la propia vida, individual y comunitaria, como un proceso constante y creciente de confianza en Dios a partir de la experiencia de la oración, de la disposición para escucharlo desde nuestra realidad, como se nos planteaba el domingo anterior. ¡Y con la cierta expectativa de una fe saludable y liberadora!

Los seres humanos tenemos la tentación de confiar excesivamente en nosotros mismos, cada época de la historia va superando a la anterior en este modo que con frecuencia se reviste de vanidad y arrogancia; constatación que debe llevarnos a pensar que es bueno y saludable el esfuerzo humano para hacer del mundo un ambiente más habitable y equitativo, pero también nos hace una señal de alerta para mirar con exigente rigor estas posibilidades cuando pierden su referencia humanizante, para no derivar en unos estilos engreídos y desconocedores de nuestra inevitable contingencia: “Vanidad, pura vanidad, dice Cohelet. ¡Vanidad, pura vanidad! ¡Nada más que vanidad! ¿Qué provecho saca el hombre de todo el esfuerzo que realiza bajo el sol?”.[10]

El siglo XX y lo que va corrido del XXI son escenario privilegiado para verificar estas realidades. Los mayores desarrollos científicos, los avances de la medicina para controlar y erradicar enfermedades, aumentando el promedio de vida, el prodigio de la tecnología informática y digital que hacen del mundo una aldea global, el cultivo de las ciencias humanas para favorecer la emancipación de hombres y mujeres de toda tutela esclavizante, son, entre muchos ejemplos, indicadores de los logros del ser humano para comprenderse a sí mismo en clave de autonomía.

Pero también este mismo escenario de la historia ha sido el ámbito de los mayores crímenes e ignominias en contra de la humanidad. Como resultado tenemos las dictaduras del nazismo y del comunismo, las guerras mundiales y los reiterados conflictos en uno y otro lugar del planeta con su dolorosa carga de víctimas que se pueden contar por millones, los modelos económicos y políticos que no se fundamentan en la dignidad humana, y las interminables alienaciones que hipotecan la libertad y la felicidad de los humanos.[11]

Ante esto, ¿qué decir desde la fe en Dios, asumida y vivida como confianza radical en esa realidad que da sentido a nuestra existencia, habilitándonos para emprender la vida como proyecto de plenitud, aquí en esta historia y en este diario acontecer, proyectándonos hacia el futuro definitivo de la trascendencia en la que vivir será bienaventuranza inagotable en el amor de ese Dios? El evangelio de Lucas invita a que nos hagamos conscientes de la eficacia de la experiencia de oración, viviéndola en la misma perspectiva de Jesús. Dios nos da resultados porque hace de nosotros estupendos seres humanos, en clave de gratuidad, de vida recta, como bien lo sabemos por ese diseño que se nos comunica en las Bienaventuranzas.[12]

La primera lectura, mediante el regateo entre Abrahán y Yahvé a propósito de los escándalos de dos ciudades –Sodoma y Gomorra, símbolos de decadencia moral y espiritual–, presenta el contraste entre las fuerzas del mal, favorecidas por el mismo ser humano que no logra presentar el resultado de hombres justos, y la bondad y misericordia de Dios, dispuesto siempre a crear posibilidades de esperanza.

Abrahán caracteriza al creyente sincero, que confía sin reservas en su Dios, sabedor de que este es justo y misericordioso: “Abrahán lo abordó y le dijo: ¿Así que vas a borrar al justo con el malvado? Tal vez haya cincuenta justos en la ciudad. ¿Vas a borrarlos sin perdonar a aquel lugar por los cincuenta justos que hubiere dentro? Tú no puedes hacer tal cosa: dejar morir al justo con el malvado, y que corran parejas el uno con el otro. Tú no puedes. ¿Va a fallar una injusticia el juez de toda la tierra?”.[13]

El mal y las desgracias proceden del ser humano que se vuelve sobre sí mismo de modo arrogante y emprende la destrucción en contra de sus semejantes y del mundo creado originalmente en armonía. Filósofos y pensadores han dedicado notables esfuerzos al planteamiento de la pregunta por el sentido de la vida ante la realidad del mal, muchos de ellos concluyendo en un sentimiento de absurdo y de tragedia, con marcada desconfianza hacia el mismo ser humano.[14]

Nuestra postura es la de entregarnos confiadamente en las manos del Dios que está de nuestra parte, a quien sólo interesa nuestra felicidad. Tal es el Dios confiable que se nos revela en Jesús, y a quien nos dirigimos en el diálogo orante para encontrar siempre los mejores caminos para el buen vivir. Una experiencia de oración como esta es uno de los modos contundentes que tiene nuestra fe cristiana para ir en contravía profética de ese mundo vanidoso, brindándonos también los elementos para hacer una crítica a las falsas imágenes de Dios, imaginarios que son incompatibles con la originalidad liberadora de la experiencia de Jesús y del modo como él nos lleva al Padre y al hermano.

Pedir es experimentarnos contingentes y necesitados, genuino ejercicio creatural; buscar es movilizarnos para buscar el Reino y su justicia, haciéndolo efectivo en nosotros; llamar es clamar denunciando la injusticia y demandando el acontecer de Dios para que esta se trueque en el mundo de prójimos querido por Él.[15]

El llamamiento que se nos hace es a ser testigos de esta vitalidad desbordante que vivimos en una intimidad como la que Jesús vivía con el Padre, contemplando el gozoso misterio que es sustancia de nuestro ser y sintiéndonos enviados a configurar un tejido de buenas noticias y realizaciones, de mesas servidas para todos, de dignidades siempre reconocidas, de reivindicaciones atendidas, de comuniones interminables.

 

[1] SAN IGNACIO DE LOYOLA. Ejercicios Espirituales . San Pablo. Madrid, 1996. En el numeral 23 del texto,  San Ignacio propone al ejercitante la perspectiva fundante del sentido de la vida, netamente teologal, netamente perspectiva de libertad y de plena realización de su humanidad.  MUÑOZ MUÑOZ, Florentino. La oración del Padre Nuestro. En https://www.core.ac.uk/download/pdf/72044998.pdf PAPA FRANCISCO. Catequesis sobre el Padre Nuestro. Librería Editrice Vaticana. Roma, 2020. PAGOLA, José Antonio. Padre Nuestro: orar con el espíritu de Jesús. PPC. Madrid, 2018. MONTES PERAL, Luis Angel. El Padre Nuestro: la oración trinitaria de Jesús y los cristianos. Verbo Divino. Estella, 2001.

[2] JEREMIAS, Joachim. Abba: el mensaje central del Nuevo Testamento. Sígueme. Salamanca, 1993. TABET, Miguel Angel. La oración de Jesús, “Abbá, Padre” (Marcos 14: 36). En https://www.dadun.unav.edu/bitstream/10171/3817/1/simposioteologia20tabet.pdf ORTEGA, Gastón. Abba: la espiritualidad de Jesús. En https://www.repositorio.uca.edu.ni/4211/1/Abba%20La%20espiritualidad%20de%20Jesús.pdf  TORRES QUEIRUGA, Andrés. Creo en Dios Padre. Sal Terrae. Santander, 1997. KASPER, Walter. El Dios de Jesucristo. Sígueme. Salamanca, 1985.

[3] VALLES, Carlos. Dejar a Dios ser Dios. Sal Terrae. Santander (España), 1987.

[4] Lucas 11: 9-10

[5] GELABERT BALLESTER, Martín. La revelación: acontecimiento fundamental, contextual y creíble. San Esteban. Salamanca, 2009. TORRES QUEIRUGA, Andrés. Alguien así es el Dios en quien yo creo. Trotta. Madrid, 201; Un Dios para hoy. Sal Terrae. Santander, 1999; Repensar la revelación. Trotta. Madrid, 2008.  Creo en Dios Padre: el Dios de Jesús como afirmación plena del hombre. Sal Terrae. Santander, 2001.

[6] Paráclito: el defensor, el que intercede para ayudar, para consolar, para comunicar ánimo y vitalidad.

[7] Juan 14: 16-18

[8] GONZÁLEZ-CARVAJAL, Luis. Ideas y creencias del hombre actual. Sal Terrae. Santander, 1993. COX, Harvey. La ciudad secular: secularización y urbanización en una perspectiva teológica. Península. Barcelona, 1977. AYLLON, J.R. & CONESA, F. El eclipse de Dios. Palabra. Madrid, 2012. BAUMAN, Zygmunt. Modernidad líquida. Fondo de Cultura Económica FCE. Buenos Aires, 2005. CASANOVA, J. Genealogías de la secularización. Anthropos. Barcelona, 2012. GALINDO, Florencio. El fenómeno de las sectas fundamentalistas: la conquista evangélica de América Latina. Verbo Divino. Estella, 1994. BASTIAN, Jean Pierre. Protestantismos y modernidad latinoamericana. Fondo de Cultura Económica FCE. México D.F., 1994. ALONSO TEJEDA, Aurelio. Hegemonías y religión: el tiempo del fundamentalismo. En https://www.biblioteca.clacso.edu.ar/gsdl/collect/clacso/index/assoc/D11351.dir/05hege.pdf FRANCO, Ricardo. Aproximaciones al fundamentalismo católico. En https://www.revista.comillas.edu/index.php/estudioseclesiasticos/atricle/view/15345/13704 FLAQUER, Jaume. Fundamentalismo, entre la perplejidad, la condena y el intento de comprender. Cristianismo y Justicia. Barcelona, 2016. FERRY, Luc. El hombre Dios o el sentido de la vida. Tusquets. Barcelona, 1997.

[9] MARTIN VELASCO, Juan. El encuentro con Dios. Caparrós Editores. Madrid, 1995. ESPINOSA ARCE, Juan Pablo. Algunas imágenes de Dios y teologías liberadoras dentro de la religiosidad popular latinoamericana. En Revista Alberto Magno  volumen 8 número 2, páginas 265-284. Universidad  de Santo Tomás-Facultad de Teología. Bogotá, 2017. AGUIRRE MONASTERIO, Rafael. Dios liberó a Israel de la esclavitud de Egipto. Aula de Teología de la Universidad de Cantabria. Santander, 2 de noviembre de 2010. ZUBIRI, Xavier. El hombre y Dios. Alianza Editorial. Madrid, 1984. RAHNER, Karl. Curso fundamental sobre la fe. Herder. Barcelona, 1983. BOFF, Leonardo. El rostro materno de Dios: ensayo interdisciplinar sobre lo femenino y sus formas religiosas. Paulina. Madrid, 1981. GUTIÉRREZ, Gustavo. Hablar de Dios desde el sufrimiento del inocente: Una reflexión sobre el libro de Job. Sígueme. Salamanca, 1986. LUCAS, Juan de Sahagún. Dios, horizonte del hombre. Biblioteca de Autores Cristianos BAC. Madrid, 1994.

[10] Eclesiastés 1: 2-3 Todo el libro del Eclesiastés es una sabia y escéptica reflexión sobre los esfuerzos humanos para erigirse como la medida de la vida, de todo lo real, para imponerse autoritariamente a sus semejantes, para buscar afanosamente el éxito con el aplauso de los demás. El texto pone un “polo a tierra”, criterio sólido de discernimiento para relativizar felizmente la faena humana del brillo y del  prestigio.

[11] VALVERDE, Carlos. Génesis, estructura y crisis de la modernidad. BAC. Madrid, 1997. LIPOVETSKY, Gilles. La era del vacío: ensayos sobre el individualismo contemporáneo. Anagrama. Barcelona, 1983. GIRALDO PATIÑO, Paula Andrea. El vacío existencial y la pérdida del sentido de vida en el sujeto postmoderno: retos para el cristianismo del siglo XXI. En Revista Cuestiones Teológicas volumen 41 número 96, páginas 425-444. Universidad Pontificia Bolivariana-Facultad de Teología. Medellín, julio-diciembre 2014. ALEMÁN, Jorge. Capitalismo: crimen perfecto o emancipación. NED. Madrid, 2019. DOMENECH, Antoni. El eclipse de la fraternidad. Akal. Madrid, 2019. CONSTANTE, Alberto. La memoria perdida de las cosas (crítica a la modernidad). En https://www.scielo.org.mx/pdf/enclav/v1n1/v1n1a5.pdf

[12] Mateo 5: 1-11; Lucas 6: 20-23

[13] Génesis 18: 23-25

[14] BRAVO LAZCANO, Carlos. El problema del mal. Ediciones Facultad de Teología Universidad Javeriana. Bogotá, 2003. GESCHÉ, Adolphe. El mal. Sígueme. Salamanca, 2010. ORTIZ ACOSTA, Juan Diego, Autores Varios. Reflexiones sobre el problema del mal: un acercamiento a la condición humana. Universidad de Guadalajara-Iteso. Guadalajara, 2017.

[15] WEIL, Simone. A la espera de Dios. Trotta. Madrid, 1998; La gravedad y la gracia. Trotta. Madrid, 2007.